Asia

Es hora de generar una nueva fase en las relaciones con India

La nación asiática celebra este sábado otro aniversario de su Constitución política (1950).

India

India es una república democrática, soberana, socialista y secular. Es la sociedad más diversa, multilingüe y pluricultural del planeta, con 23 idiomas, religiones a granel y grupos étnicos. 

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EFE

Por: Juan Alfredo Pintos
25 de enero 2019 , 09:10 p.m.

Nueva Delhi se viste de fiesta para celebrar un nuevo aniversario de la promulgación de la Constitución que sustituyó las leyes coloniales, rompió la dependencia de la monarquía británica y convirtió a la India en una república.

La primera frase en la letra del himno nacional sonará, “Jana-Gana-Mana”, “El espíritu de todo el pueblo”; el estruendo de los cañonazos se hará sentir entre el palacio presidencial y la Puerta de la India, los aviones surcarán el cielo cargado de niebla tóxica, y cientos de miles de ciudadanos acompañarán la parada militar y de las culturas regionales con la cual se celebra la efeméride.

El pueblo recordará el gran entierro del Mahatma Gandhi, Padre de la Nación, en ese mismo lugar. También rendirá homenaje a Bhimrao Ramji Ambedkar, el gran líder de los descastados, los intocables, quien fue el presidente del comité encargado de redactar la Carta Magna, una de las más extensas del mundo, la cual define a India como una república democrática, soberana, socialista y secular, estos dos últimos atributos introducidos en enmiendas a posteriori.

Una estructura institucional con gran acento federalista, como corresponde a la sociedad más diversa, multilingüe y pluricultural del planeta, con alrededor de 23 idiomas, donde se profesan muchas religiones en centenas de grupos étnicos, agrupados en 29 estados.

Discusión pública y pluralismo

La Constitución refleja lo que es la nación, tal como lo explica el premio nobel de economía Amartya Sen, natural de Bengala, en su trabajo The Argumentative Indian, citado con gran sentido por Álvaro Enterría, un español indófilo con buena prosa, en su libro La India por dentro: “La India ha sido especialmente afortunada al tener una larga tradición de discusiones públicas, con tolerancia de la heterodoxia intelectual...
“Cuando la India independiente se convirtió en el primer país del mundo no occidental en escoger una Constitución resueltamente democrática, no utilizó solamente lo que había aprendido de las experiencias institucionales en Europa (especialmente Gran Bretaña) y América, sino que también se inspiró en su propia tradición de razonamiento público y discusión heterodoxa”.

Y siempre que nos aproximemos a India, hemos de recordar que hablamos del país de todos los tiempos, de todas las ideas, de todos los credos, de múltiples formas de vida y de comportamiento, del país que nadie debe dejar de visitar antes de hacer su tránsito, para comprender el sentido de la diferencia. De cuando en cuando aparecen tendencias e intentonas hacia el encuadramiento de la nación en el pensamiento único, en la creencia única, en una ideología dominante o en un modo de producción único. No pasan de ser cortos atajos y menores audacias, la esencia heterodireccional, pluralista, con expresiones inigualables de variantes individuales de la existencia humana, prevalecerá.

Este año, el Día de la República tendrá como invitado al presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, dentro de lo que representa un movimiento diplomático interesante del primer ministro Narendra Modi, pues fortalece nexos con su compañero en los BRICS, a la vez que abre las celebraciones que coparán todo el 2019, tanto del sesquicentenario del nacimiento del Mahatma como del centenario del día en que vio la luz Nelson Mandela, conocido popularmente como Madiba.

Sabemos del profundo compromiso de Gandhi con el pueblo sudafricano durante un largo período de su vida profesional, así como del enorme influjo contemporáneo de Mandela en todo el mundo.

Tal circunstancia cronológica es una verdadera inspiración en el 2019, para que Mahatma y Madiba, desde la eterna memoria, refuercen su legado de paz e integración ante la comunidad internacional.

Superar estereotipos

Colombia e India están ante una gran oportunidad para hacer un replanteamiento hacia una nueva fase en sus relaciones bilaterales.

El desconocimiento mutuo entre los ciudadanos de los dos países, así como entre sus dirigentes, acerca de las realidades contemporáneas de las dos naciones, es un obstáculo para profundizar tales relaciones. A menudo se divulgan opiniones livianas de uno y otro lado, apoyadas en estereotipos y caracterizaciones sobre escenarios que han venido experimentando múltiples modificaciones.

Tales visiones fragmentadas repiten la monserga elemental y, cargada de errores, de una India pobre, sucia, maloliente, alienada y desesperada, o de una Colombia violenta, en guerra, controlada por el narcotráfico y víctima del tutelaje imperialista.

¿Y es que todo eso es falso? No exactamente. Simplemente ocurre que las verdades a medias, los enfoques parciales, las enumeraciones en negativo son una gran mentira. Y, para completar el ejercicio distorsivo, encontramos dirigentes de los dos países que pretenden intensificar las relaciones descalificando a la contraparte, cargando el lenguaje de desconfianza.

Un colega diplomático y escritor, con el cual tengo múltiples afinidades, comenzando por la vocación de defensa de las clases y grupos medios en la sociedad, Pavan K Varma, nos ha regalado en su libro Being Indian una frase aplicable de forma pertinente no solo a India, sino también a Colombia: “La realidad india es transparente y opaca simultáneamente”, como la colombiana.

No aporta nada a la construcción de una más fuerte relación bilateral un diálogo sin una mínima retaguardia de conocimiento. Por ello urge interpelar a las élites de los dos países y reclamar una actitud comprometida para obtener una dinámica sostenida e integral, permanente, que alcance la conservación del momentum que durante algunos ciclos hemos logrado, con independencia de coyunturas e influencias externas que no reflejan la vocación de amistad y el espíritu democrático de nuestras naciones, así tengamos claro que la partitura de la democracia se interpreta con diferentes claves y grados de imperfección en cada uno de nuestros países.

Más allá de lo económico

En la esfera económica, por ejemplo, es imperativo entrar en una fase de cualificación de las inversiones, del comercio bilateral y de los intercambios en el ámbito de los servicios, desde la perspectiva de las cadenas de valor y de suministro, así como de las mejoras en la logística.

La fase de las inversiones fáciles está agotada. Los ejemplos de Hero y de United Phosphorous nos indican que es posible hacer mucho más, en el sector de fertilizantes, en las industrias de ingeniería y de maquinaria agrícola y agroindustrial. También en comunicaciones y en industrias 4.0, donde el impulso en las TIC y la cristalización del largamente trabajado proyecto satelital nos ofrecen buenos auspicios.

Es impostergable la organización de misiones con los grupos económicos de primer nivel en Colombia y con los conglomerados indios. Se dice que nuestra oferta es pequeña y poco diversa, pero no se trabaja en la remoción de los obstáculos técnicos.
Y no es una oferta despreciable si se desea avanzar: ahí están los minerales; las piedras preciosas, que se continúan transando por debajo de la mesa, las frutas tropicales, los maderables, los alimentos procesados; el ferroníquel, que un día alcanzó cifras meritorias y daría lugar a un proyecto binacional en acero inoxidable; los servicios tecnológicos y el desarrollo de software; incluso, la industria militar, para no hablar de las industrias culturales, sector en el que hemos sembrado las semillas Citrus sinensis, de la tan en boga economía naranja, en la cual los dos países tienen enorme potencial.

Por eso resulta tan importante la investigación que han empezado a desarrollar ProColombia y la Universidad Externado de Colombia sobre identificación y prospectiva de articulaciones empresariales India-Colombia, la cual nos entregará guías de navegación en los próximos meses.

Entrar en una nueva fase significa implementar una gran agenda de cooperación entre las instituciones. Asuntos como el mapa geológico, el voto electrónico, la identificación biométrica unificada, el cooperativismo agrario, los corredores industriales y el bilingüismo en los dos sentidos cobrarían gran pertinencia e importancia.

Pero también la colaboración institucional de Colombia en temas ambientales, marco jurídico de los servicios públicos domiciliarios, aun proyectos conjuntos en materias como el tránsito informalidad-formalidad, que es bien diferente a la represión o a la formalización en frío como objetivo, o la realización de un gran programa conjunto para cerrar la brecha que ofrece el asunto jurídico en las dos naciones, donde existen abismos entre voluminosos cuerpos de leyes encomiosamente concebidos y los que sin duda constituyen récords mundiales en cuanto a una pobre implementación.

Celebremos entonces el Día de la República India con un renovado impulso de nuestras relaciones bilaterales, con un planteamiento afirmativo que abra las puertas a lo que debe ser una próxima visita del presidente Iván Duque, recogiendo las señales prácticas que nos dejan ver el gran potencial existente y acaso los mensajes metafísicos de respeto y apreciación de nuestras visiones, acudiendo a valiosos inspiradores, recordando la Brihad-aranyaka, una de las grandes Upanishads y cómo Shankaracharya en su riguroso estudio nos habla de los “cien caminos en la vida del gran bosque”, aceptando el llamamiento del papa Francisco en su reciente encíclica Gaudete et Exsultate a “vivir la contemplación también en medio de la acción... en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión”.

JUAN ALFREDO PINTOS
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