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‘Para la economía, lo peor definitivamente quedó atrás’: Echavarría

El gerente del Banco de la República conversó con EL TIEMPO sobre los recientes anuncios del emisor.

Juan José Echavarría, gerente del Banco de la República

Juan José Echavarría: “Ojalá que la tasa de cambio continúe relativamente estable, como lo ha estado desde 2016”.

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Diego Santacruz / EL TIEMPO

03 de febrero 2018 , 10:00 p.m.

En los últimos días, el nombre del Banco de la República apareció en los titulares de prensa con más frecuencia de lo usual. Sobre esos temas, EL TIEMPO habló con el gerente del Emisor, Juan José Echavarría.

La mayoría de los analistas se sorprendió esta semana con la baja de la tasa de interés que maneja el Banco de la República. ¿Cuál es la explicación?

La decisión se tomó con cuatro votos a favor y tres en contra. Para la mayoría de la junta simplemente se adelantó la reducción que los mercados esperaban en marzo. El comunicado es claro al afirmar que “con la información disponible, la junta considera que así se completa el ciclo de reducción de tasas”, consistente con la idea, también presentada antes, de que quedaba poco espacio para continuar reduciéndolas.

¿Eso qué significa?

El costo de los recursos que prestamos está hoy en 4,5 por ciento anual, 3,25 puntos por debajo de diciembre del 2016, cuando llegamos al 7,75 por ciento. Se pasó de una posición contraccionista a otra ligeramente expansiva. Por supuesto, la frase “con la información disponible” es importante: no estamos amarrados y podemos revisar esta postura en un futuro.

Se presentaron críticas porque el dato de inflación de diciembre, el último que se conoce, no salió bien...


La junta se comprometió hace año y medio, cuando la inflación era 9 por ciento anual, con el propósito de que estaríamos cerca del 4 por ciento a finales del 2017. Fue una apuesta arriesgada, que en términos generales se cumplió, así nos hayamos desviado por menos de una décima. El dato final del año pasado nos sorprendió un poco. Como le dije al director del Dane, no puede ser que 55.000 personas en Bogotá vayan a una final de fútbol en diciembre y eleven la inflación de 3,99 a 4,09 por ciento, que fue lo que sucedió por el precio de las boletas.

¿Y eso lo puso a pelear con el Dane?

Vamos a tener una reunión en la que ellos nos explicarán en detalle algo que a mí me parece extraño. Por supuesto, como decía mi predecesor, la inflación siempre será baja cuando se eliminan del cálculo los rubros que más suben.

¿No es contradictorio que a pesar de la baja en la tasa de intervención del banco, aparece la noticia de que la tasa de usura aumenta?


Los bancos privados han reducido la mayoría de sus tasas, las de captación y colocación, en una proporción similar a la nuestra, lo que es un resultado muy satisfactorio. Un préstamo ordinario, comercial o hipotecario es mucho menos costoso hoy que hace un año y las estadísticas lo prueban. Pero no ha ocurrido lo mismo con los créditos de consumo y ello ha desatado el debate nacional que todos conocemos. Se asume de inmediato que la razón es la falta de competencia entre los bancos.

Un préstamo ordinario, comercial o hipotecario es mucho menos costoso hoy que hace un año y las estadísticas lo prueban

¿Y usted qué piensa?

Es un debate muy complejo, pero yo mencionaría elementos adicionales por considerar antes de llegar a conclusiones simplistas. Para comenzar, las tasas de interés de los créditos de consumo subieron mucho menos que la nuestra en el periodo de alzas que tuvo lugar de abril del 2014 a octubre del 2016. En segundo lugar, hay factores estacionales y las tasas de algunos créditos de consumo en enero han aumentado sistemáticamente en los últimos años con respecto a diciembre. Por último, la cartera mala en este segmento ha crecido de manera importante, lo cual eleva el riesgo y eso se nota en el precio, que en este caso es la tasa de interés.

¿Qué se le puede decir a un usuario?

No tengo duda de que la transmisión de la menor tasa del Banco de la República se va a dar con mayor fuerza en el renglón de consumo, a medida que la economía crezca más y las deudas malas disminuyan. En cuanto a la tasa de usura, que es un techo y depende de lo que pase con la de consumo, eventualmente debería bajar. Igual, el crédito de consumo sigue fluyendo con una dinámica superior a la del conjunto de la economía.

Menciona el crecimiento de la economía. ¿Considera que en materia de desempeño lo peor quedó atrás?

Lo peor definitivamente quedó atrás. En el 2017 probablemente crecimos entre 1,6 y 1,8 por ciento, y el equipo técnico del banco considera factible un crecimiento de 2,7 por ciento para el 2018. El Banco Mundial y el Fondo Monetario están proyectando cifras cercanas a 3 por ciento. En el 2019 podríamos crecer a una tasa cercana a nuestro potencial a largo plazo, con cifras que podrían oscilar entre 3,3 y 3,5 por ciento. Tuvimos choques negativos violentos: en nuestros términos de intercambio debido al desplome de los precios del petróleo, en el comportamiento de nuestros socios comerciales y en la mayor tarifa de IVA. Todos esos impactos se están diluyendo.

Tuvimos choques negativos violentos: en nuestros términos de intercambio debido al desplome de los precios del petróleo, (...) en la mayor tarifa de IVA. Todos esos impactos se están diluyendo

¿Qué le dicen los empresarios?

Estuvimos en Cali esta semana y en Medellín y Barranquilla a finales del 2017, con resultados muy interesantes, y siempre heterogéneos. Para comenzar, parece que el impacto del debate presidencial ha sido bajo en las decisiones de negocios. De otra parte, las respuestas en Cali fueron relativamente alentadoras y muestran un despegue en los meses finales del año pasado y en este enero, algo que también aparece en otras mediciones. En cambio, el tema de la inseguridad, que había desaparecido de estas reuniones, volvió a manifestarse, y principalmente para los empresarios del campo.

El valor del dólar, más cerca de los 2.800 pesos que de los 3.000, sorprendió a muchos. ¿Cómo lo ve?


La tasa de cambio no la maneja el banco ni tenemos un nivel definido como objetivo. Desde cuando estuve aquí como integrante de la junta, hace unos años, existía el consenso de que ponerse una meta en este frente constituye un obstáculo para el manejo contracíclico de las tasas de interés, algo que confirmamos en la terrible experiencia de 1999. Tratamos de suavizar altibajos y quizá se tuvo éxito en algunas oportunidades. En el pasado discutíamos sobre sus efectos en la inflación y en el crecimiento. Este tipo de debates no se han dado aún en la junta actual, con nuevos miembros como Gerardo Hernández y José Antonio Ocampo. Veremos. Tampoco hemos discutido temas conexos como el nivel adecuado de reservas internacionales en la coyuntura actual. En cualquier caso, ojalá que la tasa de cambio continúe relativamente estable, como lo ha estado desde mediados del 2016.

Por cierto, ¿qué opinión le merecen las criptomonedas?

Me parece que la tecnología en la que se apoyan es muy interesante y va a tener muchos usos prácticos, pero esos saltos en valor que hemos visto en el bitcóin y otras opciones parecidas no tienen lógica distinta a la de una burbuja especulativa, con todos los peligros que encierra. Las criptomonedas no se permiten en el sistema financiero colombiano, y quien transe en ellas lo hace a su propio riesgo. Y los propietarios de criptomonedas deben pagar impuestos como ocurre hoy en Estados Unidos.

Las criptomonedas no se permiten en el sistema financiero colombiano, y quien transe en ellas lo hace a su propio riesgo

¿Cómo le ha ido al banco en cuanto a su situación financiera interna?

Muy bien. Estamos dando utilidades, de 804.000 millones en 2017, y presupuestamos 1,2 billones de pesos para este año. Vemos los ingresos monetarios creciendo a tasas cercanas al 20 por ciento, y los gastos, al 3 por ciento anual. Esas utilidades pertenecen al Gobierno y a los colombianos. Proyectamos seguir en negro con supuestos que asumen mejores tasas de interés futuras en el exterior y una baja acumulación de reservas internacionales. Nuevamente, veremos qué sucede.

Ello es importante, pero el objetivo central del banco no es acumular utilidades, sino mantener una inflación baja y estable, reducir la volatilidad del PIB y contribuir con otras instituciones a evitar las crisis financieras.

¿Qué pasa con el sindicato? Ha habido vuvuzelas y gritos luego de las últimas tres juntas…

El sindicato presentó un pliego de peticiones, luego de más de 20 años de no hacerlo. El banco demandó la convención colectiva actual, como se ha venido haciendo cada semestre desde 1999, y cuando propusimos sentarnos a conversar para lograr un nuevo arreglo, el sindicato se negó. Solicitamos a la organización sindical que la negociación abarque las propuestas de ambas partes, pues consideramos que ello corresponde al ejercicio de un derecho constitucional y legal. Todos los directivos queremos manifestar nuestro interés para que el Banco de la República continúe siendo el maravilloso lugar de trabajo que siempre ha sido.

Hay un debate por el tema de los nuevos billetes…

Los países deben cambiar sus familias de billetes cada 12 a 15 años, y en Colombia ya tenían 18. Los nuevos son más modernos, más seguros, permiten su identificación por los invidentes y son muy bonitos desde el punto de vista gráfico y de diseño. El proceso de remplazo es gradual. En su momento se decidió introducir la nueva familia lentamente, con el fin de minimizar los costos de transición para el banco, para los usuarios y para el sector privado, pues, por ejemplo, es necesario adecuar los cajeros automáticos, algo que debería terminar en el 2019. Ya una cuarta parte ofrece las denominaciones de 20.000 y 50.000 pesos.

¿Por qué nadie ha visto un billete de $ 100.000?

El otro día me preguntaba una periodista: “¿Cuándo va a ocurrir el milagro de que alguien me entregue el billete de 100.000?”. Respuesta: cada vez van a ocurrir más milagros. Ya hay cerca de 10 millones de billetes de esta denominación en la calle, y el Banco de la República los está entregando con mayor frecuencia a los bancos privados. El tema de los cajeros electrónicos es una limitante, pero será superada. En un tiempo no muy largo llegaremos a 40 millones de billetes de estos.

Todavía hay gente que discute que esté en circulación…


El valor real, descontando la inflación, del billete de 100.000 hoy es muy similar al del billete de 50.000 cuando se lanzó en el año 2000. Y el valor en dólares, cercano a los 33, es incluso inferior al de la unidad de mayor denominación en países con un ingreso ‘per capita’ similar al nuestro: en Rumania equivale a 122 dólares; en Costa Rica, a 96; en Perú, a 57 o en México, a 55 dólares, entre otros.

También hay rumores de otra índole…


Los conozco. No es cierto, por ejemplo, que los billetes de 100.000 no caben en las gavetas de los cajeros. Técnicamente los cajeros pueden dispensar los billetes de 100.000 dado que sus medidas están dentro de los estándares internacionales. Tampoco es cierto que no circulan debido a una estrategia de los bancos privados para evitar el uso de efectivo. Para terminar, vi unos tuits que decían que no circula, a fin de perjudicar a uno de los candidatos presidenciales cuyo abuelo aparece en el billete. ¡Hágame el favor! El realismo mágico también opera para la banca central en Colombia.

No es cierto que los billetes de 100.000 no caben en las gavetas de los cajeros. Tampoco es cierto que no circulan por una estrategia de los bancos privados para evitar el uso de efectivo

¿Al banco le complica la vida esta época electoral?

Creo que una de nuestras fortalezas institucionales es tener una junta directiva autónoma que maneja la política macroeconómica diferente a la fiscal, independientemente del Gobierno de turno. Así ha sido, así es y así será.

RICARDO ÁVILA PINTO
Director de Portafolio
En Twitter: @ravilapinto

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