EEUU y Canadá

La batalla que podría dejar a EE. UU. con Corte Suprema conservadora

El presidente Trump nominó al magistrado Brett Kavanaugh como el reemplazo de Anthony Kennedy.

La batalla que podría dejar a EE. UU. con una Corte Suprema conservadora

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, nominó a Brett Kavanaugh a la Corte Suprema de Justicia el pasado 10 de julio .

Foto:

Andrew Harrer / Bloomberg

16 de julio 2018 , 06:54 p.m.

Que Washington es de batallas épicas entre demócratas y republicanos no es noticia. Especialmente desde la llegada de Donald Trump a la presidencia. Pero la que se avecina es monumental y podría definir el mismo espíritu de EE. UU. por más de una generación.

Esta semana Trump nominó a Brett Kavanaugh como el reemplazo de Anthony Kennedy en la Corte Suprema de Justicia, después de que este último anunció su intención de retirarse hace algunas semanas.

Kavanaugh, un juez federal de 51 años que ha trabajado la mayor parte de su vida en Washington, es considerado un conservador de línea dura que podría, si es confirmado por el Senado, inclinar la balanza de la Corte hacia la derecha y poner en riesgo grandes triunfos de demócratas y liberales como el derecho al aborto, el matrimonio entre homosexuales, normas que hoy protegen a las minorías y hasta el medioambiente.

Actualmente, la Corte, que cuenta con nueve miembros, tiene cuatro jueces considerados conservadores y otros cuatro más liberales. Kennedy, si bien fue nombrado por un presidente republicano (Ronald Reagan), se caracterizaba por su carácter ambivalente frente a problemáticas sociales y en sus más de tres décadas en la Corte terminó votando con la facción liberal de la Corte.

Fue su voto, por ejemplo, el que confirmó el derecho constitucional de los homosexuales para contraer matrimonio y el que determinó que todos aquellos capturados en el exterior en la lucha contra el terrorismo tenían derecho a un juicio ante las cortes del país.

Así mismo, fue su postura la que impidió que el Gobierno pudiera imponer límites al derecho al aborto con el que cuentan las mujeres en EE. UU. y la que hizo que se preservara la “acción afirmativa”, un sistema que garantiza ciertas cuotas para grupos minoritarios en centros educativos del país y en contrataciones ante el sistema federal.

Si bien Kavanaugh fue asistente del mismo Kennedy en la Corte –y es visto como uno de sus protegidos–, sus planteamientos con el paso de los años se han vuelto más conservadores que los de sus jefes.

De hecho, el juez federal estaba en una lista de 25 candidatos que elaboró para Trump el Heritage Foundation, una organización que es considerada la alma mater de la derecha estadounidense.

Si es confirmado, la Corte quedaría con cinco jueces claramente conservadores, lo que abriría la puerta a que se relitiguen temas como el del aborto, que está protegido en EE. UU. por una sentencia de la Corte de 1972 (Roe vs. Wade) o el ‘Obamacare’, la ley aprobada durante el gobierno de Barack Obama para expandir el cubrimiento de salud en el país y que fue confirmada por la Corte cuando los republicanos la demandaron.

En el caso de Roe vs. Wade –que es de las cosas que más preocupa a los demócratas– un reversazo de la Corte no volvería ilegal el aborto en EE.UU. como tal, pero devolvería la decisión a los estados. Y hay 22 que actualmente están listos para volverlo ilegal si cae la sentencia.

Para los demócratas la situación es aún peor, pues Ruth Bader Ginsburg, una de las magistradas más liberales de la Corte, tiene 85 años y temen que se retire o sufra un percance de salud.

Lo cual le permitiría a Trump nombrar a un tercer juez en su gobierno, algo muy inusual y que podría dejar a los liberales en franca minoría (tres contra seis).

Por eso, los demócratas han prometido una pelea a muerte para tratar de bloquear su confirmación. “Voy a dar todo lo que tengo para impedir su nombramiento. Kavanaugh no es lo que la mayoría de los estadounidenses quieren”, dice Charles Shummer, el líder de este partido en la cámara alta.

Para los demócratas, además, el tema se ha convertido un punto de honor, pues sienten que los republicanos les hicieron trampa cuando se presentó otra vacante en la Corte a comienzos del 2016.

Obama, que todavía era presidente, nominó a su candidato para reemplazar a Antonini Scalia, que murió en febrero de ese año, pero el Senado, controlado por republicanos, se negó a considerarlo.

Mitch McConnell, el jefe de la colectividad, alegó que ante la cercanía de las elecciones presidenciales se debía esperar a que los estadounidenses escogiera a un nuevo mandatario y fuera este el que tomara la trascendental decisión.

Un argumento con pocos precedentes en la historia y que en la práctica le negó al afroamericano, y a los demócratas, el derecho a poner un juez más a tono con sus principios.

Para echar más sal en la herida, McConnell modificó una regla del Senado que exigía el consenso de al menos 60 votos para confirmar a un juez supremo –que no tenían– y la cambió por otra que exige solo mayoría simple, abriendo la puerta para la coronación del Neil Gorsuch, el primero de los designados por Trump.

Ahora los demócratas piden el mismo tratamiento. Es decir, dado que hay elecciones legislativas en noviembre, quieren que se postergue la consideración de Kavanaugh hasta que se conozca la nueva composición del Congreso.

Pero los republicanos, muy conscientes de lo que está en juego, han ignorado esos llamados y prometen sacar adelante su confirmación antes de octubre.

Lo más probable es que lo logren. La mayoría republicana en el Senado es de solo dos votos. Pero, dado que John McCain se encuentra enfermo de cáncer y no podría sufragar, en la práctica se reduce a un solo sufragio.

La estrategia de los demócratas es tratar de voltear a uno o dos senadores, particularmente mujeres, argumentado que es su sexo el que más tiene por peder en una Corte de inclinación conservadora.

En la mira tienen a Lisa Murkowski y Susan Collins, que el pasado han abandonado a su partido en temas de salud y derechos reproductivos. Pero ambas ya han dado a entender que, en principio, respaldarían a Kavanaugh.

Además, los demócratas tendrán problemas hasta para garantizar el voto de sus 49 senadores, pues tres de ellos se juegan la reelección en noviembre y representan a estados que tienden a ser republicanos y donde Trump ganó en las elecciones del 2016: Si se oponen, corren el riesgo de perder y dejar el partido con aún menos votos de los que ya tienen.

Pero Shummer tiene esperanza y cree que, antes, la oposición a la agenda de Kavanaugh podría ser el grito de batalla que necesitan los liberales para los comicios que se avecinan

Algo similar pasa entre los republicanos, cuyos prospectos en las legislativas no eran los mejores, pero que ahora cuentan con un tema que podría energizar a la base.

Lo que se viene, todo indica, es una batalla campal que le dará al ganador control sobre el rumbo ideológico del país en el futuro próximo.

SERGIO GÓMEZ MASERI 
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
Twitter: @sergom68

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA