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El sinsabor tras la decisión de General Motors

Los despidos anunciados dejan profundas cicatrices en varios Estados.

General Motors

La semana pasada General Motors anunció el cierre de siete fábricas en todo el mundo.

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EFE

Por: Sandro Pozzi - El País
05 de diciembre 2018 , 07:43 p.m.

Mike Duggan recuerda a las miles de familias y cientos de negocios que tuvieron que desplazarse a otros barrios de Detroit para abrir hueco a la fábrica de General Motors (GM) en Hamtramck. “Hasta seis iglesias”, detalla el alcalde de la metrópoli. Tres décadas después, la masiva planta de ensamblaje en el patio trasero de la capital del motor es una de las cinco que cesará la producción en el mayor ajuste de la compañía desde la bancarrota que anunció en el 2009.

Ahí se fabrican actualmente los modelos LaCrosse de Buick y el ya viejo utilitario enchufable Volt de Chevrolet. Esas dos líneas terminarán el 1 de marzo. El 1 de julio lo harán en el mismo complejo las cadenas de ensamblaje del CT6 de Cadillac y el Impala de Chevrolet. No es la única fábrica que cierra en Detroit. La producción de transmisiones en Warren lo hará el primero de agosto.

El ajuste afectará asimismo a la cadena de ensamblaje en Lordstown, Ohio, del Chevy Cruze, un centro de operaciones en Baltimore, Maryland, y la de Oshawa, una planta que durante varias generaciones dio trabajo a miles de familias en Ontario, Canadá, en los suburbios de Toronto. En total, los afectados son unos 14.300 asalariados de la compañía, el equivalente al 15 por ciento de la plantilla global. A algunos se les ofrece transferirse a otros complejos donde la producción crece.

Las críticas están siendo muy duras. Terry Dittes, responsable de GM en el sindicato United Auto Workers, califica la decisión de “cruel”. Cita los “sacrificios” que tuvieron que hacer estos mismos empleados en los “días más oscuros” de la compañía durante la recesión y el dinero que inyectó el contribuyente para poder reflotarla. “Ahora ponen los beneficios por delante de las familias trabajadoras”, lamenta.

GM registró un beneficio neto de 2.500 millones de dólares (unos 2.200 millones de euros) en el tercer trimestre, después de perder casi 3.000 millones de dólares un año antes por las cargas asociadas a la venta de Opel al grupo PSA. Los ingresos globales de la compañía crecieron un 6 por ciento en el año, hasta los 35.800 millones. Pese a este rendimiento, la dirección justifica el ajuste con la caída en las ventas de automóviles, el alza de costes y la moderación económica.

Duggan comparte que la decisión supone una verdadera bofetada a la memoria, al recordar el rescate de GM hace una década. Por eso dice que se aliará con los sindicatos para plantar cara. “No vamos a rendirnos”, asegura el alcalde. “Vamos a tratar de convencerlos de que operar una planta moderna en esta zona es posible”, señala.

GM ya ofreció un plan de bajas incentivadas a 17.700 empleados el pasado octubre, antes de anunciarse los cierres. Solo se acogieron voluntariamente 2.250 asalariados.
Estas acciones, argumenta la empresa, deben adoptarse mientras la compañía y la economía son fuertes. “Necesitamos hacer los movimientos preventivos adecuados para capear los momentos duros que se avecinan”, insisten los directivos. Los recortes buscan ahorros de 6.000 millones de dólares anuales.


SANDRO POZZI
Ediciones EL PAÍS, SL 2018

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