EEUU y Canadá

Europa debe hacerle frente a las sanciones extraterritoriales

La seguridad de Europa depende de defender el acuerdo con Irán.

Donald Trump

El propósito de la jugada de Trump es claro: derribar al régimen iraní.

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Kevin Lamarque / Reuters

26 de mayo 2018 , 11:15 p.m.

La retirada de Donald Trump del Plan de Acción Integral Conjunto (Paic) con Irán y la reimposición de las sanciones estadounidenses a aquel país son una amenaza a la paz mundial.

La seguridad de Europa depende de defender el acuerdo con Irán. Para eso es necesario que Europa (junto con Rusia, China y otros estados miembros de la ONU) garantice un normal desarrollo de las relaciones económicas con Irán, lo cual solo será posible en la medida en que confronte, y en definitiva revierta, las sanciones extraterritoriales de Estados Unidos, que pretenden disuadir a otros países de mantener actividades comerciales y financieras con Irán.

El propósito de la jugada de Trump es claro: derribar al régimen iraní. Ante esta locura, los ciudadanos europeos perciben, correctamente, que los intereses de seguridad de Europa ya no coinciden con EE. UU.

La estrategia hostil de Washington hacia Irán fue secundada (e incluso promovida) por dos de sus aliados en Oriente Próximo: Israel y Arabia Saudita. Israel se refugia en el poder de EE. UU. para evitar cualquier tipo de concesión a los palestinos. Arabia Saudita se refugia en el poder militar de EE. UU. para contener a su rival regional, Irán. Y ambos esperan una confrontación directa entre Estados Unidos e Irán.

Los anteriores intentos estadounidenses de cambio de régimen en Oriente Próximo trajeron terribles consecuencias para Estados Unidos y Europa, por no hablar de los desastres que se abatieron sobre los países atrapados en el caos provocado por EE. UU. Estas ‘guerras por elección’ han sido el principal factor de la oleada de migraciones a Europa desde Oriente Próximo y el norte de África. Incluso cuando el cambio de régimen tuvo ‘éxito’, como en Afganistán, Irak y Libia, las consecuencias han sido violencia e inestabilidad. Y cuando fracasó, como en Siria, el resultado ha sido una guerra permanente.

El humillante fracaso del presidente francés, Emmanuel Macron; de la primera ministra británica, Theresa May, y de la canciller alemana, Angela Merkel, en el intento de convencer a Trump de permanecer en el Paic era previsible. La decisión estadounidense es reflejo de dos fuerzas convergentes: una arraigada tendencia en la política exterior estadounidense hacia la búsqueda de hegemonía en Oriente Próximo y una peculiar forma de psicopatía de Trump: le encanta avergonzar a los líderes europeos; verlos retorcerse de humillación es para él un triunfo. Pero los líderes europeos no están inermes.

Todavía pueden salvar el acuerdo con Irán, precisamente porque es un acuerdo multilateral, avalado por el Consejo de Seguridad de la ONU (Resolución 2231). De hecho, según el artículo 25 de la Carta de las Naciones Unidas, todos los estados miembros, incluido Estados Unidos , están obligados a cumplir el Paic.

La esencia del Paic es el cese de actividades conducentes al desarrollo de armas nucleares por parte de Irán, a cambio de la normalización de las relaciones económicas internacionales, lo que incluye el levantamiento de las sanciones acordadas por la ONU.

Las armas de EE. UU.

EE. UU. tiene solamente dos maneras de impedir la implementación del acuerdo entre Irán y el resto del mundo. La primera es promover una guerra. Y es evidente que esto figura en la agenda estadounidense, especialmente ahora que John Bolton, decano de los neoconservadores, está de vuelta en la Casa Blanca como asesor de seguridad nacional.

Pero el mundo debe resistir con toda firmeza otra desastrosa aventura militar estadounidense. La segunda manera son las sanciones extraterritoriales. Que Estados Unidos decida no comerciar con Irán es una cosa, que el Gobierno estadounidense intente impedir a otros países comerciar con Irán es otra. Es lo que EE. UU. pretende hacer y depende de Europa y China impedírselo, por el bien de la paz mundial, así como por sus propios intereses económicos.

La administración Trump intentará impedir a las empresas extranjeras tener tratos con Irán. Es probable que consiga restringir las transacciones en dólares, ya que generalmente se liquidan a través del sistema bancario estadounidense.

Pero el quid del asunto son las empresas que interactúan con Irán usando otras monedas, como el euro y el yuan: Washington tratará de castigarlas, mediante medidas contra sus filiales en EE. UU., demandas ante tribunales estadounidenses o el cierre del mercado local.

Es aquí donde la Unión Europea debe adoptar una postura firme. La UE debe insistir en que las sanciones extraterritoriales violan el derecho internacional, la Carta de Naciones Unidas y las normas de la Organización Mundial del Comercio. Y dar la pelea en las instancias respectivas: no hacerlo sería darle a EE. UU. total libertad para fijar las reglas de la guerra y la paz (por encima del Consejo de Seguridad) y del comercio internacional (por encima de la OMC).

Además, las oportunidades comerciales en Irán que Europa no se atreva a aprovechar serán capitalizadas por China.

El principal desafío para Europa no es jurídico ni geopolítico: es psicológico. La dirigencia europea actúa como si a EE. UU. todavía le importaran la alianza transatlántica o los intereses, valores y puntos de vista comunes. Lamentablemente, ya no es así.

Europa necesita una política de seguridad propia, así como necesita políticas propias en materia de comercio y medioambiente. El conflicto en torno del Paic es un momento decisivo. La paz mundial depende de que Europa defienda la Carta de las Naciones Unidas y las reglas del comercio internacional.

JEFFREY D. SACHS
Profesor en Columbia
© Project Syndicate

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