Mundial Rusia 2018

Rusia 2018: ¿un mundial atípico?

El torneo de las sorpresas. No fue tan así. Los que pelearon título tenían antecedentes. Análisis.

Selección de Francia

Los jugadores de la selección de Francia levantan el título de campeones del mundo.

Foto:

Mauricio Moreno /EL TIEMPO

21 de julio 2018 , 06:48 p.m.

La mayoría de los comentaristas en el mundo, han definido a Rusia 2018 como, quizás, el mejor en la historia de esa justa deportiva. Naturalmente, Vladimir Putin y Gianni Infantino –presidentes de Rusia y de la Fifa, respectivamente han cacareado hasta la saciedad que este mundial brillará con luz perpetua en el firmamento futbolístico global. No se podría esperar nada distinto de estos dirigentes. Están defendiendo lo suyo, pero cabe preguntarse si realmente fue así.

Si se miran los resultados objetivamente, dejando de lado la euforia de las supuestas sorpresas que se dieron y las categorías preconcebidas sobre quién es quién en el fútbol mundial, se puede llegar a una conclusión diferente a la de que este torneo tiene un carácter excepcional.

Cuando se observa el listado los países que llegaron a cuartos de final –en contraste con sus participaciones previas– se aprecia que todos los que llegaron a ese nivel en el 2018, sin excepción, estuvieron en esa condición por lo menos una vez en otro mundial anterior (véase “Historial de los equipos en cuartos de final”).

Por ejemplo, ese ejercicio revela la importancia histórica de Suecia en los mundiales, un hecho que le quita mucho al factor sorpresa a su desempeño. A pesar de haberse independizado en 1991, Croacia ya tenía previo a este Mundial un tercer lugar en 1998. Si se le suma la experiencia mundialista de Yugoslavia, el recorrido es mucho más notorio. Es decir, no estamos hablando de equipos ‘milagro’, sino de selecciones consistentemente superiores.

Los cuatro semifinalistas no han sido extraños a los lugares de honor. En términos de jerarquía, dos campeones mundiales estuvieron disputando la Copa –Inglaterra y Francia– y en compañía de dos equipos que llegaron a este torneo con una generación dorada de futbolistas –Croacia y Bélgica–.

La ausencia de un equipo latinoamericano en semifinales –que se usa como prueba de la extravagancia del último mundial– tampoco ha sido inusual. Esto ya ha ocurrido en cinco ocasiones: 1934, 1966, 1982, 2006 y 2018. La ausencia latinoamericana ha ocurrido prácticamente la mitad de las veces que el torneo se ha disputado en Europa. Que Argentina, Brasil, Colombia, México y Uruguay no llegaran a semifinales fue un cimbronazo para la región, pero no es tan raro como parece.

La sorpresa colectiva en el 2018 también se alimentó de la eliminación temprana de campeones mundiales –Alemania, España o Argentina– sumado a que Italia no logró clasificarse esta vez. El único campeón que no logró clasificar en su grupo (de hecho, quedó de último en la zona F) fue el defensor del título, Alemania. Brasil es el único campeón desde 1994 que ha logrado superar la fase de grupos mientras defendía el título.

Individualidades o equipos

Todo mundial tiene sus estrellas, que han confirmado su estatus y superioridad jugando en los principales clubes del mundo. El que equipos con jugadores de primer nivel –‘top 20’ en valor integral de mercado– fueran eliminados en etapas tempranas y que equipos sin sus figuras –Suecia, sin Zlatan Ibrahimovic– hayan figurado, abre una discusión valida en torno a la importancia relativa de los grandes jugadores en un mundial; en contraste con la capacidad técnica colectiva de los equipos y de sus directores técnicos (véase ‘Equipos eliminados con figuras top’).

Nadie desconoce la importancia de los astros en un equipo ya que han llegado a esa condición después de un proceso de selección feroz y altamente competitivo. Estos cracs, generalmente, hacen honor a su nombre. Los profesores Kuper & Szymanski encontraron que existe una correlación directa entre el gasto en salarios y rendimiento deportivo, arguyendo que es un mercado perfecto. A un futbolista le están midiendo cada paso en cada entrenamiento, está bajo el escrutinio implacable de expertos y aficionados cada fin de semana. En la mayoría de los casos, los jugadores que mejor juegan son los que más ganan.

En ese sentido, dejando de lado los ídolos más obvios, mirando las selecciones nacionales, no es de sorprenderse que los cuatro semifinalistas tengan en sus plantillas jugadores que suman las diez más costosas selecciones del mundial, medido por la suma del valor aproximado de mercado de cada uno de sus jugadores.

Francia tiene la nómina mejor valorada, Inglaterra es cuarta, Bélgica sexta y Croacia, un país que apenas supera los cuatro millones de habitantes, novena. El valor de la plantilla de Colombia es de 284 millones de euros y se ubica en la posición 13.

Dávinson Sánchez y James Rodríguez representan el 43 por ciento del total de nuestra selección nacional con un valor de 40 y 81 millones, respectivamente. Colombia tiene buenos jugadores, pero pocos astros reconocidos en el contexto mundial. Una golondrina no hace verano. Por eso no sorprende que las plantillas más valiosas que cubren a más jugadores del equipo aportan a la victoria (véase ‘valor del mercado’.

En este Mundial se vieron dos corrientes. Los técnicos que armaron sus equipos en torno a sus astros –Argentina, Portugal, Brasil, Colombia, por ejemplo– y aquellos que le dieron prioridad al desempeño colectivo. Para los primeros, su despliegue táctico está centrado en una solución individual, en la cual el resto del equipo gravita en torno a la estrella. La segunda escuela es la de aquellos técnicos en el que el equipo es un conjunto dónde todos tienen un rol determinado para alcanzar la victoria, y los astros están integrados a la estrategia colectiva. Los cuatro finalistas tienen una buena mezcla de las dos tendencias: un espectro de jugadores valiosos, no solo un astro, actuando en el contexto de estructuras estratégicas colectivamente disciplinadas. Colombia parecería fluctuar entre un extremo y otro en esas materias.

¿Cómo se gana un mundial?

Para ganar un mundial hay que cumplir con tres condiciones: jerarquía, bagaje individual y equipo. La jerarquía se construye a través de procesos de largo plazo que involucran ganar y perder partidos importantes e involucra a todo el universo futbolístico –prensa, afición, cuerpo técnico, gobierno, jugadores– de una nación. El bagaje individual está marcado por lo que hace cada una de las figuras en sus equipos semana a semana. Se determina por la importancia de las ligas y equipos donde juegan, así como el rol que cumplen los jugadores en éstos. Por último, el “tener equipo” hace referencia al rol del cuerpo técnico, el manejo de grupo, los líderes, la estrategia, la táctica en el campo, el trabajo de pelota parada y el uso adecuado de la plantilla frente a un rival.

Cuando se mira a Colombia se observa que es una selección que marcha en la dirección correcta en las tres dimensiones, pero hace falta mucho trabajo para lucirse en Catar 2022. Han pasado cosas importantes, algunas han tenido efectos positivos no previstos. La consistencia y permanencia de Pékerman le dio unidad y largo plazo al concepto técnico. La erradicación del narcofútbol libero a los actuales jugadores de los modelos deportivos perniciosos del pasado. Los muchachos se han ganado casillas importantes en las ligas mundiales. Tenemos los fundamentos. Si el país como un todo se lo propone, Catar 2022 puede ser excepcional para nuestro seleccionado.

 


Gabriel Silva
Analista y columnista de EL TIEMPO.

Diego Atuesta
Administrador de empresas, MBA en Fútbol
de la Universidad de Liverpool.

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