Fragmento del libro Los chats secretos de la banda del ‘narcojet', de Martha Soto - Investigación - Justicia - ELTIEMPO.COM
Investigación

Las conversaciones secretas de la banda del ‘narcojet’

Martha Soto revela en su nuevo libro cómo opera la red que exporta coca a Europa y EE. UU.

Implicados en el ‘Narcojet’

Un ‘jet’ de 60 millones de dólares, camionetas blindadas y un falso policía sirvieron para sacar media tonelada de coca por El Dorado.

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EL TIEMPO

Por: EL TIEMPO
14 de noviembre 2018 , 11:55 a.m.

Las conversaciones vía WhatsApp a través de las cuales se coordinó el envío hacia el Reino Unido de dos lujosos ‘narcojets’ repletos de cocaína, documentos secretos de cómo opera el inframundo de los aeropuertos que usa la mafia para sacar droga y hasta intimidades de la vida de los albañiles y peluqueros europeos usados para transportarla hacen parte de la nueva investigación de la periodista de EL TIEMPO Martha Elvira Soto Franco.

Tras un año de investigación periodística y de obtener acceso a documentos clasificados y a investigadores locales y de agencias extranjeras antimafia, la editora de la Unidad Investigativa de este diario describe episodios inéditos sobre las organizaciones transnacionales albanas, rusas, españolas y alemanas que le están sacando partido a la bonanza cocalera en la que Colombia está inmersa.

EL TIEMPO publica un fragmento de su libro ‘Narcojet’, editado por el sello Aguilar de la editorial Pinguin Randon House.

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Un agente del servicio secreto británico, identificado con el código oficial 22, se encargó de notificarle a Colombia que un puñado de albañiles y peluqueros europeos, sin empleo, acababan de burlarse de todas las autoridades aeroportuarias de Colombia y habían sacado en sus narices media tonelada de cocaína de alta pureza en un lujoso ‘jet’ que venía del aeropuerto El Dorado de Bogotá.

Según le informó al capitán Juan Sebastián Murcia Garay, jefe de Policía Judicial de la Unidad Investigativa del aeropuerto, bitácoras y radares indicaban que los traquetos de palustre y tijeras habían despegado a las 22:30 de la noche del viernes 26 de enero de 2018 y, después de atravesar el océano Atlántico con el monumental alijo, aterrizaron en el aeropuerto Farnborough, en el sur de Inglaterra.

Aunque el tono usado por el agente británico fue diplomático, era evidente que estaba conminando a Colombia a que explicara cómo la mafia había podido evadir al menos cinco controles aeroportuarios para introducir cocaína en un avión de 60 millones de dólares sin que nadie lo hubiera detectado. La banda detrás del envío fue tan temeraria que aterrizó el ‘jet’ en el Farnborough, una vieja base militar inglesa que sirvió a la resistencia durante la Primera Guerra Mundial y se había convertido en el aeropuerto ejecutivo más importante de la región.

Colombia explicara cómo la mafia había podido evadir al menos cinco controles aeroportuarios para introducir cocaína en un avión de 60 millones de dólares sin que nadie lo hubiera detectado

La bitácora señalaba que la compañía que operó el vuelo, tipo chárter, era Tyrolean Jet Services, que cobró 200.000 euros por poner a volar hacia Suramérica su moderno Bombardier Global Express, BD700, de matrícula OE-IEL.

El alquiler incluía a la tripulación, compuesta por una piloto, un copiloto y una linda sobrecargo austriaca que sirvió un ‘inflight catering’ con vino y abundante comida de mar.

El informe que le llegó a la Policía Antinarcóticos, con el visto bueno de la embajada británica en Bogotá, también aseguraba que la compañía que había prestado sus hangares para que el narcovuelo se recargara de combustible y pernoctara en Bogotá era Central Chárter de Colombia SAS, un dato que desconcertó a las autoridades locales e, incluso, a agentes de la DEA apostados en la capital. Hacía apenas cinco meses, esa misma empresa, de propiedad del millonario industrial paisa Gabriel Echavarría, participó en un operativo secreto, clasificado como humanitario y de alta prioridad: mover a la fiscal venezolana Luisa Ortega, perseguida por el régimen de Nicolás Maduro.

Ahora, esa misma firma, reconocida en Norteamérica por sus talleres y laboratorios de aviónica, era la piedra angular de la investigación del ‘narcojet’, bautizada Bilker, que asumieron cinco agencias: Scotland Yard y la National Crime Agency (NCA), por el lado de Gran Bretaña; la DEA gringa, y por Colombia, la Policía Antinarcóticos y la Fiscalía General, en cabeza de Néstor Humberto Martínez.

Jefferson Montealegre, un curtido investigador, fue comisionado para liderar la inspección a Central Charter el mismo día en que llegó la alerta de los británicos, el 30 de enero de 2018.

(...) Según registros oficiales, en sus hangares han pernoctado desde aviones de vigilancia de la Fuerza Aérea Colombiana hasta el jet de los Parodi, poderosos y respetados empresarios portuarios del país. También es base del avión de un  importante empresario agroindustrial e inmobiliario y del dirigente deportivo Jaime Pineda. Este último, miembro de la Federación Colombiana de Fútbol, accionista del equipo Once Caldas y de la empresa Kenworth de la Montaña, incluso hizo los contactos necesarios para que el chárter del suizo Gianni Infantino, presidente de la FIFA, aterrizara en esos hangares.

(...) La prioridad fue establecer quiénes habían contratado el vuelo, clasificado como Fixed Base Operator (FBO), o de Base de Operación Fija. Pero se pidió, de paso, el listado de los empleados que habían estado esa noche en los hangares y se estableció un primer indicio. La persona que aparecía permitiendo el ingreso de los cinco pasajeros del Bombardier que habían sido detenidos en Londres era la jefe de operaciones o despachadora de la empresa, Luz Dary Espitia.

La mujer, madre soltera de 35 años, se mostró muy segura en la entrevista con los investigadores e incluso ayudó a elaborar un par de retratos hablados de los sujetos que llevaron hasta la empresa el estupefaciente junto con los pasajeros del ‘jet’. Además, su hoja de vida era impecable (...) No registraba llamados de atención, tan solo un par de deudas que demostraban que era una trabajadora normal y cumplidora. Una de ellas, con una entidad que le hizo un préstamo para adquirir el apartamento, y con el concesionario en el que sacó a plazos su carro Logan rojo. Sobre su expareja solo se decía que era un supuesto y apuesto piloto venezolano del que nunca se volvió a saber.

Los mensajes

No obstante la seguridad de Luz Dary cuando la fueron a interrogar y la reputación que la precedía, la fiscal 42 especializada contra el lavado, Ángela Lorena Daza Díaz, pidió una orden judicial para interceptar su celular y empezó a encontrar información que inquietó a los investigadores. La empleada sostenía charlas con un hombre identificado como Alexánder Arias, y en una de ellas, del 20 de enero de 2018, era evidente que estaban hablando de negocios.

(...) Luz Dary Espitia tenía registrado en su teléfono Huawei a Alexánder Arias, a quien llamaba ‘Alesito’, y a través de un análisis forense, los investigadores comenzaron a recuperar conversaciones sostenidas desde el 8 de diciembre de 2017.

(...) Aunque la mujer borró teléfonos y chats justo después de conocerse la noticia del decomiso de la media tonelada en el Farnborough, expertos de la Fiscalía y de la Policía recuperaron y extrajeron la información almacenada en la SIM- card y en el celular Huawei ALE-L23 P8 que cargaba. En el aparato encontraron varias conversaciones comprometedoras con ‘Alesito’ en donde era evidente que hablaban del vuelo que había salido en diciembre y de los planes para sacar otro ‘narcojet’.

Una de las charlas encontradas por los investigadores se registró, vía WhatsApp, a las 5:35 de la tarde del 12 de diciembre de 2017, un día después del envío del primer cargamento.

Luz Dary: Nada especial. ¿Cómo le acabó de ir a mi amiguito con los perfumes?

Alesito: Súper, súper. Ya entregaron, y la gente muy feliz. Con los regalos para diciembre.

El 4 de enero de 2018 se volvieron a comunicar y esta vez fue ‘Alesito’ quien buscó a Luz Dary. Hacia las 2:44 de la tarde le envió un mensaje en el que, según los investigadores, era claro que cuadraban el segundo envío de cocaína hacia Europa.

Alesito: Saludos al chiqui, si puedes me avisas cómo estás este mes para cuadrar paseíto.

Luz Dary: Después del 16 te aviso, ¿sí?

Alesito: Te tengo el regalo de Reyez (sic). Pero como que no necesitas. Je je je.

Luz Dary: Sí, necesito. Jajajá.

Alesito: Si quieres te mando. Pásame los datos, te paso un presente.

Luz Dary: ¿Te paso mi cuenta? ¿Te queda fácil Itaú?

Alesito: Yo soy Bancolombia, el que era Helm Bank (sic).

Luz Dary: ¿Puedes hacer transfe?

Alesito: Yo averiguo, fresca.

Pero el tono cálido y entusiasta de las conversaciones cambió el 31 de enero de 2018, luego de incautarse la droga en Londres. De nuevo, Arias fue quien buscó a la empleada hacia las 11:51 de la mañana de ese miércoles y la encontró alterada.

Alesito: ¿Qué tal, cómo va todo, y el chiquis?

Luz Dary: Muy preocupada con lo que pasó en la empresa.

Alesito: Con lo de la empresa, pues sí, qué maluco todo eso, pero, pues ustedes hicieron su trabajo como siempre. Eso solo salió por noticias, de ahí no hay nada más. Alguien me comentó que eso de ahí no pasa nada, pues no ocurrió nada aquí sino en otro país.

Luz Dary: ¿De por casualidad (sic) conoces a un buen abogado?

Alesito: Ahh, cómo así, ¿qué pasó?

Luz Dary: Me llegó una citación para el lunes y tengo que llevar apoderado.

Alesito: A Trankila (sic), yo te ayudo. Pero igual ustedes no tienen nada que ver. Te voy a buscar uno. Ustedes hicieron su trabajo como siempre.

Luz Dary: Sii, pero lo necesito yaa (sic).

(...) Para los investigadores locales y foráneos ya era evidente que la mafia estaba echando mano de los privilegios de los costosos vuelos chárter para sacarle partido al superávit de cocaína que Colombia empezó a registrar desde 2013. Ese año arrancó el proceso de paz con las Farc, luego se frenó la aspersión de matas de coca con glifosato, los llamados narcocultivos aumentaron de manera exponencial y empezaron a aparecer los ‘narcojets’ en Europa (...).

El tono cálido y entusiasta de las conversaciones cambió el 31 de enero de 2018, luego de incautarse la droga en Londres

Datos sobre la autora

Martha Elvira Soto Franco es periodista del diario EL TIEMPO desde 1994 y dirige su Unidad Investigativa desde 1998. Es magíster en Estudios Políticos y experta en cobertura de temas de narcotráfico, paramilitarismo y corrupción estatal y privada. Es instructora de la Escuela de Periodismo de esta casa editorial y analista de Citytv y EL TIEMPO Televisión. Ha sido conferencista de fundaciones como el Centro Carter y la SIP en temas de lavado de activos y cobertura del narcotráfico. Y por su labor, ha sido investigadora invitada del canal Al Jazeera y de producciones para Netflix sobre narcotráfico. La reportera ha ganado más de 20 premios de periodismo, entre ellos el Global Shining Ligth, 2015, y el CPB en 2017 por su libro Velásquez, el retador del poder. Además, es autora de ‘La Viuda Negra’ (2013), ‘Los caballos de la cocaína’ (2014), ‘El renacimiento de Natalia Ponce’ (2015) y ‘Los goles de la Cocaína’ (2017).

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