Asia

Trump y Kim se juegan una oportunidad histórica en cumbre

Encuentro de líderes de EE. UU. y Corea del Norte, en Singapur, marcaría renacer del país asiático.

Donald Trump y Melania

Donald Trump y su esposa, Melania, dieron la bienvenida en Maryland a los estadounidenses liberados por Kim Jong-un.

Foto:

Michael Reynolds / EFE

15 de mayo 2018 , 04:25 p.m.

Ayuda para entrar en la senda del desarrollo y la apertura, pero a cambio de abandonar el programa nuclear y desmontar las bombas atómicas. Esa es la nueva promesa de EE. UU. para Corea del Norte luego de que, hace apenas cinco meses, el presidente Donald Trump y el líder norcoreano, Kim Jong-un, intercambiaban amenazas de destrucción.

Esta semana se confirmó que Trump y Kim se reunirán en Singapur el próximo 12 de junio, en lo que se espera sea una cita histórica.

La noticia fue anunciada el jueves pasado, luego de que el régimen norcoreano liberó a tres estadounidenses detenidos en su territorio –un gesto considerado de buena voluntad– y permitió que regresaran a EE. UU. con el secretario de Estado de ese país, Mike Pompeo, quien en menos de dos meses se ha reunido en dos ocasiones con Kim para concretar los detalles de la cumbre.

Este sábado, Pionyang hizo anunció que está tomando “medidas técnicas” para desmantelar su planta de ensayos nucleares e invitará a la prensa extranjera entre el 23 y el 25 de mayo a un acto para lanzar el proceso.

¿Pero qué llevó a ese cambio tan radical? La actitud de Kim, de 35 años, no es gratuita. Un país empobrecido, que ha dedicado la mayor parte del presupuesto y ayuda internacional para armarse, desarrollar bombas nucleares y misiles, pero que está sintiendo el rigor de las sanciones, son algunos de los motivos del cambio de actitud del líder, el tercero de una dinastía familiar que ha manejado el país por 70 años, tras su abuelo Kim Il-sung y su padre, Kim Jong-il.

Trump, que pasó de llamar a Kim “pequeño hombre cohete” a “señor honorable”, espera que la cumbre en Singapur –ciudad escogida por su neutralidad, sus garantías respecto a la seguridad e historial como anfitrión de cumbres internacionales– muestre que su estrategia de poner “máxima presión” sobre Pionyang funciona. Además, busca marcar un nuevo comienzo en las relaciones entre las dos Coreas, tensionadas por el recuerdo de la guerra de Corea (1950-1953), de la cual no se firmó un acuerdo de paz.

Para la cumbre de Singapur, la condición previa de Trump es que Kim no realice actos hostiles o profiera amenazas, lo que hasta ahora Pionyang ha obedecido: dice que quiere dialogar y enfrió su lenguaje. En ese marco, el mes que falta para el encuentro, al menos en el papel, parece prometedor.

El tema central será la desnuclearización de Corea del Norte, el casi seguro pedido de Kim de que EE. UU. saque a miles de soldados de bases en Corea del Sur y Japón y que, además, les levanten las sanciones que les están cortando el flujo de recursos.

Pero otros actores también esperan éxito en la cumbre: el principal es Japón, país que está apenas a 1.000 kilómetros de Corea del Norte, aliado de EE. UU. y que, por lo tanto, también ha sido amenazado por Kim.

Al país del sol naciente le conviene un escenario que impida que Corea del Norte siga desarrollando armas nucleares, pero, sobre todo, que permita una distensión entre las dos Coreas, pues garantizaría su seguridad. Pero hay detalles que deben zanjarse.

En la memoria de muchos coreanos (del Norte y del Sur) aún está el recuerdo de la ocupación japonesa, entre 1910 y 1945, de lo que era Corea antes de la división por el paralelo 38, por lo que, pese a ser vecinos, las relaciones (de Corea del Sur y Japón) han guardado con frecuencia algunos recelos por ese hecho histórico.

Aunque la cumbre de Kim y el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, el pasado 27 de abril, fue considerada histórica, si bien ya se habían realizado encuentros en 2000 y 2007, sin éxito, la situación actual prevé que la histórica pugnacidad de Pionyang con Corea del Sur, Japón y Estados Unidos podría haber quedado atrás.

Koichi Nakano, decano y profesor de ciencias políticas de la Universidad Sofía de Tokio (Japón), le dijo a EL TIEMPO que su país no ha desempeñado un papel protagónico en la distensión intercoreana, pues el primer ministro Shinzo Abe “se ha puesto demasiado del lado del presidente de EE. UU.”.

Así, de acuerdo con el académico nipón, “Japón está fundamentalmente marginado en el noreste de Asia y no tiene mucho que negociar con los protagonistas. Sin embargo, es probable que se le pida que asuma gran parte de la ayuda financiera que se destinará a Corea del Norte una vez se haya llegado a un acuerdo”.

Pío García, profesor de la Universidad Externado de Colombia y especialista en temas asiáticos, considera que ese país será llamado a aportar económicamente en el proceso de paz y que “aunque en la campaña Trump manifestó su interés en que Corea y Japón se apropiaran de su seguridad, la salida de tropas no tiene mucho respaldo ni del Pentágono ni del Congreso”.

El académico enfatiza en el hecho de que la distensión coreana “comenzó con gran firmeza, y es probable que el proceso llegue a un acuerdo de pacificación definitiva.

Ello puede tomar un par de años, pero hay factores que lo impulsan de un modo favorable”, como el liderazgo del presidente Moon, la “positiva situación económica de Corea del Sur, la confianza de Kim en la política de Moon hacia el Norte y el respaldo chino al proceso”, entre otros aspectos.

Lo que se juega Trump

Nakano también señala que “Trump necesita sumar puntos en política exterior y Moon ha establecido con éxito el escenario para que Trump quizás incluso reciba el Premio Nobel de la Paz”.

Mario Esteban, investigador principal del Real Instituto Elcano de España y profesor titular del Centro de Estudios de Asia Oriental de la Universidad Autónoma de Madrid le dijo a EL TIEMPO que es “sincero el deseo de Kim Jong-un de solucionar diplomáticamente sus diferencias con Corea del Sur, pero el cómo se interpreta eso en Corea del Norte es muy diferente a como se puede visualizar en occidente”.

Lo clave, según el investigador español es cómo va a afrontar Estados Unidos el diálogo con Corea del Norte en el que se plantearán varias contrapartidas “como por ejemplo sacar a sus soldados de Corea del Sur, o firmar un tratado de paz”, aunque advierte que “la desnuclearización completa será un tema muy difícil de abordar”.

Andrés Macías, docente, investigador y miembro de la Asociación Colombo Japonesa de Exbecarios, Acoje, consideró que “Japón ha tenido un pasado común con las dos Coreas, negativo en ambos casos, aunque menos con Estados Unidos, por lo que no es tan neutral” en la actual coyuntura.

El analista dijo que la potencia asiática “puede cumplir un papel de mediador, pero no neutral”, aunque advirtió que nadie puede ser neutral en una coyuntura como esta.
Nakano advierte que Japón ganará con la paz intercoreana “si el acuerdo es lo suficientemente amplio como para frenar la hostilidad de Pionyang con respecto a Japón. De lo contrario, Japón seguirá estando expuesto a las amenazas de Corea del Norte, incluso después de que se haya alcanzado la paz con Corea del Sur y se abandone el programa de desarrollo de misiles de largo alcance para garantizar la seguridad de los EE. UU. En general, Japón es un gran perdedor en el proceso en curso, y no hay mucho que pueda hacer en este momento para cambiar eso”.

HOLMAN RODRÍGUEZ M.
Redacción Internacional
En Twitter: @holmanrodriguez

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