Éider Arévalo escogido como deportista del año para EL TIEMPO 2017 - Otros Deportes - Deportes - ELTIEMPO.COM
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¡Éider Arévalo, Deportista del año para EL TIEMPO!

El atleta bogotano, de 24 años, narró cómo ganó su título mundial de los 20 km. en Londres.

Éider Arévalo

Éider Arévalo, campeón mundial de los 20 km marcha, es la gran figura del atletismo colombiano en los Juegos Bolivarianos.

Foto:

Reuters / Archivo EL TIEMPO

23 de diciembre 2017 , 03:04 p.m.

El 13 de agosto de 2017 era una fecha que tenía tachada en el calendario.
Ese día debía ser uno de los mejores de mi vida, de mi carrera deportiva. Luego de mi actuación en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro no quedé contento, por eso pasé rápidamente la página y me concentré en el próximo objetivo: ganar los 20 kilómetros de la marcha en el Mundial de Marcha de Londres.

Un día antes, el 12 de agosto, dormí bien. Nos alojamos en un hotel y compartí habitación con Luis Fernando López, mi compañero de equipo.

Estábamos en el piso 19, y cuando me levanté abrí la cortina y vi el puente de Londres, bajo el cual pasa el río Támesis, uno de los lugares emblemáticos de la ciudad. Con ese panorama ante mí, dije: “Voy a ser el rey de Inglaterra”.

Me levanté dándole gracias a Dios, agradeciendo por la vida, por la familia, por la salud, con buena actitud. Nunca pensé en forma negativa, en que estaba cansado o que me tocaba hacer un número específico de kilómetros. Me metí en la cabeza que los trabajos diarios los debía hacer para mejorar.

Desayuné bien, crucé algunas palabras con mis compañeros, repasamos la carrera y nos fuimos para el circuito. Ya conocía la ruta, cada rincón de esta, pues la recorrí en los Olímpicos del 2012, cuando casi que comencé mi carrera de verdad; eso me dio tranquilidad, porque no era un lugar desconocido. Sabía que había llegado a esa ciudad a hacer historia.

Dios, estoy conectado contigo, con lo que me rodea, con el Palacio de Buckingham, y solo quiero hacer lo que me toca

Me paré en la línea de salida, doblé las rodillas, toque el piso y dije: “Dios, estoy conectado contigo, con lo que me rodea, con el Palacio de Buckingham, y solo quiero hacer lo que me toca”.

Es que siempre que tengo esos duros retos me encierro en una botella, esa que tiene el barco dentro. Pienso que soy el que lleva el timón y solo quiero manejarlo bien, izar las velas en el momento indicado.

Sabía que eso era lo que tenía que hacer durante los 20 kilómetros de la prueba de la marcha. Durante la carrera pensé la frase de batalla: “Voy a ser el rey de Inglaterra”, algo que nació en noviembre del año pasado, de lo que no sabían sino mi entrenador, mi psicóloga y yo, nadie más, ni mi familia se enteró.

La competencia

Los primeros kilómetros había que hacerlos con tranquilidad, vigilantes de mis rivales. Sabía lo que tenía que hacer cada kilómetro, ceñido a lo que estaba planificado hasta que llegaran los kilómetros definitivos.

Durante el recorrido casi no hablo con nadie, y me sirve que los rusos casi no hablan inglés y a los japoneses no les gusta. Casi siempre fui al pie del ruso, él me pasaba agua y yo a él, entonces siempre se siente esa amistad, a pesar de ser competencia.

Es una rivalidad sana. Cuando llegué al kilómetro 16 comenzó a definirse la prueba. Allí decidí atacar, partimos el lote y solo quedamos cinco atletas.

En el 17 tuve problemas, fue el tramo más complicado de los 20 km, porque el ruso Sergei Shirobokov me sacó un cuerpo de distancia y yo estaba fatigado.

Pasamos por la contrameta, y López me dijo: “Éider, estos 3 km son suyos, usted los conoce bien, hágale, hágale”. Pero yo iba reventado, muy cansado, pero me acordé de lo que López me dijo cuando fue descalificado en los Olímpicos del 2012, precisamente en Londres.

En esa ocasión, triste y abatido, Luis Fernando me comentó que había que sufrir para estar adelante, y eso lo puse en práctica, por eso pegué un jalón y le volví a llegar al ruso.

En el km 18 solo quedamos el ruso y yo, esperé un poco. Entramos al último kilómetro y recibí una falta, la única que cometí durante el recorrido.

Éider Arevalo

Éider Arevalo compartió podio con el ruso Sergei Shirobokov, y el brasileño Caio Bonfim.

Foto:

EFE

No fue una amarilla directa, fue una advertencia, pero ya estaba con lo justo, las fuerzas estaban al límite, por eso saqué la mejor parte de mi técnica para el remate; me jugaba la medalla de oro.

En ese instante ya tenía la bandera de Colombia que me había pasado el profesor Marcelino Pastrana, y la idea era ir detrás de Shirobokov, pero pasamos por Buckingham y me dije: “No quedan sino 500 m”, y me tocaba salir, no podía dejarme ganar del ruso, joven, de tan solo 18 años; lo pensé, y reaccioné, vi el Palacio y repetí la frase: “Voy a ser el rey de Inglaterra”, y me rodeé de energías positivas, de mis sueños de ganar el Mundial y ataqué, me fui, saqué el animal que hay dentro de mí.

Siempre soñé con cruzar la meta ganado con la bandera de mi país en el cuello, y lo hice. Crucé la línea, supe que era el campeón y me fui a celebrar con el equipo. Quería hacer algo diferente en el podio.

Todos levantan los brazos, besan la medalla, y pensé en el salto, sería genial hacerlo y lo decidí cuando iba caminando a la premiación, eso fue genial. Shirobokov, plata, me dijo que era muy bueno, que me felicitaba, y el brasileño Caio Bonfim, tercero, me dijo que pudo haber estado con nosotros disputando el oro, pero por el tema de faltas prefirió bajarle al ritmo.

Después de la ceremonia nos fuimos para el hotel, hablé con la prensa de mi país, con mi familia, mis amigos, y la idea era ir a la fiesta de clausura del Mundial, pero no asistí. No fui porque estaba liquidado, y decidí descansar porque sabía que me esperaban días duros en Colombia. Preferí quedarme en la habitación, me dormí como a las 2 de la mañana, tranquilo, pero pensaba y pensaba en la familia, en lo que hice, en los momentos buenos y en los malos.

Bienvenido al grupo de campeones mundiales

Jefferson Pérez, el ecuatoriano campeón olímpico de marcha, me escribió: “Bienvenido al grupo de campeones mundiales”; eso me pareció increíble.
Pienso en ese éxito, y hubo algo importante: alejarme de todas las cosas negativas. Hay cosas tóxicas que uno no las debe saber. Si es algo que está fuera de mis manos y me llena de intranquilidad, pues es mejor no saber nada de eso, porque me llena de tristeza.

Uno ve las noticias de muertos, de violaciones, de corrupción, y es preferible evitar eso y estar tranquilo, enfocarse en lo que uno hace. Ahí es donde está la clave para dar el alto rendimiento al ciento por ciento.

Si uno está pendiente de lo que dicen los demás, de sus opciones, pues uno falla. Uno está en competencia y se pone a pensar qué dicen, y se bloquea. Hay sacrificios; yo los hice, me desconecté de mi familia, un día antes de la competencia hablé con ellos, los saludé, pero no más, de ahí para adelante la concentración en la carrera era lo más importante.

Siempre dije que cuando fuera campeón mundial se haría la pista en Pitalito, Huila, porque quiero que muchos jóvenes con talento tengan dónde entrenar. Hay gente que crece en las fincas cargando bultos, cogiendo café, con muchas capacidades físicas, voleando azadón, y tienen hambre, eso se ve en los pueblos.

En Pitalito, como en Colombia, hay talento, hay hambre y gente que quiere salir adelante y ganar más mundiales, como lo hemos hecho varios.



Éider Arévalo
Deportista del año para EL TIEMPO
En twitter: @EiderArevalo

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