Polémica y angustia no impiden el paso del Real Madrid a la semifinal de la Liga de Campeones - Fútbol Internacional - Deportes - ELTIEMPO.COM
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Polémica y angustia no impiden el paso del Real Madrid a la semifinal

Cayó 1-3 con Juventus. Un discutido penalti al final, anotado por Cristiano, le permitió avanzar.

Real Madrid vs. Juventus, en Liga de Campeones

Lucas Vazquez (2 izq.) disputa el balón con el defensa Medhi Benatia (izq.) ante la salida del arquero Gianluigi Buffon, en la polémica acción que el juez determina como pena máxima.

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AFP

11 de abril 2018 , 11:20 p.m.

Fue una jugada de esas que dividen el mundo peor que una disputa electoral. “¡Lo tocó! ¡Se lo llevó por detrás! ¡Imprudencia! ¡Penalti justo!”, gritaron los madridistas de inmediato, sin meditarlo, dejándose llevar por la euforia y quizá por la angustia: era el minuto 92, y ya venía el increíble alargue. “¡No fue penalti! ¡No lo empuja! ¡Fue apenas un roce! ¡Atraco!”, respondieron del otro lado, invadidos de ira.

La batalla se armó en el corazón del área, que bien parecía un ring, aunque no se golpeaban con los puños sino con las miradas y las palabras, luego de que el árbitro pitó el discutido penalti. El arquero Buffon, que sabía que era el elegido para el fusilamiento, protestó con ira, con súplicas, con altanería.

Gianluigi Buffon

El arquero Gianluigi Buffon le protesta al árbitro central y luego es expulsado del partido.

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AFP

El árbitro se sintió acechado en un mar de tiburones. Lanzó el primer disparo al aire: roja para el arquero indignado. El juego de lo improbable iba 0-3; el de la semana pasada, también improbable, quedó igual. El 3-3 global entre Real Madrid y Juventus tenía los nervios jugando su propio partido, con un penalti decisivo.

Lo inesperado

Habían sido 92 minutos de un tránsito inesperado. El espíritu de Roma debió de invadir a los jugadores de Juventus, que vestidos de amarillo parecían leones hambrientos. Se lanzaron a la cancha con heridas en el alma. Jugaron para reivindicar su juego anodino de Turín. Para demostrar que en fútbol nada está escrito. Si el Roma hizo el milagro ante el Barcelona, Juventus creía que también podía. Y casi lo hace. Pero en el fútbol existen milagros y tragedia.

Cristiano Ronaldo

El delantero portugués del Real Madrid, Cristiano Ronaldo celebra el gol del equipo madridista que le dio la oportunidad de seguir en la Liga de Campeones.

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EFE

A los dos minutos de juego, cuando los madridistas aún se sentaban en el Bernabéu, como si llegaran a disfrutar de un trámite, recibieron el primer aviso. Mandzuckik, el gigante del ataque italiano, metió un cabezazo, y fue el 0-1.

Hasta ahí era un resultado sin consecuencias en las tribunas. La ventaja era amplia, y además estaba Cristiano Ronaldo en la cancha. Y con él, el Madrid juega como con un ángel de la guarda. De carne y hueso.

A los 37 minutos el ambiente empezó a ser raro en el estadio. La pelota volvió a sobrevolar a los defensas, que debieron de extrañar al suspendido Sergio Ramos. Amo y señor del área y del aire, Mandžukic apareció otra vez, como una pesadilla. Otro cabezazo y otro gol. Y ahora sí, un viento helado recorrió el Bernabéu.

Segundo tiempo. Minuto 16. La pelota inquieta cayó al área y le jugó una broma al arquero Navas, se resbaló de sus brazos y se dejó arrastrar por una mole que entraba como un toro, Matuidi, que la llevó a la red: ¡0-3!, gritaba el eufórico narrador en la TV.
¡0-3!, murmuraban los fanáticos de blanco, congelados como fantasmas. ¡0-3!, coreaban los estoicos italianos, que fueron a un velorio y vivían un carnaval.

El alargue era cuestión de minutos.

La polémica

No había nada que hacer. El juez consideró que Benatia, al minuto 92, empujó a Vázquez. Fue de esas jugadas que si no la pita, quizá no pasa nada. Pero como la pitó, pasó de todo. Después de rabiar, Buffon se marchó como quien se despide para siempre de esas batallas.

El impronunciable arquero Szczesny entró para que nadie lo pronunciara. El héroe ya tenía nombre propio. A Cristiano no debió de importarle qué arquero estaba en frente, ni lo miró; tampoco pareció sentir presión del momento, de la gente, de lo que estaba en juego. Un jugador común puede perder la calma. Cristiano, no. Eligió a qué lado tirar la pelota y, de una vez, a qué lado ir a celebrar... No falló: 1-3, y el Bernabéu se sacudió como si hubiera sido por el título.

Hoy, el mundo sigue hablando del penalti que se atrevió a pitar el juez; de si Benatia tocó o no a Vázquez; de si lo empujó o este se dejó caer impulsado por el viento...

¡Atraco!, gritan aún de un lado. ¡Justicia!, claman del otro. Bufón, para quien quizá era su última oportunidad de ganar la Champions, calificó al árbitro de “cínico”, y el penalti, de “episodio dudoso”.

No entiendo por qué protestan, fue penalti


Ronaldo, el mismo que con dos goles en Turín, incluida una chilena de fantasía, inclinó la serie, respondió: “No entiendo por qué protestan, fue penalti”. Así quiso cerrar una polémica que, en todo caso, seguirá abierta, aunque el Real Madrid ya esté en la semifinal.

El viernes, el sorteo

Los emparejamientos de semifinales de la Liga de Campeones se decidirán en un sorteo abierto con Bayern (Ale.), Liverpool (Ing.) Real Madrid (Esp.) y Roma (Ita.).

Pablo Romero
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @PabloRomeroET

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