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Economía

‘Hay una Colombia moderna y otra que se queda atrás’: Paul Collier

EL TIEMPO entrevistó al académico inglés Paul Collier, quien habla sobre la migración venezolana.

Paul Collier

Paul Collier, académico inglés, autor del libro 'El futuro del capitalismo'

Foto:

Getty Images

Por: Ricardo Ávila
13 de abril 2019 , 11:16 p.m.

Uno de los libros más aplaudidos del año pasado en el mundo occidental fue 'El futuro del capitalismo', escrito por Paul Collier.

En momentos en que las potencias a ambos lados del Atlántico se enfrentan al populismo encarnado en Donald Trump, el descontento expresado por los ‘chalecos amarillos’ en Francia o la incertidumbre causada por el brexit en Gran Bretaña, este profesor de la Universidad de Oxford, distinguido con el título de caballero por la reina Isabel II, plantea opciones que también son válidas en países como Colombia.

De hecho, sus planteamientos sirvieron de base para que en la pasada reunión del Foro Económico Mundial en Davos se hablara de “globalización 2.0”.

Invitado a la pasada asamblea de Asofondos por BTG Pactual, el académico inglés dialogó en exclusiva con EL TIEMPO sobre este y otros temas que incluyen el desarrollo social y la oportunidad que puede significar la migración venezolana para la economía colombiana.

¿Por qué eligió hablar sobre el futuro del capitalismo?

Porque el capitalismo necesita tener un futuro. Es el único sistema que sabemos que es capaz de producir incrementos generales en la prosperidad, y que lo hace de manera masiva. Pero el capitalismo no funciona en piloto automático y periódicamente se descarrila. En mi propio país, Gran Bretaña, en Estados Unidos y Francia, en todas partes. 

¿Y también en Colombia?

De hecho, se ha descarrilado bastante con dos síntomas que son muy evidentes en Colombia: uno es la división entre las aglomeraciones urbanas prósperas y las regiones rurales, y el otro es la brecha de habilidades entre los mejor y peor educados. La desigualdad no es solo de ingresos sino que tiene muchas facetas. La pregunta interesante aquí es por qué eso se está descuidando, pues es en realidad un problema ético con consecuencias que derivan en estallidos sociales con implicaciones políticas como el brexit o la elección de Trump. 

¿Hay un dualismo profundo aquí?

Hay una Colombia moderna, cada vez más productiva, y hay otra que se queda atrás. La coexistencia de ambas realidades explica por qué esta es una de las sociedades más inequitativas del mundo. Cerrar ese abismo requiere actuar de manera distinta. No necesitamos una sociedad al estilo Robin Hood en la que se cobran impuestos a los ricos y se les da dinero a los pobres para redistribuir el consumo. Necesitamos una en la cual la acción intencional sea aumentar la productividad de ese país que está rezagado, para que la solución dure en el tiempo.

¿Cómo se logra el objetivo?

Ese es el reto. Es una pregunta tanto ética como estratégica. Si se quiere establecer ese cambio, se necesita un sentido de identidad compartida. Países como Estados Unidos, Reino Unido y Francia solían tenerlo, pero lo han perdido: la desigualdad llevó a los exitosos a despegar y al resto no, lo que los llevó a una identidad paralela. Así que el primer paso es ese, abrazar la identidad en torno a un propósito común. De alguna manera se trata de pasar del yo, ahora, al nosotros del futuro. De la gratificación inmediata a la inversión que renta en el largo plazo.

¿Qué otro elemento incluye?

Hay una tendencia de la gente a victimizarse. Por eso, un segundo elemento es que los ciudadanos entiendan que no solo tienen derechos, sino también deberes. Hay que exigirle al Estado, sin duda, pero también hay que cumplirle. Y esas obligaciones son universales. Finalmente, se debe hacer uso del pragmatismo, que no es otra cosa que aprender intentando.

Hay una tendencia de la gente a victimizarse (...) Hay que exigirle al Estado, sin duda, pero también hay que cumplirle

¿Al final, todo tiene que ver con tener unos buenos cimientos?

Eso es correcto, el andamiaje debe servir para ver cómo cambiamos las ideas, y ese es el papel clave de los líderes políticos y empresariales. Todos ellos saben que el capitalismo se debe reformar, y el sistema nervioso central del capitalismo es el sistema financiero. En este sentido, los líderes tienen un papel muy importante no como comandantes en jefe, sino como comunicadores en jefe, pues son los que pueden restablecer las ideas para que la sociedad hable el mismo idioma.

Sabemos por la sicología que la mayoría de las personas entienden su propia identidad, y por eso las normas deberían transmitirse a través de narrativas efectivas. No soy colombiano, y no todas las narrativas funcionan en una cultura específica, pero ese es el arte de ser buen líder. Hay una teoría inventada por el premio nobel de economía Michael Spence, llamada teoría de la señalización, a través de la cual se pueden lograr resultados en el ámbito colectivo. 

¿Cuál es el papel que tienen que jugar las empresas en esto?

La comunidad empresarial debe hacer una declaración clara de un propósito que vaya más allá de las ganancias, algo que se está poniendo cada vez más de moda. Pensar que la responsabilidad de un empresario se limita a ser responsable en los asuntos de su compañía y mostrar buenos resultados en sus estados financieros es equivocado. El mejor negocio posible para cualquier inversionista es que la sociedad en la que opere funcione bien, lo que exige involucrarse, participar e impulsar propósitos colectivos.

Esta es una sociedad polarizada…

Acepto que esa es una realidad en el mundo de hoy, probablemente exacerbada por las redes sociales. Una de las maneras de superar la polarización es aprovechando un momento esencial como pudo ser el acuerdo de paz. Ahora está el desafío de la crisis de Venezuela.

Colombia es el país que más migrantes venezolanos ha recibido. ¿Cómo analiza esa situación?

Voy a referirme a un caso que conozco bien, que es el de Jordania. Cuando estalló la crisis en Siria y empezaron a llegar refugiados en forma masiva, la reacción inicial fue decir que se estaba viviendo un infierno, sin respuestas a la vista. Con el paso de los días, y después de pensar con cabeza fría, el gobierno jordano pudo entender que estaba frente a una gran oportunidad que incluía aumentos en producción y empleo.

Y con eso, voy al caso específico de Colombia. Si nos fijamos en la demografía de los que han llegado al país, la mayoría de los venezolanos son jóvenes y cuentan con buenos niveles de formación. Una diferencia fundamental es que en este caso, las diferencias culturales son mínimas, por lo que el proceso de asimilación es muy sencillo. 

Incrementar el tamaño de la clase media es fundamental, pues este segmento es muy aspiracional e invierte mucho esfuerzo en el futuro de sus hijos

Colombia ha abierto sus puertas…

Y eso está muy bien. Sin embargo, en Jordania, el gobierno fue muy exitoso para gestionar la ayuda internacional con el propósito de impulsar proyectos productivos que generaran empleos formales. El escenario de millones de refugiados viviendo en tiendas de campaña no es sostenible, como tampoco lo es el de un aumento del empleo informal.

Mi experiencia me dice que hay recursos que se pueden gestionar y que estamos hablando de dineros importantes. A Trump, que está tratando de construir el muro en la frontera con México, le resultaría más atractivo entregar recursos que creen prosperidad. Con los países europeos también se puede diseñar un programa o aprovechar los fondos del Banco Mundial. De hecho, la institución cambió las reglas; para este tipo de ayudas se pueden usar préstamos baratos con este objetivo.

¿Entonces, los recién llegados son una oportunidad para edificar una economía productiva?

Si Colombia hace eso, al final, por supuesto, tendrá una economía más próspera. Pero las cosas no se dan por generación espontánea. Hay que trabajar con los gobiernos locales para identificar ventajas comparativas y acciones que deriven en una mayor productividad. Acá de lo que se trata es de construir círculos virtuosos en los que participen sector privado, gobiernos locales e instituciones educativas. Suena complejo y casi utópico, pero hay casos que demuestran que conseguir algo así es posible. 

¿Qué ejemplo destacaría en el mundo?

Edimburgo, en Escocia. Es una ciudad que se beneficia de una gran descentralización en las decisiones. Tiene una comunidad empresarial organizada a nivel local, dos buenas universidades que trabajan con el sector privado y gobernantes locales que tienden puentes y aportan soluciones. El resultado es que la ciudad ha surgido como un lugar en donde hay una gran cantidad de emprendimientos relacionados con la revolución tecnológica y las tecnologías de la información. Hace diez años había dos firmas en ese sector, hoy hay 480.

Pero ese caso no es fácil de repetir aquí…

Es que no tiene que suceder necesariamente con una actividad como esa. Por ejemplo, muchas regiones remotas son realmente adecuadas para la agricultura. Lo lógico es desarrollar una estrategia que impulse cultivos legales y ganadería para aprovechar las condiciones naturales. En resumen, se necesita un Plan Colombia 2.0 que incluya explorar oportunidades de mercado, mejoras de infraestructura y núcleos de conocimiento.

¿Cuál debería ser la meta de largo plazo?

Incrementar el tamaño de la clase media es fundamental, pues este segmento es muy aspiracional e invierte mucho esfuerzo en el futuro de sus hijos. Colombia debe inventar su propio sistema para lograrlo, pero puede tomar experiencias útiles de muchos países como Finlandia, Suiza o Francia. La labor del gobierno es que todo el mundo en la sociedad esté equipado para ser productivo. Y ese debe ser el propósito común, lo cual pasa por la educación con el fin de que un joven de 24 años haya recibido la enseñanza adecuada a través de cada uno de los ciclos de su vida.

Es más fácil decirlo que hacerlo…

Acabamos de cumplir 25 años de la masacre de Ruanda. Hoy, la situación es muy diferente porque a partir de un momento fundamental, los líderes políticos que llegaron, trabajaron en construir una identidad compartida en un país donde había hutus y tutsis. No todo es perfecto, pero el contraste con el pasado es enorme, o con el ejemplo de Burundi, que queda al lado.

Por eso, insisto en que se necesita liderazgo, con la participación del sector privado. Colombia está en un momento clave en el que puede hacerlo, y ojalá decida hacerlo. Nadie lo puede hacer solo, pero colectivamente sí. Es fácil ser cínico, pero el cinismo en más de una ocasión es una expresión de desesperación. Si se dejan los males del capitalismo solos, se volverán peores. Basta con mirar la sociedad en la que vivo para darse cuenta. Aquí hay cómo romper el círculo vicioso.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio

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