Economía
PRESENTADO POR:
ROSARIO

Negocio esmeraldero toma un nuevo aire


La industria esmeraldera de Boyacá tuvo su proceso particular para acabar con su propia violencia.

Negocio esmeralderoNegocio esmeraldero
Negocio esmeraldero

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Por: Universidad del Rosario
21 de noviembre 2018 , 12:00 a.m.

Durante el conflicto armado en Colombia, el negocio esmeraldero no estuvo permeado directamente por grupos guerrilleros o paramilitares, aunque sí tuvo que enfrentar una violencia propia y estimulada por intereses económicos de quienes estaban involucrados con la explotación y comercialización de las gemas. Esta es una conclusión del libro ¿Diferentes recursos, conflictos distintos?

Según Ralf J. Leiteritz, coeditor del libro, autor del capítulo sobre esmeraldas y profesor de la Universidad del Rosario, si bien Colombia es el mayor productor de esmeraldas en el mundo, sus ingresos apenas representaron el 0,2 por ciento de las exportaciones. Ahora bien, las cifras oficiales no reflejan el verdadero tamaño del mercado, pues solo registran las ventas internacionales que hicieron intermediarios y comercializadores constituidos legalmente y olvida las gemas de canales informales.

Le puede interesar: Entrevista a Ralf J. Leiteritz, profesor de la de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, sobre el negocio de las esmeraldas en Colombia.

“Decidí tratar el tema de las esmeraldas por varias razones. Entre ellas me gustó que se tratara de un recurso desconocido para muchas personas en el planeta, que la zona de producción no quedara muy distante de Bogotá y que pudiera tener acceso muy fácil al mercado secundario, también en la capital de país”, comenta Leiteritz, quien actualmente es profesor titular de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

Este libro, elaborado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, contó con la financiación de International Development Research Centre de Canadá y comenzó a realizarse antes de la firma del pacto de paz de La Habana entre el Gobierno y las Farc. Ante todo busca comprender la relación histórica de la economía de las regiones con el conflicto armado y la criminalidad. Para eso, los investigadores crearon un listado de los recursos naturales representativos de diversas partes del país, el cual usaron para determinar hasta qué punto los actores armados del conflicto se relacionaron con la explotación, comercialización o distribución. Los productos seleccionados fueron café, banano, flores, petróleo, carbón, ferroníquel, oro y esmeraldas.

Tras revisar la literatura y adelantar un trabajo de campo, en el cual conversaron con personas y comunidades relacionadas con cada industria, los investigadores idearon un esquema muy sencillo para mostrar la influencia de los grupos armados en esos productos. Entonces, identificaron tres tipos de relaciones:

- Motivación: cuando la presencia de los actores armados se explicaba en función de la posibilidad de saquear el recurso.

- Complementariedad: si la motivación principal de los actores armados no era obtener el recurso, pero saquearlo les ayudaba a complementar sus ingresos.

- Aislamiento: en caso de que los recursos no fueran permeados por los actores armados.

De acuerdo con Leiteritz, las esmeraldas se encuentran en este último grupo, pues en ningún momento los actores del conflicto armado colombiano intentaron integrar este recurso a sus actividades. Aunque el docente recalca que esto no quiere decir que el negocio esmeraldero haya permanecido tranquilo y en paz.

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Por el contrario, la pelea por controlar el negocio entre las familias propietarias de las minas de las gemas terminaron generando sangrientas ‘guerras verdes’ que, en las décadas del sesenta hasta el principio del noventa del siglo XX, dieron origen a verdaderos ejércitos privados que apelaron a la violencia sistemática para obtener sus objetivos particulares.

“No se sabe exactamente cuántas personas murieron durante las tres ‘guerras verdes’. Existen datos oficiales que se quedan cortos al contrastarlos con la información de entrevistas a miembros de la comunidad. A pesar de lo que pueda pensarse, no existen vínculos directos con el conflicto armado. En este caso, la violencia tenía otros objetivos”, comenta.

De acuerdo con el autor del capítulo, la industria esmeraldera está dejando atrás su pasado violento, al punto que los ‘antiguos enemigos’ ahora son aliados de empresas extranjeras que han ayudado a modernizar y profesionalizar la actividad. “La gente en las ciudades suele pensar que la zona minera de Muzo o Quípama es similar al ‘oeste salvaje’ en los Estados Unidos, con calles polvorientas y mucha violencia. Nada más alejado de la realidad hoy en día”, dice.

El negocio esmeraldero está tomando un nuevo aire. La paz, aunque no completa, que respira la región a partir del fin de la última “guerra verde” hace casi 30 años abre la esperanza para que mejore la situación de vida de todos los habitantes de la zona del occidente de Boyacá.

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