Análisis de la final de la Copa Libertadores 2018 River vs. Boca en el Santiago Bernabéu - Fútbol Internacional - Deportes - ELTIEMPO.COM
Fútbol Internacional

A Argentina nadie le quitó la final de la Libertadores, la regaló

“Quilombo en el Bernabéu”, dice la portada de Mundo Deportivo, de Barcelona.

Santiago Bernabéu

Estadio Santiago Bernabéu.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

Por: Claudio Serviño
 GDA/La nación @ccerviño
30 de noviembre 2018 , 06:37 p.m.

Era la final histórica, con Boca y River. Pasó de final a papelón de todos los tiempos. Termina siendo doblemente histórica: ni siquiera se jugará en la Argentina. Tampoco en Sudamérica. La primera reacción es decir "nos sacaron la final de la Copa".
Negativo: la regalamos, y con moño. Por incapacidad organizativa, por no combatir a los barras como es debido, por querer sacar ventaja de todo y a cualquier costo.

Rompiendo ilusiones de mucha gente que quería ser testigo de un día único. Rozando hasta los límites de la desgracia, con un banderazo desbordado primero y después con ese chofer que perdió por un instante el control del volante del ómnibus. O cayendo hasta en el descrédito de lo que la Argentina puede hacer o no: en ningún momento desde la Conmebol se reconsideró la posibilidad de jugar el partido decisivo de la Libertadores en el Monumental a pesar de las insinuaciones, previo al G-20, desde el Gobierno de que estaban dadas las garantías.

La imagen que preocupa a tantos en rigor no distorsiona: es el reflejo futbolístico, de conducción y también social. Paradojalmente muchos viajaron desde España para presenciar un partido que no pudieron ver y ahora lo tendrán ahí mismo. Les debe ser difícil de entender, aunque quizás en esos días hayan interpretado bastante del porqué suceden muchas cosas aquí.

Desde el momento en que se suspendió el partido, quién más, quién menos, la percepción era que la final se iba a jugar igual, sin soslayar los rebotes legales posteriores. Por conveniencias, por presiones, por el año devastador en imagen de la Conmebol. Cada uno jugó su partido, buscó defender públicamente lo suyo aun sin estar del todo convencido, se chicanearon en vez de dar el ejemplo y bajar decibeles.

La final histórica mutó en un "Gran hermano" de cruces, mensajes y operaciones mediáticas. A "la grieta política" le sumamos la "grieta superclásica". Hastiando a interesados y a hinchas independientes. La figura que muchos utilizaron de que "ya nada sería igual" no fue exagerada, más allá de que el 9 de diciembre, a la distancia o en Madrid, festejen de todos modos.

Jugar en el Bernabeu será una experiencia novedosa para muchos protagonistas, sentirse de Primer Mundo por unas horas. Seguramente lo imaginaron de otra manera: vistiendo la camiseta de algún club europeo, con progreso profesional incluido y peleando por la Champions. "Quilombo en el Bernabeu", dice la tapa de hoy de Mundo Deportivo, de Barcelona, con las fotos de Benedetto y de Pratto. El retrato que le faltaba a un papelón para la eternidad.




Análisis
Claudio Serviño
Editor del suplemento Deportivo - GDA/La nación @ccerviño

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