EEUU y Canadá

Con su muerte, Manson escribe otra página en su legado criminal

El gurú psicópata que organizó varios homicidios en EE. UU. murió el fin de semana, a los 83 años.

Charles Manson

El 29 de marzo de 1971, Manson fue sentenciado a morir en la cámara de gas. La pena le fue conmutada luego por cadena perpetua.

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AFP

20 de noviembre 2017 , 08:13 p.m.

Los deseos de amor y paz, los aires revolucionarios y el espíritu libre e inocente del movimiento hippie encontraron un final sangriento y atroz en Charles Manson, cuyos siniestros asesinatos marcaron un punto y aparte en la contracultura de los años sesenta.

La figura de uno de los criminales más famosos del siglo XX, que falleció el domingo a los 83 años en California, alumbra diferentes lecturas: el gran criminal que se aprovechó de jóvenes cándidos para sus fechorías, el líder racista de una secta apocalíptica, el autor intelectual del asesinato de la actriz Sharon Tate, el gran trauma para el hedonismo de California o el reflejo del mal convertido en fenómeno pop.

En todas ellas se refleja Manson, aunque el relato mayoritario lo sitúa como un punto clave del declive de la contracultura de los años sesenta, un movimiento en el cual participó activamente en San Francisco y Los Ángeles y al que acabaría asestando un golpe mortal como un hijo bastardo de los ideales que lo inspiraban.

La gran ironía de su historia es que Manson, que se sepa, nunca asesinó a nadie con sus propias manos. Se dice que en ocasiones solía ufanarse de haber matado a treinta personas, pero nunca se comprobó. En los siete cargos de homicidio por los que fue condenado, su participación fue descrita como “conspiración” y “autoría intelectual”.

Historial de abuso

Pero, muchos años antes de que sus seguidores, ‘la familia’, asesinaran a nueve personas siguiendo sus instrucciones, Manson había dado evidentes muestras de su afiliación al crimen. Hijo de una mujer alcohólica, Manson (Cincinnati, 1934) nunca conoció a su padre y pasó su turbulenta juventud entre reformatorios y cárceles.
Su historial refleja que fue un violador y también fue víctima de abusos sexuales, que robó tiendas y automóviles y se desempeñó como proxeneta durante los periodos en los que salía brevemente de su encierro. Con esos inquietantes antecedentes aterrizó en el San Francisco del Verano del Amor, una ciudad que en 1967 vivía una catarsis de experimentación sexual y espiritual que seducía a muchachos de todo el país.

Manson, que entre rejas ya había comenzado a desarrollar sus ideas apocalípticas y esotéricas, se aprovechó de la vulnerabilidad de algunos jóvenes y se rodeó de un grupo de seguidores, sobre todo mujeres, cegados por sus sermones místicos y atraídos por orgías de sexo y drogas. A pesar de su discurso de odio, muchos comparaban su apariencia con la de Jesús y gravitaban inexorablemente hacia él.

‘La familia’ se trasladó posteriormente a Los Ángeles, donde vivió en una comuna y Manson trató de abrirse un hueco en el mundo de la música. Trabó amistad con Dennis Wilson, batería de The Beach Boys, y entabló cierto contacto con músicos como Neil Young, pero nadie accedió a editar sus temas, que solo verían la luz tras los crímenes en 1970 con el título Lie: The Love and Terror Cult.

Bajo un esquizofrénico prisma que creía en una guerra racial y encontraba turbios mensajes en las letras de The Beatles, Manson desencadenó una matanza que lo convertiría en un sinónimo del mal en Estados Unidos; para muchos, en un Lucifer contemporáneo.

Nueve personas fueron asesinadas en diferentes momentos de 1969 en Los Ángeles a manos de los seguidores de Manson, quien, como un perfecto titiritero de la muerte, daba instrucciones a su secta pero no se manchaba directamente las manos de sangre.

Los asesinatos de ‘la familia’ incluyeron a Sharon Tate, pareja del director Roman Polanski y quien estaba a punto de dar a luz a su primer hijo, y dejaron a la sociedad sin habla por los detalles de extrema crueldad de las escenas, como las pintadas con las palabras ‘cerdo’ o ‘Helter Skelter’ (canción de The Beatles) que hicieron en las paredes con la sangre de las víctimas.

El juicio a Manson y sus seguidores se convirtió en un espectáculo mediático, con el cerebro de los asesinatos intentando atacar al juez o apareciendo ante el tribunal con una equis perforada en la frente.

Manson fue sentenciado a muerte en 1971, pero su condena fue conmutada a cadena perpetua después de que California abolió la pena capital. Su estancia en la sombra fue todo, menos discreta: decenas de infracciones en la cárcel, transformó su cicatriz de la frente en una esvástica y trató de casarse, sin éxito, con una veinteañera cuando ya superaba los 80 años.

Ícono del mal

Lo que nunca decreció fue la perversa fascinación que Manson despertó en la sociedad. Las revistas Rolling Stone y Life le dedicaron dos emblemáticas portadas, la escritora Joan Didion lo incluyó en su ensayo The White Album, y el libro Helter Skelter, de Vincent Bugliosi y Curt Gentry, se convirtió en un fenómeno de ventas.
El magnetismo de su figura pervivió con el artista de metal Marilyn Manson adoptando la mitad de su nombre por el asesino; la reciente serie de televisión Aquarius o el libro Las chicas, de Emma Cline. La figura del asesino apareció recientemente en un episodio de American Horror Story y, aunque por ahora solo se lo ha mencionado, es posible que eventualmente haga una aparición en Mindhunter, la serie de Netflix. Sería, apenas, una más de las muchas representaciones que ha tenido en la ficción audiovisual. Este mismo año se supo que la próxima película de Quentin Tarantino abordará –al menos tangencialmente– los asesinatos de ‘la familia’ Manson.

Más allá de reinterpretaciones modernas, los asesinatos de Manson simbolizaron el final de la era hippie junto al trágico festival de Altamont (1969), la caída del barrio Haight-Ashbury, de San Francisco, bajo el influjo de las drogas duras o las prematuras muertes de profetas como Jimi Hendrix o Janis Joplin (1970).

Luego de más de 40 años de los asesinatos, la muerte vuelve a jugar un papel en la historia de Manson, esta vez al ponerle final a la fascinación que ejerció hasta el último día su presencia. El criminal ha muerto, pero probablemente su carácter icónico logre sobrevivirle.

El cruento caso de Sharon Tate y sus amigos

Es difícil pensar en asesinatos que traumatizaran más a Estados Unidos que los que tuvieron lugar en agosto de 1969 en la lujosa casa de la actriz Sharon Tate y su esposo Roman Polanski, ausente la noche que ocurrieron los hechos.

Todos los elementos del horror más absoluto fueron encontrados por la policía de Los Ángeles cuando llegó al lugar donde cinco amigos fueron masacrados: sangre por todas partes, un simulacro de ahorcamiento, un modus operandi que parecía corresponder a un diabólico ritual, la ausencia de móvil evidente...

A la aparente saña de los asesinos se sumó la simbología de la belleza y la inocencia sacrificadas, encarnada en Sharon Tate, de 26 años y embarazada de ocho meses y medio cuando recibió 16 puñaladas.

“En toda mi vida nunca vi una cosa parecida”, dice el sargento Stanley Klorman.
Alrededor del cuello, Sharon Tate tenía una cuerda de nailon blanco sujeta a una viga y que en el otro extremo estaba atada al cuello de Jay Sebring, un peluquero de celebridades que acompañaba a la estrella. Le dispararon y la apuñalaron hasta la muerte.

Otros detalles sórdidos emergieron posteriormente del 10050 Cielo Drive, la dirección de la residencia de Tate y Polanski en el vecindario de Bel Air, originalmente construida por la estrella francesa Michèle Morgan. La palabra ‘PIG’ -‘CERDO’- fue escrita con sangre en la puerta. Una palabra que también se halló escrita, esta vez en plural, pero siempre con sangre, en una casa de otro distrito de Los Ángeles donde una pareja, Leno y Rosemary LaBianca, fue salvajemente asesinada la noche siguiente.

​EFE

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