Asia

China e India y la hegemonía del Pacífico sur

Dos países con tradiciones culturales y religiosas milenarias podrían entrar en confrontación.

Antigua ruta de la seda

La imagen muestra las carreteras en la antigua ruta comercial de la Seda entre China y la India, en la región de Sikkim.

Foto:

123rf

28 de febrero 2018 , 09:15 p.m.

La confrontación entre los dos países más poblados del globo está enfrentando a la mayor democracia mundial apoyada por Estados Unidos y a la potencia económica de mayor crecimiento y presencia mundial; y lo que hasta ahora se ha limitado a una confrontación económica con leves escaramuzas fronterizas y declaraciones encontradas puede pasar a mayores por la presión de intereses estadounidenses y rusos en la región de los océanos Índico y Pacifico.

Se trata de países con tradiciones culturales y religiosas milenarias y cuya incidencia regional es clara: millones de indios integran la fuerza laboral de Emiratos Árabes, Malasia y Australia, en tanto que la presencia de comerciantes chinos ha sido histórica en Indonesia, Filipinas e Indochina, y la reciente oleada de inversiones chinas se extiende a toda la región.

Hay quienes ven la emergencia de una nueva guerra fría en Asia por esa colisión de intereses. No se trata de un conflicto armado, y puede no llegar a ese estadio, pero están en juego intereses estratégicos, pues todas las importaciones de combustible para China pasan por el océano Índico, lo mismo que los minerales africanos; y ello explica que, por primera vez en 600 años, China haya ingresado a ese océano después del siglo XV, cuando Cheng Ho (Zheng He) llevó sus barcos a través de este océano. Después, China se retiró y no tuvo flota marina hasta ahora, cuando ha vuelto a desarrollarla, causando preocupación en una región donde convergen intereses de las mayores potencias mundiales.

China ha construido su primera base transoceánica en Yibuti, en el cabo de Hornos, en África, con el argumento de utilizarlo contra la piratería, en tanto que Estados Unidos tiene en esa misma región, en la isla Diego García, su más importante base militar ultramarina. Ahora, China está cortejando a pequeñas islas, como Maldivas, Seychelles y Mauricio, con cooperación económica y asistencia militar. Todo ello genera gran preocupación en India, país que ha comenzado una articulación política con Singapur, Australia y EE. UU.

Ruta de la seda sin India

Respecto a las relaciones económicas entre las dos potencias de la región, China ha expresado su extrañeza por el hecho de que India, no obstante haber participado en la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, no esté ahora participando en la Ruta de la seda. De todos modos, resulta evidente que esta crisis afecta seriamente la consolidación del banco de los Brics, del cual ambos países son miembros.

Extendiendo su alcance marítimo, China está entregando recursos a la pequeña villa de pescadores de Gwadar, en Pakistán. Se trata de una amplia ayuda para construir un puerto de aguas profundas que, según supone Estados Unidos, podría ser utilizada en el futuro por la marina china. Con inversión de China se ha construido una escuela, se han entrenado médicos y se han entregado cerca de 500 millones de dólares en préstamos para construcción de un aeropuerto, un hospital, un colegio y plantas de tratamiento de aguas. Esta contaminada ciudad tendrá, entonces, un gran puerto sobre el mar Arábigo, zona de tráfico de barcos de petróleo y gas (The Tele- graph Calcutta, 18 de diciembre de 2017).

De esos préstamos chinos, 239 millones de dólares son para un aeropuerto internacional, y se trata de uno de los mayores desembolsos que China ha hecho en el exterior y expresa una estrategia específica de aproximación a otros países, a través de ambiciosos proyectos de infraestructura que son financiados por sus bancos de desarrollo.

La suma aportada ha sido calificada por Andrew Small (autor de un libro sobre las relaciones China-Pakistán) de “impactante”, y esa generosidad china ha sido vista con suspicacia por India y EE. UU., los cuales suponen que se trata de un plan estratégico de China para retar el dominio naval de EE. UU. y que no se trata de una iniciativa meramente comercial, pero no ha habido comentarios de la cancillería china al respecto.

China y Pakistán, su aliado en la región, ven a Gwadar como la joya de la corona del corredor económico China- Pakistán, parte de la Ruta de la Seda terrestre y marítima, que conectará a más de 60 países de Asia, Europa y África. El plan consiste en convertir a Gwadar en un puerto eje de transbordo construido a lo largo de zonas económicas especiales, concentradas en la exportación marítima de bienes a todo el mundo.

Andrew Small, quien trabaja para la fundación alemana Marshall en Washington, destaca el hecho de que Gwadar no es solo una propuesta estratégica, sino que, además, formará parte de una red de oleoductos, carreteras y trenes que conectan a Gwadar con las regiones occidentales de China. El comercio de ese puerto crecerá desde 1,2 millones de toneladas en 2008 hasta 13 millones en 2022 (Times of India, 18 de diciembre de 2017).

China busca profundizar el calado de dicho puerto hasta 20 metros, con cinco muelles de parqueo, pero enfrenta duros retos:no hay agua potable, son frecuentes los cortes de energía y los rebeldes amenazan los proyectos chinos en Gwadar y el resto de Beluchistán, provincia rica en minerales en la región más pobre de Pakistán.

Por todo ello, China está tratando de superar la desconfianza de los opositores en Beluchistán, donde los indígenas baloch temen el influjo de otros grupos étnicos y extranjeros, y, como expresó el legislador local Essar Nori, “la población local no está satisfecha”, y advierte que los separatistas están aprovechando esa insatisfacción.

Las autoridades pakistaníes en Gwadar piden paciencia a los pobladores mientras se construye la planta de desalinización y de energía; y este plan contrasta con un proyecto similar en Sri Lanka, donde el poblado de Hambantota fue transformado en un puerto complejo, con deuda tomada de China. Sri Lanka acaba de entregar a China la operación de ese puerto por 99 años de arriendo a cambio de préstamos en condiciones blandas, lo cual ha generado protestas por la cesión de soberanía, al tiempo que India sostiene que ambos puertos son parte de la estrategia china de ‘cercar’ a India con su creciente poder naval.

India está sufriendo varios reveses en su entorno por la creciente presencia china y ha dicho que espera que Maldivas y Sri Lanka tengan en cuenta las preocupaciones de India. Recientemente, Maldivas firmó un tratado de libre comercio con China, y, aunque su contenido no se ha hecho público, la India ha declarado que otorga máxima importancia a sus relaciones con Maldivas, pues “nuestros países han tenido históricamente vínculos de civilización a nivel de pueblo a pueblo. Y estamos comprometidos en apoyar la democracia, el desarrollo y la estabilidad en las Maldivas”. Así mismo, India ha declarado que confía en que, como vecino amistoso, Maldivas será sensible a las preocupaciones de India, manteniendo su política de ‘primero India’, según expresó Raveesh Kumar, vocero de la cancillería india.

El expresidente de Maldivas y líder del partido principal de oposición Mohamed Nasheed ha sostenido que ese acuerdo con China no está en contra del interés nacional de su país, pero que podría trastornar las tradicionales alianzas de este, causando tensiones en la región. (The Times of India, Bombay, 15 de diciembre de 2017).

La entrega por parte de Sri Lanka del estratégico puerto de Hambantota por 99 años como forma de pago de su deuda con China es vista por los críticos como una afectación de su soberanía. Sri Lanka ha debido endeudarse por más de 8 billones de dólares con empresas chinas controladas por el Estado, y, aunque Sri Lanka ha estado históricamente en la órbita de India, en los años recientes sus relaciones con China se han fortalecido.

China entregó cuantiosos préstamos para proyectos de infraestructura al anterior gobierno de Mahinda Rajapaksa, acusado de graves violaciones de los derechos humanos en la parte final de la guerra interna que terminó con el acuerdo de paz con los tigres tamiles (Times Global Mumbai, 13 de diciembre de 2017).

China comparte fronteras con más países que ningún otro del mundo y ha resuelto las diferencias con Birmania, Nepal, Corea del Norte, Mongolia, Pakistán y Laos; y ha llegado a acuerdos con antiguos enemigos, como Vietnam y Rusia.

Concepción geopolítica del Presidente Trump

En su Estrategia de Seguridad Nacional, promulgada recientemente, Trump menciona 33 veces a China como adversario estratégico, en tanto que trata de modo favorable en 7 menciones a India, como su aliado clave en la región Indo-Pacífica. En dicha estrategia se sostiene la tesis de que “China y Rusia desafían el poder americano, su influencia e intereses; buscando erosionar la seguridad y prosperidad americana”, frente a lo cual China lanzó una poderosa defensa de su desarrollo pacífico (Herrera, ‘Trump define aliados y rivales’, Portafolio, 21 de enero de 2018).

De todo ello, resulta claro que el gobierno de Trump percibe ahora a China como su competidor global, y lo señala de estar tratando de sacar a Estados Unidos de Asia, y esto marca una clara diferencia con sus antecesores, quienes creían poder mantener un entendimiento amigable con China, evitando los conflictos.

Por el contrario, al describir a India como un “nuevo poder global”, Trump ofrece profundizar la asociación estratégica con dicho país y ofrece apoyar su liderazgo para mantener la seguridad en el región Indo-Pacífica, asegurando que buscará incrementar la cooperación cuadrilateral con Japón, Australia e India. Respecto de la estrategia de Nueva ruta de la seda, Trump asegura que Estados Unidos “ayudará a los países del sur de Asia a mantener su soberanía mientras China aumenta su influencia en la región”, al tiempo que califica las acciones de China en Sri Lanka y Maldivas como un esfuerzo de encerrar a India. (Herrera, ibid.).

En suma, los analistas del lado indio estiman que las inversiones de China en esa amplia red de puertos en todo el mundo son algo más que una cadena de suministro, en tanto que la cancillería china ha llamado a Trump a no regresar a una mentalidad de guerra fría, a reconocer el ascenso pacífico de China y a explorar áreas de común interés en las que pueden tener cooperación.

No cabe duda de que estamos asistiendo a un rediseño del poder geopolítico en el extremo oriente del mundo, y las tendencias en curso tienen una perspectiva de largo plazo, por lo cual no cabe esperar un retorno al control hegemónico que sobre dicha región mantuvo Estados Unidos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

BEETHOVEN HERRERA VALENCIA
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