Europa

La gran encrucijada de los ‘chalecos amarillos’ de Francia

Si voluntad de reparar prima sobre la de destruir, pueden aportar mucho, opina Bernard-Henri Lévy. 

Disturbios en Paris

Grupo de los denominados Chalecos amarillos se enfrenta a la Policía en el centro de París.

Foto:

Eric Feferberg / AFP

Por: Bernard-Henri Lévy - Project Syndicate
15 de diciembre 2018 , 09:16 p.m.

Desde el momento en que el Gobierno francés canceló su planeado aumento del impuesto a los combustibles en respuesta a las protestas masivas de los llamados ‘chalecos amarillos’ por todo el país, resultó evidente que la medida sería percibida como inadecuada, insignificante y, por sobre todas las cosas, incapaz de tener algún efecto tranquilizador. Honor a quien honor merece: los ‘chalecos amarillos’ dicen ser una expresión del pueblo soberano. Pero ahora tienen una gran responsabilidad.

Para empezar, deben anunciar una suspensión de las manifestaciones y bloqueos durante un período lo suficientemente largo como para aceptar el diálogo propuesto por el primer ministro Édouard Philippe, si no más. En particular, deberían renunciar a los actos violentos (como los que volvieron a presentarse el sábado 8 de diciembre con quema de carros y saqueos en varios puntos de París). Ya ha habido suficientes muertes, heridos y daños (incluidos los sufridos por algunos de los monumentos más famosos de París).

Si los ‘chalecos amarillos’ deciden que la máquina que han activado los ha superado, y que ya no pueden frenar la violencia, deben prepararse durante las protestas para ayudar a la policía a expulsar a los ‘camisas pardas’, esos violentos que estarán circulando entre ellos. Porque los saboteadores de la extrema derecha y de la extrema izquierda sin duda reaparecerán para saquear, aterrorizar y profanar. Está en los ‘chalecos amarillos’ decir una vez más, esta vez como si realmente estuvieran convencidos: ‘No en nuestro nombre’.

Ahora bien, si los ‘chalecos amarillos’ declaran una suspensión o siguen protestando, nada beneficiaría más su causa que disociarse –decisivamente y sin ambigüedades– de todos los especuladores políticos que sacarían provecho de su miseria.

El elenco de oportunistas es muy conocido. Por un lado está Jean-Luc Mélenchon, que, habiendo terminado de cuarto en las elecciones presidenciales de 2017, superado por Emmanuel Macron, busca desesperadamente nuevos seguidores. Luego está François Ruffin, el líder el movimiento anti-austeridad Nuit Debout (Despiertos Toda la Noche), con sus reclamos antirrepublicanos irresponsables de “¡Macron, renuncie!”. Y también está Marine Le Pen, que oscila cómicamente entre enorgullecerse o arrepentirse de su llamado a ocupar los Campos Elíseos el sábado pasado, volviéndose así responsable de lo peor de lo que allí se dijo y se hizo.

Honor a quien honor merece: los ‘chalecos amarillos’ dicen ser una expresión del pueblo soberano. Pero ahora tienen una gran responsabilidad

Y finalmente están los intelectuales que, como Luc Ferry y Emmanuel Todd, sugieren que tal vez no fue “por casualidad” como a los saboteadores les resultara tan fácil acercarse, asaltar y saquear el Arco de Triunfo. Esa retórica tiende la peor de todas las trampas para un movimiento popular: la del pensamiento conspirativo.

En otras palabras, los ‘chalecos amarillos’ están en una encrucijada. O son lo suficientemente valientes como para parar y tomarse el tiempo necesario para organizarse, siguiendo un camino no muy diferente del propio La République en Marche! de Macron, que, en retrospectiva, podría parecer el mellizo que nació antes que los ‘chalecos amarillos’.

El movimiento de Macron también tenía un ala derecha y un ala izquierda. Y sabía que era un nuevo espacio político, involucrado en un diálogo o inclusive en una confrontación que conduciría a una consideración honesta de la pobreza y el alto costo de vida. Si los ‘chalecos amarillos’ construyen un movimiento que crezca a la altura del de Macron, pueden terminar escribiendo una página en la historia de Francia.

O pueden acabar careciendo de esa valentía y conformándose con el placer insignificante de ser vistos por televisión. Se dejarán conquistar hasta intoxicarse con el espectáculo de las luminarias y los expertos de ‘la France d’en haut’ (la élite francesa) que parecen comer de su mano y aferrarse a cada una de sus palabras.

Pero si los ‘chalecos amarillos’ permiten que el odio apasionado se imponga a la fraternidad genuina y eligen el sabotaje por sobre la reforma, solo generarán caos, no mejoras, en la vida de la gente humilde y vulnerable. Se internarán a toda velocidad en el lado más oscuro de la noche política y terminarán en el basurero de la historia, donde podrán codearse con esos otros amarillos, los ‘socialistas amarillos’ de comienzos del siglo XX del sindicalista protofascista Pierre Biétry.

Los ‘chalecos amarillos’ deben elegir: reinvención democrática o una versión actualizada de las ligas nacionalsocialistas; voluntad de reparar o afán por destruir. La decisión dependerá de la esencia histórica del movimiento –si sus reflejos son buenos o malos y si, en el análisis final, posee coraje político y moral.

De manera que la pelota está en el terreno de los ‘chalecos amarillos’. Tienen iniciativa, tanta como Macron. ¿Dirán: ‘Sí, creemos en la democracia republicana’? ¿Y lo dirán en voz alta y clara, sin equívocos? ¿O se ubicarán en la tradición del nihilismo paranoico y contaminarán sus filas con los vándalos políticos que Francia todavía produce en abundancia?

BERNARD-HENRI LÉVY
© Project Syndicate
* Filósofo y uno de los fundadores de los Nouveaux Philosophes.
París

Cronología de las protestas

18 de octubre

En un video en Facebook, Jacline Mouraud, una desconocida, interpela al presidente Emmanuel Macrón por el alza de los combustibles. El video se vuelve viral. Los llamados a bloquear las carreteras se multiplican en las redes.

17 de noviembre

Primer día de bloqueos en las carreteras. Se movilizan unas 290.000 personas en toda Francia, sin que medie partido o sindicato alguno. En cuatro días, las protestas dejan 530 heridos.

24 de noviembre

Segunda gran protesta. Se movilizan más de 106.000 manifestantes, 8.000 de ellos en París. Choques con las fuerzas de seguridad en los Campos Elíseos de París.

29 de noviembre

El primer ministro Édouard Philippe recibe por primera vez a un ‘chaleco amarillo’. Al día siguiente, dos más se entrevistan con él.

1.° de diciembre

Tercera gran jornada de movilizaciones con violentos incidentes en varias ciudades, sobre todo en París, donde, en el Arco del Triunfo y varios barrios acomodados, se producen choques con la policía, barricadas, quema de autos y saqueos. Participan 136.000 manifestantes. Una mujer de 80 años herida por una granada lacrimógena en Marsella se convierte en la cuarta víctima fatal.

2 de diciembre

Reunión de crisis en el Palacio del Elíseo. Los estudiantes de secundaria paralizan 188 liceos.

4 de diciembre

El gobierno suspende por seis meses del alza de los impuestos a los carburantes y el endurecimiento del control técnico de los carros. Y dice que congelará los precios de electricidad y el gas durante el invierno.

5 de diciembre

Macron anula un alza de impuestos por un año.

Si los ‘chalecos amarillos’ construyen un movimiento que crezca a la altura del de Macron, pueden terminar escribiendo una página en la historia de Francia

8 de diciembre

Cuarto sábado de protestas. Salen a la calle 136.000 personas. Hay casi 2.000 detenciones y más de 320 heridos.

10 de diciembre

En un discurso por TV, Macron calificó de “justa en muchos aspectos” la “cólera profunda” de los franceses. Aumenta en 100 euros el salario mínimo, anula un nuevo impuesto para los jubilados con pequeñas pensiones y elimina el cobro de impuestos y contribuciones sociales a las horas extras. Pero no restablece el Impuesto de Solidaridad sobre la Fortuna (ISF), una de las principales reivindicaciones de los ‘chalecos amarillos’.

La crisis, en seis datos claves

4.523 personas han sido detenidas hasta ahora.

1.407 han resultado heridas, y ya van cinco muertos.

Unos 2.000 millones de euros de recaudación ha perdido el Estado francés por los cierres en el comercio.

En 400 millones de euros estima el gremio del transporte por carretera las pérdidas por los bloqueos de vías.

Dos décimas del PIB ya le costó a Francia esta crisis. La expectativa de crecimiento para este año pasó de 1,7 a 1,5 %.

Unos 10.000 millones de euros costarán las medidas de Macron para tratar de calmar la protesta, lo que podría elevar el déficit público francés al 3,4 % del PIB, cuatro décimas por encima del límite fijado por la Unión Europea.

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