Fútbol Internacional

Real Potosí, un reflejo de cómo estamos… (Opinión)

No hay, seguro, un antecedente similar en la historia del fútbol.

04 de agosto 2018 , 08:41 p.m.

Vive, Samuel Blanco. Ahora en su España natal, intentando conseguir un trasplante de pulmón para solucionar un serio problema de salud. No es tan grande todavía. Grande es su decepción. Hace 30 años, este enamorado del Real Madrid fundó un club en Bolivia y lo vistió con los símbolos de su Madrid: el mismo escudo, la casaca lila que fue por años la alternativa del Real, y el aditamento en el nombre: Real Potosí, lo llamó.

Y lo echó a andar. Blanco, empresario del rubro alimenticio, veía lo efímero de los clubes en esa ciudad que fue el verdadero Dorado del Virreynato del Perú, de donde se extraía todo el oro y la plata que enriqueció y dio lustre a la Corona española. Notaba que los clubes aparecían un año y desaparecían al otro. Quería crear una institución estable, que se hiciera tradición de la ciudad y se autosustentara. Acaso como para devolver un pedacito de aquello que los españoles se llevaron de las entrañas potosinas.

Real Potosí cumplió el pasado 1° de abril sus primeros treinta años de existencia. Nació modestamente y en 1997 ganó el ascenso a Primera División. En 2002, en su debut en Copa Libertadores, hubo fiesta: venció al gran San Lorenzo de Almagro 1 a 0. Unas semanas después dio un nocáut histórico: goleó 6 a 1 a Peñarol. Se lo achacó a los 4.067 metros de altura de Potosí. Unos días después estuvimos en Montevideo con Spencer y Alberto, sereno y sentencioso para el juicio como era, derrumbó el argumento: “Altura hubo siempre, y nunca le hicieron seis a Peñarol”.

Fue creciendo Real Potosí, creció tanto -permítase la ironía- que en la primera fecha del Torneo Clausura de Bolivia, el pasado 23 de julio, se presentó a jugar frente a Universitario de Sucre con dos equipos, dos técnicos y tres presidentes. Todos juntos. Ni el Real Madrid podría tanto. Efectivamente, pasó… ¡Es tan surrealista…! Antes se pensaba que eran rarezas susceptibles de otros continentes más desfavorecidos, pero sucedió en esta Suramérica que nos ocupa y preocupa. No hay, seguro, un antecedente similar en la historia del fútbol.

Por la primera fecha del torneo Clausura de Bolivia, Real Potosí recibía a Universitario. El depuesto presidente Wilson Gutiérrez entró al vestuario con un técnico (Fernando Ochoaizpur) y un equipo de la mano. El presidente electo, Calixto Santos, llegó al estadio con otro plantel y otro entrenador (Walter Botto, también argentino, como Ochoaizpur). Y en medio de todos ellos, Juan de Uzín, presidente designado interinamente hasta tanto se resuelva la disputa entre los dos primeros.
-Jugamos nosotros-, dijo un técnico.

-No, córranse que estamos nosotros-, le respondió el otro.

La incómoda e insólita situación se saldó de manera salomónica: Darwin Peña y Herman Soliz, capitanes de ambos grupos, formaron un equipo con un poco de cada uno y salieron al campo. Igualaron 1 a 1. Antes y después se sucedieron episodios que ni el más osado libretista de Hollywood imaginaría.

La raíz del problema está en un partido repechaje -el 3 de junio pasado- que Real Potosí jugó con Guabirá. El ganador conseguía el último cupo a la Copa Sudamericana 2019. Guabirá había goleado de local en Montero 4-1. Y en Potosí también ganaba tranquilo 1 a 0. Nerviosos, los jugadores locales empezaron a pegar casi a mansalva y el juez José Jordán expulsó a tres futbolistas lilas. Bien echados. Guabirá hizo otro gol, 2-0. Jordán sacó una cuarta roja. El presidente Wilson Gutiérrez, viendo que se le escapaba la clasificación a la Sudamericana y con ello una alta suma de dinero, se enloqueció, entró al campo y agredió al árbitro. Le aplicó dos manotazos en el rostro. Una locura, acaso sin mayor repercusión por la inminencia del Mundial. Debido a este bochorno del presidente, que causó gran disgusto en la parcialidad y seguro le iba a costar una larguísima suspensión, quizás dos años o más, nació un movimiento para reemplazarlo en el club. De tal modo, una asamblea de socios destituyó al iracundo Gutiérrez, mientras un tribunal de honor nombró interinamente a Juan de Uzín, exdirectivo. Y este llamó a elecciones, en las que ganó el empresario minero Calixto Santos con 123 votos y sin oposición. Pero Gutiérrez se negó a salir; adujo que acababa de pagar de su bolsillo un mes de sueldo al plantel (23.000 dólares) y que se iba sólo si le reintegraban ese dinero. Santos dijo que pagar la nómina era parte de su obligación; él no estaba dispuesto a darle nada. Y comenzó un tironeo cada vez más violento.

La Federación, a su vez, desconoció el acto comicial por no ajustarse al estatuto. “En realidad -dicen los periodistas bolivianos- se hizo bastante la distraída porque Gutiérrez le dio su voto a César Salinas, el nuevo presidente federativo. Una devolución de favores. Incluso hasta hoy no ha salido la sanción a Gutiérrez”. Con ese respaldo, Gutiérrez se atrincheró en el club y comenzó a formar el nuevo plantel para este torneo Clausura, en tanto Calixto Santos, seguro de asumir, preparaba otro con el mismo propósito.

A todo esto, el diferendo iba in crescendo. Intervinieron el Alcalde de la ciudad, el Gobernador y hasta se hizo una marcha a la casa de Gutiérrez para exigirle que dejara el club. Este denunció que lo amenazaron a él y a su familia y que dinamitaron la puerta de su casa. “Pero no es cierto -dice Wilfredo Aiza, colega de la local Radio San Antonio-, si le tiran dinamita le vuelan la casa. No pasó de unos petardos”.

“Me voy por mi familia, y porque me lo pidió mi madre”, declaró compungido Gutiérrez. Sin embargo, se salió con la suya: renunció, no sin antes cobrar los 23.000 dólares. Ahora se espera un nuevo llamado a elecciones de parte de Uzín, en las que se supone triunfará nuevamente Santos. Pero el problema subsiste: en la segunda fecha del torneo, ante Sport Boys de Warnes, ya dirigió Walter Botto y puso “el equipo de Santos”. Como no eran muchos, presentaron apenas cuatro suplentes, todos juveniles. Perdieron 4 a 1 y el rival hasta debió prestarles pantalones negros porque no tenían. Y en la tercera fecha -clásico ante Nacional- lo mismo: Botto hizo una concesión, llamó a cinco jugadores del otro bando, pero estos se negaron. “O vamos todos o ninguno”, dijeron. Otra vez perdieron: 3 a 2.

Ya en 2010, alejado de la ciudad donde es muy respetado, Samuel Blanco se lamentaba ante la prensa: “Siento dolor por todas las cosas que suceden en Real Potosí, hay una camarilla muy difícil de erradicar”, dijo entonces.

“El problema está lejos de terminar -finaliza Wilfredo Aiza-. Ahora todos los jugadores que quedaron afuera, los del plantel de Gutiérrez, están reclamando el pago de sus contratos y piensan llegar a la Fifa. Esto va a explotar en cualquier momento y el club puede hasta desaparecer”.

Fútbol suramericano modelo 2018.


Último tango...


JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO
En Twitter: @JorgeBarrazaOK

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