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‘Hoy es el día, acuérdese, acá está su mamá’

Éider y Esteban, el paso a paso del 1-2 de Colombia de la marcha.

Éider Arévalo

Yeni Truque, mamá de Éider Arévalo, le da el celular para que hable con sus familiares.

Foto:

Lisandro Rengifo

01 de agosto 2018 , 09:43 a.m.

El ‘camerino’ colombiano era un horno. Y no lo era por los 38 grados y el sol que pegaba a las espaldas, lo era porque Luis Fernando López, Marcelino Pastrana y Sandra Zapata lo hicieron así, a punta de gritos, de preparar los tarros de agua, las gorras con hielo y los recuperantes para Éider Arévalo y Esteban Soto, que se batían y desafiaban la alta temperatura y a sus temibles rivales en busca de una hazaña, el 1-2 del país en los 20 km de la marcha, lo que nunca se había conseguido y lo que ellos lograron al final.

Ubicados a unos 250 metros de la línea de meta, los tres eran los encargados de planificar la hidratación vuelta a vuelta y de dar las indicaciones para Éider y Esteban, que hacían su trabajo en un asfalto que se derretía por el calor intenso.
“Venga, agua, bien fría, eso pide Éider. Y para Soto, la cachucha con hielo”, pedía López, quien se quería meter a correr, a recordar viejos tiempos.

Sandra sacaba la bolsa con hielo, cogía una piedra y lo machacaba. Metía la mano, sacaba dos puñados y los ponía en las cachuchas para los deportistas.

Pastrana, era el encargado de la hidratación. En la mesa tenía anotado en un papel los giros en los Éider y Esteban debían recibir la hidratación, una labor calculada, no puede haber errores, si se entrega el tarro en un giro que no es, es factible que el deportista pierda la carrera, el ritmo de competencia, en un tema que es planificado con la parte médica y nutricional del equipo.

Para él, medallista mundial en Daegu (Corea), casi que se estrena como DT, lo hizo en los pasados Juegos Bolivarianos en los que Soto fue oro.

“Hoy es el día, hoy hay que hacer la historia”, les decía López a sus pupilos, mientras ellos le estiraban la mano, cogían el tarro con agua y se lo vaciaban en su cabeza.

Los 20 km de la marcha, históricamente, son de dominio mexicano, de las 14 ediciones anteriores habían ganado 13 y él rompió esa seguidilla en Cartagena 2010, fue Luis Fernando quien cortó esa racha y este miércoles estaba en la raya, con estrés, casi que empujando a Éider y a Esteban.

“Venga, vaya y gríteles que faltan 3 kilómetros, que viene el final y que es nuestro”, le dijo López a Fredy Hernández, quien también hace parte del equipo, es marchista, pero estaba ayudándoles a sus compañeros a ganar desde la raya.

Y Fredy pasó al otro lado de la acera, en el circuito de un kilómetro en el Malecón de Barranquilla, ese en el que se puede contemplar al río Magdalena, antes de morir en el océano Atlántico, en Bocas de Ceniza.

“Hoy es la hazaña…. Hoy es el día, acuérdese que su mamá está acá”, volvió a gritar López, dos kilómetros antes del final de la competencia, cuando los dos colombianos luchaban por el oro y la plata con el guatemalteco Erick Barrondo, nada más ni nada menos que Barrondo, a quien ellos vieron ganar la medalla de plata en los Olímpicos de Londres 2012, ese día en el que Luis Fernando iba por la medalla, pero fue descalificado y terminó dándole puños a un bus y llorando decía: “No le pude cumplir a mi hija”.

Yeni Truque estaba en la meta, esperando que Éider, a que su hijo se colgara el oro, el que le fue esquivo hace cuatro años en Veracruz (México), cuando fue plata.

Casi que ese “Su mamá está acá” fue como el santo y seña para Éider, quien cuando volvió a girar atacó, apretó el paso, y solo lo pudo seguir Soto, con quien todos los días entró en el Malecón, desde las 6:30 de la mañana.

Cuando eso pasó, el médico Jaime Albarracín llegó. “Barrondo tiene dos faltas, nosotros estamos limpios”, dijo. Un parte de tranquilidad, porque Arévalo y Soto no tenían fallas, a esa altura de la carrera, a punto de terminar, tener faltas era fatal, se podía perder.

Y llegó el momento definitivo. Éider se fue, abandonó a Soto y a Barrondo, el guatemalteco no aguantó el paso y Esteban se limitó a guardarle la espalda a su compatriota y a caminar en busca de la plata.

“Era así, era el momento… Ya son unos históricos”, gritó a López a sus dirigidos, mientras Pastrana les pasaba la última botella con agua y Sandra los animaba.

Éider se fue en busca de la meta, levantó los brazos, cruzó, recibió la bandera colombiana y la empuñó. Esperó que Soto llegara, se abrazaron y celebraron haber cumplido la promesa, habían dicho que el objetivo era el oro y la plata, el 1-2, y lo hicieron.

Atrévalo, siguió caminando y en la parte sur del Malecón se encontró con Yeni. Ella hablaba por teléfono: “Uy, tengo 20 llamadas perdidas”, contó, mientras le decía a su interlocutor: “Espere, voy a besar a mi hijo”.

Sí, Luis Fernando, era un día histórico, era el día, y Éider pudo celebrar una medalla que no la tenía en su palmarés.

LISANDRO RENGIFO
Enviado especial de EL TIEMPO
Barranquilla
En Twitter: @lisandroabel

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