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Meluk le cuenta… (La copa, para Boca)

Siguen justificando con su indolencia a las barrascriminales y sus cómplices de cuello blanco.

Meluk le cuenta... La copa, para BocaEl fútbol no es violencia. Video columna del editor de Deportes de EL TIEMPO Gabriel Meluk.
Meluk le cuenta

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Por: Gabriel Meluk
28 de noviembre 2018 , 08:05 a.m.

No importa nada. No importa que agarren a piedra un bus, ni que casi le saquen un ojo a un jugador. No importa si fue a un kilómetro o a media cuadra o en la puerta del estadio. No importa si tiran en la cara de un equipo gases lacrimógenos. No, no importa. Solo importa que el fútbol no pare.

La ‘nueva Conmebol’ falla. Tras la camorra de la ‘vieja Conmebol’, pierde una oportunidad histórica de demostrar que su voz de renovación ética en las cuentas bancarias es también obra concreta para el fútbol real. Despilfarra la inmejorable oportunidad de mandar el mensaje tangible contra la violencia de las barras criminales y sus nexos con los equipos.

Alejandro Domínguez, el mandamás del fútbol suramericano, se llena la boca repitiendo que la vergonzosa no final del tercer mundo entre River y Boca demostraba que “la violencia no es parte del fútbol”, que “no hay lugar para los violentos”, que “los estadios no son espacios de violencia”, que “el fútbol no es violencia”. Palabrería. Cree que hay que jugar como sea.

Está claro que el fútbol es cancha, pasto, pelota y pie; como también letra, artículos e incisos. El reglamento es parte viva del juego.

Pero hoy, más que nunca, el fútbol es mensaje y el mensaje enviado por Domínguez es ¡que el fútbol no pare! Se juega ya, en una hora, en dos, o el domingo pasado o el futuro 8 o 9 de diciembre, pero toca jugar. No importa nada: no importa que agarraran a piedra el bus de Boca los barras criminales de River, ni la lesión en el ojo de Pablo Pérez. No importa el gas lacrimógeno ni que en las calles a un kilómetro o a tres cuadras hubiera saqueos y batalla. No importa nada.

La final de la Libertadores perdió su naturaleza y todo se ve como justo o injusto, según la camiseta. En gracia de discusión, es horrible definir la Libertadores en un escritorio, como también es espantoso jugar ahora la final. Pero lo más terrible y aterrador es que el presidente de la Conmebol no haya tomado una determinación ejemplar contra la violencia, como lo pregona, y a pesar de la evidencia insista en jugar. Domínguez ya perdió la oportunidad única de marcar un antes y un después, como lo hizo Europa tras Heysel en 1985; desperdició la ocasión de decirles a los barracriminales del área que SU EQUIPO PUEDE PERDER TODAS LAS COPAS por sus fechorías hasta contra su rival de todos los tiempos y, lo más grave, no señaló a los dirigentes que le dan a un hampón de la barra 300 boletas...

Domínguez y su Conmebol dejan ir la oportunidad inmejorable de darle la Copa Libertadores a Boca –como debe ser, por todo–, y así partir la historia de nuestro fútbol a ver si los ‘hinchas buenos que dizque son más’ siguen justificando con su indolencia a las barrascriminales y sus cómplices de cuello blanco. La Copa Libertadores debe ser ya de Boca. Es sentido común y debe ser precedente.

Meluk le cuenta…

GABRIEL MELUK
Editor de DEPORTES
En Twitter: @MelukLeCuenta

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