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El taco / Las 10 mejores jugadas del fútbol

Una jugada huérfana de uso exclusivo para los más hábiles y aventajados del balón pie. 

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EL TACO ESPECIAL LAS 10 MEJORES JUGADAS

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23 de marzo 2018 , 10:41 a.m.

Si el futbolista tuviera ojos en la nuca, el taco no existiría, no valdría la pena, no sería una jugada tan exquisita, desconcertante e impredecible. Sería, si acaso, un pase como cualquier otro. Pero el taco existe. Nace en la mente del futbolista vivaz, de aquel que inventa sin saber qué sucede a su espalda. No sabe a dónde irá la pelota, pero lo intuye, lo presiente, o simplemente lo calcula.

El taco es un recurso, y, a su vez, un lujo. Es una forma de expresión del genio de la pelota para engañar al rival, para burlarlo, o para salvar una jugada que agoniza, e incluso, para enviar la pelota a la red, a la gloria inmortal. Un gol de taco jamás se olvida.

Se trata justamente de golpear el balón con la parte trasera del pie, con el talón, para impulsarlo a un destino inesperado, cambiándole la trayectoria. El autor puede hacerlo en velocidad o en juego lento, en una primera intención, sin pensarlo mucho, sin meditar, tan pronto recibe el pase, con microsegundos para inventar y ejecutar. Así se genera su esencia, que es la sorpresa. El taco es el arte de la intuición.

Taco o taquito, la palabra va girando como la pelota en el pasto. Porque la jugada es tan vistosa que genera ese efecto –y ese afecto-. El taquito no es un diminutivo; es un sustantivo cariñoso, próximo y alargado, como la pelota inalcanzable que se aleja del rival, que lo confunde. Se le dice taquito para embellecer con las letras la obra que se consuma en la cancha.

taco

La jugada también se ha transformado. Ha evolucionado de acuerdo con la imaginación del futbolista y de su talento, como aquel que se arriesga a cruzar el pie que más domina por encima del que menos le obedece y golpea el balón con el talón, para así darle vida a otro taco, uno más complejo y elegante. También hay quienes esperan que el balón venga atraído hacia sus pies para dejarlo pasar entre las piernas, como si fuera víctima de un túnel, y de repente lo empujan de tacón a otro lugar. Todo depende de la destreza y de la imaginación. El taco no se limita.

El taco o taquito no tiene dueño. No tiene origen específico. Nació por la propia inventiva del futbolista, en su locura. Necesita técnica, habilidad, equilibrio, precisión e inteligencia. No sirve un taco que va directo al rival. No funciona un taco que refunde la pelota y la deja merodeando en cualquier parte. El intento fallido de un taco se paga caro: provocará el juicio popular del silbido. En cambio, un taco culminado le arranca música a la pelota.


PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
En twitter: @PabloRomeroET

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