EEUU y Canadá

Quiénes están detrás de la nueva lucha de clases

Elección de figuras dispares como Trump y  Obama es resultado de nuevos favoritismos ideológicos.

Trump, le Pen, Macron

Donald Trump, Marine Le Pen y Emmanuel Macron, producto de un mismo fenómeno: nuevos estilos de vida y unas preferencias de personas al parecer desideologizadas.

Foto:

Reuters, AFP y Efe

Por: María Fernanda González E.*
09 de noviembre 2018 , 09:20 p.m.

La llegada de Donald Trump al poder, el aterrizaje de los movimientos de derecha radical en Italia, como la Liga del Norte y el movimiento Cinco Estrellas, y el establecimiento de una nueva generación de líderes menores de 45 años, como Emmanuel Macron en Francia y Sebastian Kurz en Austria, Alexis Tsipras en Grecia o Iván Duque en Colombia, tienen elementos en común.

La fragilidad y poca credibilidad de los partidos tradicionales, la carencia de una cultura programática e ideológica y la cada vez mayor personalización del poder son las claves para entender la política del nuevo siglo.

Más allá del discurso de los candidatos, de la utilización de las nuevas tecnologías de la información y de las estrategias de campaña, es interesante aprehender las demandas de los ciudadanos que permitieron el arribo de una nueva era política en Occidente.

Este fue el estudio que hizo Thibault Muzergues, director del Programa Europa del Instituto Internacional Republicano, una ONG que fomenta la democracia en el mundo. En su libro publicado recientemente La cuadratura de las clases sociales describe las nuevas clases que están redefiniendo el paisaje político.

Rupturas ideológicas

Los nuevos líderes constatan que las rupturas ideológicas derecha-izquierda son temas del pasado. Pese a ello, es posible establecer dos visiones opuestas del mundo. Por un lado, líderes ultranacionalistas, antieuropeístas y que reivindican una política antiinmigración, como en el caso de Marine Le Pen en Francia o Matteo Salvini en Italia.

Por otro, se encuentran los representantes del progresismo y abiertos a una consolidación de la Unión Europea, y –de manera general– son quienes defienden el multilateralismo, como el presidente galo.

Como lo asegura en el prólogo Guy Verhofstadt, exprimer ministro de Bélgica: “... el principal punto fuerte de este libro está en el hecho de que las clases sociales están menos definidas por los ingresos y el nivel económico que por la visión del mundo o su actitud hacia la vida en general (...). La política es, sobre todo, un tema de valores a la vez personal y público”.

Este análisis, calificado como sutil y multidimensional, permite llegar a las ideas y los pensamientos de los nuevos electores, clave para las estrategias políticas.
La crisis del bipartidismo en varias naciones del mundo ha permitido dar vida a cuatro clases sociales que son hoy en día el referente de un nuevo escenario: la clase creativa liberal, la clase media de provincia, la nueva minoría obrera y los millennials.

La clase creativa

Definida así por el urbanista norteamericano Richard Florida en el año 2000, pertenecen a ella los ciudadanos que han sido los grandes beneficiados de la globalización. Identificados también como los ‘manipuladores de conceptos’, son quienes están en constante creación de nuevas ideas, técnicas o procedimientos.

Allí pueden inscribirse desde las profesiones liberales hasta los artistas y los nuevos emprendedores. El gran surgimiento de esta clase se da con la aparición de los smartphones en el 2000. Según Florida, en el 2013, esta clase representaba alrededor de un 35 por ciento de la población en Estados Unidos y un 40 por ciento en Europa.

La lluvia de ideas y la creatividad, su cualificación profesional, su carácter liberal y esencialmente urbano son algunos de sus principales rasgos. Son considerados individualistas pero abiertos a respetar la diversidad, las minorías o la comunidad LGBTI.

La nota distintiva de esta clase es su carácter social y deseo de apoyar a los más pobres, a pesar de ser los consentidos de la globalización y de militar por un orden económico liberal. La clase creativa fue la que posibilitó la llegada de Obama en 2008, de Justin Trudeau en 2015 y de Emmanuel Macron en 2017.

Clase media de provincia

A diferencia de los creativos, localizados en los centros de las principales ciudades, la clase media suburbana se encuentra en las afueras, defiende los valores tradicionales con los que fue educada y es respetuosa de las leyes, las normas y los reglamentos. No es individualista y le apuesta más bien a la homogenización de la sociedad. Su valor central es el trabajo, y, por ende, este representa para ella la clave del éxito.

A diferencia de la primera clase, que en cualquier oportunidad encuentra un espacio para la creatividad, genera nuevos emprendimientos o desarrolla una lluvia de ideas, esta ama la rutina y es consuetudinaria.

La clase media tradicional es claramente conservadora, no comparte la filosofía de los nuevos movimientos diversos y rechaza categóricamente las propuestas como el matrimonio igualitario. Son aquellos que han levantado la voz contra la ideología de género y son los movimientos que han apoyado a líderes de derecha que pueden ir desde el centroderecha de François Fillon, en Francia, a la derecha dura de Victor Orban, en Hungría.

La minoría blanca

La tercera clase está constituida por los ciudadanos mayormente damnificados por la globalización. Es la categoría de los desempleados y los jóvenes que no han tenido acceso a estudios. En Estados Unidos, esta clase representa principalmente la minoría blanca y la clase obrera situada en las periferias, y es aquella que le dio la victoria al presidente Donald Trump en los estados conocidos como el Rust Belt.

Es una categoría con una baja cualificación educativa y es descrita como la nueva minoría blanca. En Francia se sitúa en las regiones del noreste y el sureste del país y está constituida por los ciudadanos más afectados por el desempleo y la llegada de los migrantes.

En ambos casos, los discursos de Trump y Le Pen son muy primarios y buscan exaltar las pasiones a través del nacionalismo exacerbado. Sus propuestas van desde cerrar las fronteras, dar un decidido apoyo a los proyectos de infraestructura para dinamizar el trabajo de mano de obra y reforzar los programas sociales.

Los ‘millennials’

La última categoría define así a los jóvenes nacidos entre 1980 y 1996. Es un electorado constituido por la generación que nació con los avances de las nuevas tecnologías, definidos como los reyes de las redes sociales.

Esta generación no conoció la guerra, fueron criados en hogares que tuvieron el acceso al control de la natalidad y la legislación del aborto, y su educación estuvo centrada en el desarrollo de la personalidad de los futuros jóvenes.

Conocida también como generación Y, es la más educada. Son los jóvenes que cuentan con los mejores diplomas, y su carácter es más analítico, pues han pasado más tiempo en las aulas universitarias. A pesar de esto, ha sido una generación sacrificada por la crisis del 2008, tanto en Estados Unidos como en Europa.

En Europa del sur, los índices de desempleo de los jóvenes oscilan entre el 30 y el 40 por ciento. Esta generación representa la nueva rebeldía del siglo XXI, dispuesta a votar por Bernie Sanders en Estados Unidos, Jean-Luc Mélenchon en Francia o Alexis Tsipras en Grecia. Su máxima ha sido la de cambiar un sistema económico que los ha perjudicado.

Es una generación tolerante con los inmigrantes y las minorías, pero “intolerante intelectualmente”, en particular con el modelo de Donald Trump.

A diferencia de sus padres, identificados con los valores de la propiedad, los referentes de esta generación son más volátiles y están atados a la era de internet a través de los nuevos servicios como Airbnb y Uber.

En Francia son también los votantes de Jean-Luc Mélenchon, el líder de izquierda, que fustigan al 1 por ciento de los ultrarricos y critican el actual modelo económico, que no ha sabido construir una verdadera justicia social. Tienen un discurso de rebeldía contra la precarización del empleo y la lucha contra la deuda estudiantil, en el caso norteamericano. No es un discurso dogmático e ideológico.

Si bien han apoyado los movimientos de extrema izquierda, como en el caso de Syriza en Grecia o la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, también han sido los artífices del ascenso de la extrema derecha italiana con el Movimiento Cinco Estrellas y la Liga del Norte, liderada por Matteo Salvini.

¿Combinación exitosa?

A partir de esta radiografía sociológica de la sociedad, Muzergues abre la puerta para entender lo que está en juego en la política actual. Es interesante destacar que para llegar al poder es necesario conquistar más de una clase.

Entre las posibles coaliciones, el autor asegura que la alianza entre los millennials y la minoría blanca tiene poca probabilidad de éxito por las visiones del mundo tan opuestas en estas dos clases sociales.

Entre las alianzas exitosas está el caso de Barack Obama y Justin Trudeau, quienes lograron llegar al poder con una alianza entre la clase creativa y los millennials. Por su parte, la campaña de Donald Trump, en el 2016, movilizó la clase obrera blanca y contó con el apoyo de la clase media tradicional.

En Francia, Emmanuel Macron, líder de la clase creativa, logró obtener el apoyo de la clase media tradicional desilusionada con los escándalos de corrupción del candidato de derecha François Fillon. La gran perdedora fue la extrema derecha con su líder, Marine Le Pen, quien desarrolló una campaña en la cual movilizó únicamente los eslóganes y el discurso de la minoría blanca.

Los estudios muestran que la clase media suburbana ha sido la gran protagonista de victorias tan disímiles como la elección de Trump, Macron y Kurtz. Esta clase es, entonces, un factor clave para realizar alianzas exitosas.

Suena interesante anotar que la candidatura de Iván Duque, quien se fundamentó con una importante fracción de la clase media tradicional y conservadora, también movilizó buena parte de la clase creativa representativa de su generación.

Ya en el poder, Duque, quien proviene de la generación de los creativos, ha buscado gobernar mediante apoyos amplios. Sus discursos hacia la clase media conservadora se complementan con una arquitectura de gobierno que apunta a ampliar la base de los creativos y conquistar el corazón de los millennials.

MARÍA FERNANDA GONZÁLEZ E.*
Para EL TIEMPO
* Ph. D. en Ciencia Política Universidad de la Sorbona (París).

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