Mundial Rusia 2018

Francia, el campeón del mundo, un vencedor merecido y potente

Fue un seleccionado práctico y efectivo, que venció 4-2 en la final a una Croacia voluntariosa.

Francia celebra su segundo título mundialistaLa Selección de Francia cumplió el objetivo, el equipo de Didier Deschamps se conviernte en el campón del Mundial de Rusia 2018. En el estadio Olímpico de Luzhinkí los 'galos' se convierten en bicampeones del Mundo.
Selección de Francia

Mauricio Moreno /EL TIEMPO

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
16 de julio 2018 , 09:16 a.m.

Este comienzo siempre será por el final. Por la euforia de los victoriosos que acaban de cortarle la cabeza a la serpiente y por la tragedia de los derrotados que muerden su derrota entre lágrimas en el campo de batalla en el que acaban de caer. El contraste permanente que es la vida: el blanco el negro, el ying y el yang, la luz y la sombra.

Los franceses corren poseídos por la locura de triunfo en estadio Luzhniki. Ya son bicampeones del mundo, ya son Napoleón reclamando las llaves del Kremlin, ya son parte de la historia. Acaban de vencer 4-2 a Croacia y la Copa del Mundo es suya.

Giroud se revuelca en el pasto como un niño en un arenero y Mbappé ríe con una sonrisa infinita, amplia, transparente de niño, del niño de 19 años que es. Pogba, Matuidi y N’zonzi lideran un baile de brincos al compás de la música de moda en las discotecas que retumba desde el cielo del estadio.

En esa comunión de victoria van hasta detrás del arco norte donde están los hinchas que gritaron hora y media antes esa Marsellesa que pone la piel de gallina, piden y reciben las banderas tricolores, las del azul y el rojo en los extremos, los colores del escudo y la bandera de París, y el blanco en el centro, el de la monarquía, ordenados así por el Marqués de Lafayette. Ahora, sus impensados tataranietos negros con sangre y músculos africanos clavan esas banderas en Rusia y las ondean y las agitan…

Los croatas son duros. La guerra los ha hecho así. El portero Subasic llora, pero la mayoría se queda de pie, como cayeron, como jugaron el mundial, firmes y con caras de disgusto, tristeza y rabia. Como Vida y Mandzukic que se reclaman algo y se manotean. Modric no llora, Rakitic, tampoco. Menos Perisic o Brozovic, el de las canillas de hacha.

Su pueblo, en sur, ha callado por un momento la fiesta de saltos y brincos de consuelo y reconocimiento que hizo justo antes del último pitazo. Una algarabía de orgullo en la derrota. Modric se quebró, pero siguió firme cuando recibió el trofeo al mejor jugador del mundial. Ese no era el trofeo que quería… Y sus compañeros recibieron con él entre amargura y dolor esa medalla de plata que pesa en el cuello como un yunque.

La final, como el Mundial

La historia la escriben los vencedores. Y Francia es un vencedor merecido y potente. Una máquina de eficiencia y potencia, de talento en contragolpe, de efectividad a la velocidad del rayo. Francia es la seriedad defensiva de su zaga, el pragmatismo de su sistema de seguridad de su técnico, Didier Deschamps, que hoy es campeón del mundo como lo fue de volante de marca en 1998. Hoy él también escribe su historia como uno de los hombres que han levantado la Copa como jugador y entrenador al lado de las leyendas Mario Zagallo y Franz Beckenbauer.

Esta final escribió la historia exacta de lo que fue este Mundial de Rusia desde el partido uno a este, el 64, el de la final, el de la Copa del Mundo. Francia le entregó la pelota a Croacia y los volantes de Croacia pusieron la iniciativa ofensiva, se quedaron con el 61 por ciento de la tenencia del balón en el primer tiempo y se fueron perdedores al descanso: 2-1, con tres goles todos nacidos en la pelota quieta, otra marca de esta Copa.

La historia del Mundial, ya escrita, ponía al fútbol de la final una vez más en la fotocopiadora.

El partido salió calcado a lo imaginado. Croacia puso el juego en la sartén llevando el sostenido juego por el centro, a alguna corrida por las bandas y calentando con centros y hasta un pelotazo frontal el área de Francia que, por su parte, buscaba el hielo en la nevera pues la presión croata derretía a Kanté y Matuidi en el centro para sacar al equipo con el primer pase para el contragolpe.

A los 18 minutos, Rakitic falló un túnel con el grandote y acaba ropa de Giroud. Mbappé intentó una gambeta y Griezmann fabricó una falta que compró Néstor Pitana, el árbitro argentino. Tiro libre y autogol de Mandzukic que peinó la pelota que quiso rechazar. El Mundial repisaba lo ya escrito. Croacia llegó al empate, diez minutos más tarde, por un remate del valiente Perisic, un zurdazo de fuego, que fue la puntada final a otro jugada de laboratorio en balón parado: tiro libre a la banda contraria, Modric centra, Vrsaljko peina; Vida, de espalda, la baja y Perisic queda de cara al arco .

El Mundial del videoarbitraje lo tuvo en la final y para Francia, con el que lo estrenaron en su debut contra Australia, con el que lo ratificaron en la final del título mundial. Ambos fueron penaltis, ambos fueron goles de Griezmann. Este, por una mano de Perisic que no vio Pitana.

El VAR ya existe por el bien del fútbol. A los 38 minutos, Griezmann pensó en patearlo picado, como confesó después. Pero prefirió asegurarse. Esta Francia no es de lujos y también ya había escrito esta historia de victoria tecnológica.

El partido se acabó de verdad en seis minutos entre el 59 y el 56, cuando Pogba, con un doble remate en la frontera del área, y Mbappé, también con un latigazo de media distancia, liquidaban a Croacia 4-1.

La victoria ya estaba escrita con un equipo que en un parpadeo, como sin darse cuenta, goleaba y que se permitió en una final del Mundo dar un regalo de su portero y capitán Hugo Lloris, que quiso eludir a Mandzukic y él terminó burlado. 4-2. La final con más goles desde 1966.

El final de esta nota siempre será el final de fiesta de papel dora picado, pólvora, que a pesar del aguacero con el que Moscú despidió su Mundial, iluminaron a los franceses que levantaban la Copa del Mundo, una que escribieron ellos, los vencedores, con su fútbol de esperar y contragolpear, de efectividad y orden, de músculo y cabeza fría. Hay un campeón distinto y su nombre se escribe primero con la efe de fuerza y termina con cia de gracia. ¡Francia!

GABRIEL MELUK
Enviado especial de EL TIEMPO
Moscú
En Twitter: @MelukLeCuenta

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