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‘Latinoamérica es la región que más ha logrado avanzar este siglo’

El codirector del Banco de la República José Antonio Ocampo hace una lectura de la economía mundial.

Jose Antonio Ocampo

Ocampo es un reconocido académico. Ha dado clases en universidades como los Andes de Bogotá y la de Columbia en Nueva York.

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Andrea Moreno / Archivo EL TIEMPO

Por: Ricardo Ávila
08 de enero 2019 , 01:18 a.m.

Para decirlo en una frase, no hay alguien de la misma profesión que haya tenido la relevancia de José Antonio Ocampo. Y es que aparte de su paso por la administración pública y de haber ocupado los cargos más altos de cualquier colombiano en las Naciones Unidas, el actual codirector del Banco de la República es todo un referente en el plano académico, como lo confirma ser el economista nacido en el país más consultado en Google Scholar, buscador especializado en contenido científico.

En los meses pasados dio origen a otro hito al publicar cinco libros en inglés, en los que fue el único autor o el editor principal, junto a expertos como el nobel de economía Joseph Stiglitz.

De alguna manera, esos volúmenes cuyos textos van desde el sistema monetario internacional hasta el Estado de bienestar, pasando por el futuro de los bancos de desarrollo, constituyen un nuevo pináculo para quien se precia de ser, ante todo, un profesor. Y es que durante décadas Ocampo ha enseñado en la Universidad de los Andes de Bogotá y la de Columbia en Nueva York, donde fue profesor de tiempo completo. Hay que agregar sus cátedras en la Universidad Nacional, el Externado, la Javeriana y el Icesi, y haber sido profesor visitante de Yale, Oxford y la Complutense de Madrid, y dictar parte de cursos en Cambridge. En medio de las incertidumbres del año que comienza, pocos tan apropiados para analizar la coyuntura actual. Este fue su diálogo con EL TIEMPO.

Acaba de publicar cinco libros de temas variados, con enfoque y perspectiva global, y comparando varias experiencias. ¿Por qué ese interés?

Todos responden a que siempre he tenido el interés, después de mi paso por Naciones Unidas, en temas internacionales y su relación con los países en desarrollo. Es decir, cómo las reglas globales los ayudan o perjudican y, además, cómo las instituciones nacionales están siendo afectadas por los contextos internacionales. Por ejemplo, allí se detalla la relación de las políticas macroeconómicas de nuestros países con las reglas del sistema monetario internacional; además, se explica cómo la idea de los bancos nacionales de desarrollo fue olvidada después de las reformas del mercado, pero resurgió tras la crisis del 2008.

Hay una percepción de que las reglas de juego en el mundo están en favor de los países más ricos, ¿qué tan válida es la idea?

Es válida en algunos casos, aunque las instituciones también han cambiado. Por ejemplo, en uno de mis libros señalo que las reglas del FMI eran mucho más desbalanceadas antes del 2008. Desde entonces, sucedieron reformas que han reducido la condicionalidad y les han dado relevancia a los temas sociales, además de que se han creado líneas de crédito novedosas, como la de tipo flexible que usa Colombia. Señalo que si se quiere un mundo globalizado, hay necesidad de reglas, de las cuales hay algunas, pero hacen falta otras, como las tributarias.

Algunas reglas de propiedad intelectual o inversión sí terminan favoreciendo a países desarrollados, debido a que son la principal fuente de tecnología y de inversiones. Incluso se generan problemas en la manera como se dan las instancias de solución de conflictos, y en el caso de la inversión es favorable a grandes empresas, en contra de las pequeñas nacionales.

Se cumplieron 10 años de la crisis financiera global. ¿Aprendimos la lección?

Tuvieron lugar algunos avances. Los países desarrollados pasaron reformas y eso no solo les sirvió para evitar el colapso del sistema financiero global, sino para vivir una recuperación. Aun así, en Estados Unidos se relajó recientemente la regulación financiera, que muchos consideraron como un paso atrás. Entre tanto, los países del área euro no terminan de consolidar su unión monetaria y financiera.

En lo monetario, también hubo avances. Como ya lo señalé, las reformas de las líneas de crédito del FMI fueron quizás las más importantes de su historia, porque se crearon nuevas opciones, se ampliaron otras y se redujo la condicionalidad. Aun así, los peligros siguen ahí.

Las reformas de las líneas de crédito del FMI fueron quizás las más importantes de su historia, porque se crearon nuevas opciones, se ampliaron otras y se redujo la condicionalidad

También está la guerra comercial entre Washington y Pekín, al igual que los vientos de proteccionismo…

Es un tema preocupante. Estados Unidos ha sido recientemente la fuente de debilitamiento de las reglas multilaterales, pero también se puede agregar que la Unión Europea está en su propia crisis por el ‘brexit’ y por su incapacidad de acordar reglas que profundicen la integración. En ese contexto, China ha jugado un papel positivo, porque ha tenido una proyección multilateralista, que también ha tomado el mundo en desarrollo.

¿El retroceso del Estado de bienestar en los países desarrollados y las expectativas no cumplidas de la clase media en las economías emergentes complican el panorama?

Sí, hay un descontento de varios sectores. Y lo más preocupante es que algunos sienten que han sido marginados de los beneficios de la globalización. Ese es, por ejemplo, el caso de los ‘chalecos amarillos’ en Francia o quienes respaldaron a Donald Trump en Estados Unidos.

En cuanto al Estado de bienestar, nuestro libro argumenta que se necesita mucho más para hacer una globalización equitativa. En cualquier caso, el libro muestra a Latinoamérica como un éxito porque es la región que más ha logrado avanzar en este siglo en materia de crear mejores instituciones de bienestar.

A pesar de ello, hay una enorme insatisfacción en la región, ¿cómo se explica?

Hay insatisfacción en algunas partes y no es contra la globalización, sino con la sensación de que los sistemas políticos no han sido capaces de erradicar la corrupción. Esto también muestra la consolidación de la clase media en América Latina con una fuerza que no se conocía.

Hay parámetros diferentes en el Estado de bienestar. Un ejemplo son los sistemas pensionales, a la luz de una población que avanza en su esperanza de vida. ¿Eso es válido?

Es válido. El envejecimiento de la población les crea una presión adicional a los regímenes pensionales, que se han venido ajustando y deberán ajustarse más para reflejar esa realidad.

¿Cómo analiza la realidad de Colombia?

En cuanto al Estado de bienestar, hay mejoría en los sistemas de salud y educación, pero existen serios problemas en el sistema pensional. En lo que va del siglo, Colombia sale bien librada en este campo. Un enfoque distinto es el de los bancos de desarrollo, en el que vale la pena resaltar el papel de la Financiera de Desarrollo Nacional, centrada en la infraestructura.

En cualquier caso, el libro muestra a Latinoamérica como un éxito porque es la región que más ha logrado avanzar en este siglo en materia de crear mejores instituciones de bienestar

¿Cómo ‘colombianizar’ los demás temas?

En nuestro caso, uno puede decir que el mayor éxito está en el sistema de salud. La Ley 100 logró universalizar el acceso y además con reglas más o menos homogéneas. El problema sigue siendo de recursos, porque hay una deuda acumulada y déficits corrientes, que deberían eliminarse para poder sanearlo.

En educación ha habido avances. Más allá de los acuerdos recientes, el acceso a la educación es mucho mejor que antes, pero la gran pregunta es qué hay que hacer para reducir la dispersión de calidad que existe, tema que depende de factores diferentes a lo público o privado.

En cuanto a pensiones, este es el otro gran déficit que tiene Colombia, ya que el nivel de cobertura es muy bajo y aún contamos con un sistema sobre el cual veremos qué propuestas se dan para reformarlo. Es vital que se aumente la cobertura. Acá hay un déficit importante, y una cosa que no se resalta en los debates colombianos es que el déficit mayor es por las pensiones de los empleados públicos, no por Colpensiones.

¿Es optimista o pesimista sobre la economía global?

La volatilidad financiera de estas últimas semanas es elocuente y hay mucha gente intranquila. La crisis del multilateralismo que vivimos es de las peores y no deja de ser paradójico que la madre del multilateralismo moderno, que fue Estados Unidos, sea ahora la principal fuente de dificultades. Y, curiosamente, la nueva potencia, que es China, es la que lo defiende.

En lo financiero, soy más optimista, aunque algunos analistas dicen que se puede repetir una crisis como la del 2008. Pienso que hay mejores sistemas de alerta ahora y que los bancos están mejor preparados. Sin embargo, hay problemas como el sobreendeudamiento privado, que pueden ser fuente de grandes dolores de cabeza.

Destaco que las interrupciones masivas de financiamiento hacia países en desarrollo, como la que sucedió a finales del siglo pasado, no se han presentado ahora. No dudo de que hay economías que han tenido dificultades, pero eso de que todos caían en el mismo saco esta vez no se ha visto.

Veo con inquietud la retórica en contra de la migración, justo cuando en la región esas presiones vienen en aumento.

En cualquier caso, como lo señalo en los libros, ha tenido lugar un avance importante en el sistema internacional, que no se puede perder y por el cual hay que seguir trabajando.

Más allá de los sobresaltos inmediatos, confío en que podamos contar con mejores reglas en materia internacional y aceptemos que si logramos actuar colectivamente, podremos seguir avanzando en la disminución de las desigualdades internacionales, de la pobreza, y la mejora de múltiples indicadores sociales. Y eso también cuenta para Colombia.


RICARDO ÁVILA
Director de Portafolio

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