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26 personas tienen la misma riqueza que casi la mitad de la humanidad

Entre 2017 y 2018 surgió un nuevo multimillonario cada dos días, según informe de Oxfam Intermón.

Riqueza en el mundo

La riqueza de los milmillonarios creció a un ritmo vertiginoso en 2018.

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Archivo EL TIEMPO - Aamir Qureshi / AFP

Por: Julia Alegre Barrientos
27 de enero 2019 , 02:43 p.m.

Mientras los presidentes de las principales potencias mundiales se reúnen estos días en Davos (Suiza) para debatir sobre los grandes problemas que aquejan el mundo y acordar una hoja de ruta conjunta para atajarlos, Oxfam Intermón ha publicado su informe anual sobre desigualdad económica.

Los titulares que se extraen del documento son varios y todos preocupantes. Pero quizá, el que más llama la atención es el que confirma que el mundo no es hoy un lugar más justo. Los pobres son ahora más pobres y los ricos, más en número y más pudientes que nunca. La ONG asegura que entre 2017 y 2018 surgió un nuevo multimillonario cada dos días y que la riqueza se concentra cada vez en menos manos.

El resto de cifras no se quedan atrás: los 26 individuos que acumulan las mayores fortunas del planeta poseen más dinero que el que suman en conjunto las 3.800 millones personas más pobres, casi la mitad de la población mundial, establecida al primero de enero del 2019 en algo más de 7.678 millones.

Haciendo un comparativo: el 1 por ciento del patrimonio de Jeff Bezos, fundador de Amazon y el hombre más rico del mundo según Forbes, con una riqueza establecida en 112 mil millones de dólares, equivale a la totalidad del presupuesto sanitario de Etiopía, con una población de 105 millones. Pero hay más: 3.400 millones de personas en todo el planeta viven actualmente con menos de 5,5 dólares al día y en riesgo de pobreza extrema.

La riqueza de los milmillonarios creció a un ritmo vertiginoso en 2018: 2.500 millones de dólares al día (900 mil millones al año), un 12 por ciento más que en el 2017. Ni la crisis económica iniciada en Estados Unidos en 2008 y que se extendió al resto de economías empujada por la globalización de los mercados fue capaz de poner un alto en esta tendencia: el número de multimillonarios se ha duplicado en tan solo una década. El poder adquisitivo de las personas más pobres, en cambio, se redujo un 11 por ciento. En el prólogo del informe, Gro Herlem Brundtland, ex primera ministra de Noruega, tacha esta situación “de catástrofe”.

“El sistema económico actual no funciona. No estamos protegiendo las políticas públicas que sabemos que dan resultados: acceso universal a salud, educación y protección social. El 60 por ciento de la reducción de la desigualdad y la pobreza se explica por la inversión pública en estas áreas”, indica Rosa Cañete Alonso, coordinadora del Programa de Lucha contra la Desigualdad y la Captura del Estado de Oxfam para Latinoamérica y el Caribe.

Mario Aller, profesor de Relaciones Internacionales y analista político, considera que la desigualdad es inevitable, algo que también subraya el informe de la ONG. Para él se trata de una elección política de los gobernantes que, a nivel global, perpetúan el eterno enfrentamiento Norte-Sur (norte rico, sur pobre) y, a nivel nacional, los intereses de la élite.

“Si se quiere contrarrestar esta situación, hay que plantear quién lo va a hacer, y esos son los mismos políticos que tienen intereses privados y defienden sus puntos de vista. En los países ricos, por ejemplo, vende mejor el concepto de caridad que el de solidaridad con el vecino del sur. Le ayudo, pero nunca le voy a dar tanto para que esté a mi nivel, y el principal problema es que todas las reformas están diluidas en esa idea”, indica.

Un mal global

El papel que en este panorama juegan la corrupción y la fuga de capitales es determinante, según el documento de Oxfam, que añade que los impuestos son uno de los principales mecanismos para reducir la desigualdad y la pobreza.

Sin embargo, agrega la ONG, las grandes fortunas –y las multinacionales más rentables– no tributan lo que deberían: cada año ocultan a las autoridades fiscales unos 7,6 billones de dólares y eluden el pago de aproximadamente 200 mil millones en concepto de impuestos. Montos que podrían redirigirse a garantizar el acceso universal a derechos básicos.

Evidencias en este sentido, como las que sacó a la luz la investigación periodística de los Panama Papers, demuestran que la lucha contra la evasión y la corrupción debe ser una prioridad mundial. Hasta el Fondo Mundial Internacional, poco dado a hacer recomendaciones en cuestiones tan engorrosas como estas, que pueden ser vistas como una injerencia a la soberanía de los Estados, anunció en abril que comenzará a abordar estos temas en sus informes sobre países.

La razón que argumentó en ese momento su directora general, Christine Lagarde, fue que “a mayor corrupción, menor crecimiento”. Una premisa que ya defendía el economista escocés Adam Smith cuando decía que “ninguna sociedad puede prosperar y ser feliz si la mayoría de sus miembros son pobres”.

En los últimos años también han aumentado las voces de economistas, intelectuales y defensores de derechos humanos que abogan por crear impuestos sobre la riqueza mucho más contundentes para aquellos que están en mejores condiciones de tributar. En Estados Unidos, por ejemplo, la recién llegada congresista Alexandria Ocasio-Cortez ha propuesto una tasa de entre el 70 y el 80 por ciento para los que más ganan que tiene a los republicanos escandalizados.

La principal barrera que encuentran este tipo de medidas para salir adelante es, de nuevo, de naturaleza política: existe una estrecha relación entre las élites que gobiernan y las económicas y empresariales que presionan, explica Cañete.

Los cálculos de Oxfam concluyen que si el 1 por ciento de los más ricos del planeta pagasen solo un 0,5 por ciento más de impuestos, se recaudarían los recursos necesarios para escolarizar a 262 millones de niños y proporcionar asistencia médica gratuita a 3,3 millones de personas.

Aller, por su parte, se muestra escéptico en este punto: “No hay que caer en la trampa de creer que los ricos salvarán a los pobres. En el caso de los países ‘pobres’, deberían empezar por generar lazos de cooperación Sur-Sur, entre sus iguales, más que buscar la ayuda del Norte, que ha demostrado a lo largo de la historia que su lógica es la de ‘divide y vencerás’ ”.

JULIA ALEGRE BARRIENTOS
Redacción Domingo
En Twitter: @JuliaAlegre1

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