la final se vive en familia Santa Fe vs. Millonarios liga águila 2017-II - Fútbol Colombiano - Deportes - ELTIEMPO.COM
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La final entre Santa Fe y Millos se disfruta en paz y en familia

En la víspera de la final, tres historias retratan cómo se vive la pasión, con la rivalidad en casa.

Millonarios vs. Santa Fe

De izq. a der.: Carlos, Doris, Diana, Fabián y, adelante, Manuela. La familia Cortés Cely.

Foto:

Archivo particular

17 de diciembre 2017 , 10:52 a.m.

Sentarse a ver el clásico en la misma sala. Mirarse mutuamente y con la camiseta rival: la azul, la roja. Refunfuñar, desafiarse en silencio. Luego, reír, llorar, gritar, comerse las uñas sin pudor. Cantar el gol. Sufrirlo. Compartir el pitazo final. Molestarse un segundo, disimular. Darse la mano, un beso, quizá un abrazo. Aguantar las chanzas en la derrota, toda la semana. Contraatacar en la victoria. Y seguir la vida, como lo que son: hinchas de Santa Fe y Millonarios que conviven en una misma familia.

“Llevo 35 años durmiendo con el enemigo”, dice Carlos Alberto y antecede una carcajada. Es un santafereño fervoroso, de 53 años, el jefe de la familia Cortés Cely, que está dividida por los colores. En su casa los hombres son de Santa Fe; las mujeres, de Millonarios. “A mi esposa la conocí con ese mal y así la quiero”, agrega Carlos Alberto y vuelve a reír. El ambiente en la familia Cortés Cely no está tenso, aunque hoy se juega el clásico más importante de sus vidas.

A las 7 p. m. del pasado miércoles 13 de diciembre, la familia se reunió en su casa en el sector de la Javeriana, en Bogotá. Llegaron sobre la hora, apresurados. Se sentaron, ellos, papá e hijo, en la sala, con las camisetas de Santa Fe. Ellas, mamá e hija, en el comedor, con las de Millonarios. Tomaron una prudente distancia y no es para menos, se jugaba el clásico de ida de la final.

Pero mi hija, que era de Santa Fe, fue a un clásico que ganó Millonarios y le dio por cambiarse.

Carlos Alberto dice que cumplió con la tarea de transmitir su pasión por Santa Fe a sus tres hijos, pero los planes no le salieron, lo sospechó desde que se casó con una aficionada de Millonarios, Doris Amanda. “Mi segundo hijo iba al estadio pero a dormir. No le gusta el fútbol. Mi otro hijo, Fabián, sí quedó santafereño, como yo. Pero mi hija, que era de Santa Fe, fue a un clásico que ganó Millonarios y le dio por cambiarse. Obvio uno ni los aprieta ni les exige, eso se respeta”, dice el señor Cortés, entre risas y resignaciones.

Cuando arrancó el partido de ida y Santa Fe falló sus opciones de gol, la sala de la familia Cortés se sacudió. El papá se levantó y gritó, como siempre, con sus arengas, principalmente contra el árbitro, el que considero que pitó a favor de Millonarios. El hijo, igual. Las mujeres, mientras tanto, callaron. Ellas saben que en temas de fútbol a veces es mejor no intervenir. Disfrutaron la victoria de su equipo por dentro, en silencio. Felices.

Sabemos que en este punto no puede haber empate, uno de los dos va a ganar el título. Pero lo más importante ahora es la tolerancia que nos tenemos

“Sabemos que en este punto no puede haber empate, uno de los dos va a ganar el título. Pero lo más importante ahora es la tolerancia que nos tenemos. Es chévere ver el fútbol en familia”, dice Diana, la hija, quien a su vez es mamá de dos pequeñas y una de ellas ya heredó el color azul. Diana añora la época en la que iba con su familia a la tribuna lateral sur de El Campín, con la olla, a comer y ver el clásico, azules y rojos mezclados. Épocas que, sabe, no volverán.

Padre e hija

Los hinchas casi siempre nacen, heredan. Pero algunos se van desviando por el camino. El color les gana, los atrapa, y entonces no hay familia que lo impida. Les toca aprender a compartir esas pasiones, esos dramas. Así le paso a David García. Toda la vida hincha de Millonarios. Tuvo la ilusión de que su hija, Ana María, siguiera ese legado. Hizo la tarea: la llevó desde los 6 años al estadio El Campín, le puso su camiseta azul, la contagió de ese fervor, pero un día, como suele pasar, en un clásico, a ella los ojos le brillaron de rojo. Sin saber por qué, se enamoró de Santa Fe, y su papá, que aún se pregunta el porqué, tuvo que aceptarlo. “Pensé que ya te tenía segura en el lado azul...”, le dijo él ese día, resignado, y nostálgico.

Millonarios vs. Santa Fe

Ana María junto a su papá, David. Postal de un padre y una hija que discrepan en el fútbol.

Foto:

Archivo particular

Una semana antes del clásico del miércoles pasado, Ana María y su papá, David, ya vivían su propio drama, el que antecede cada clásico, y más en una final. “¿Dónde vas a ver el partido, hija? Mejor busca dónde verlo”, dijo él. Pero Ana María no se dejó asustar por la ansiedad. Allí estuvo, sin falta, a las 7 p. m., junto a su padre, su rival de 90 minutos. Fue el partido más largo de sus vidas –y aún falta el de hoy–. El padre estuvo silencioso, analítico, como siempre; ella, explosiva. Pocas palabras se cruzaron, algunos gritos de ella contra el árbitro. “Deje de llorar”, dijo él. Y al final, nada de abrazos ni de consuelos. Un solo festejo, el azul. Fue cuando David lanzó la pregunta que le viene a la cabeza cada tanto.

–¿Por qué te volviste roja? ¿En qué momento?
–Papá, a esa edad, el rojo fue el color que me gustó...

El amor por encima del club

–Y... ¿de qué hincha eres? –preguntó Ernesto García cuando la conoció, ansioso, enamorado, mirándola a los ojos.
–¡De Santa Fe...! –respondió Fabiola Márquez, sin titubeos.
–Lástima... Es lo único malo que tienes...

Hay destinos caprichosos. Seres que se cruzan en el camino, se miran, se gustan, se conquistan. Se enteran de que llevan pasiones diferentes y, sin embargo, el amor les gana. Se casan: ella, santafereña; el, embajador. Nada que hacer.

Ya llevan 14 años de casados. Han visto juntos cientos de clásicos. Han compartido las alegrías y las tristezas. Han ido juntos al estadio, alguno de los dos camuflado en la barra rival para no separarse, así les toque contener los gritos de gol. Aprendieron a compartir sus pasiones.

Millonarios vs Santa Fe

Ernesto García, de Millos, y Fabiola Márquez, de Santa Fe. Esposos e hinchas.

Foto:

Archivo particular

Ver un clásico no es tan dramático para ellos. Fabiola ya está acostumbrada: la familia se reúne y la mayoría son azules –de 13 hermanos de Ernesto, solo uno es santafereño, el que por supuesto evita esas veladas–. Fabiola suele estar solitaria entre la algarabía embajadora. Ella prefiere que su marido disfrute y grite y celebre. No interviene para no entrar en conflicto, aunque por dentro invoca los goles de su querido Santa Fe.

Yo hasta les he hecho barra a veces, por ser de Bogotá. Aunque lo malo de los santafereños es que gozan más con que pierda Millonarios a que gane Santa Fe

Han aprendido a convivir con esos gustos y no les incomoda. De hecho, ya están celebrando que la estrella se quede en Bogotá. Gane el que gane. “Para mí es excelente que exista Santa Fe; si no, quién sabe contra quién nos tocaría jugar. Yo hasta les he hecho barra a veces, por ser de Bogotá. Aunque lo malo de los santafereños es que gozan más con que pierda Millonarios a que gane Santa Fe, ja ,ja , ja”, dice Ernesto. Y Fabiola no calla, contraataca con sutileza: “Él una vez se fue para Cartagena y justo se quedó en el hotel al que llegó Santa Fe. Se tomó foto hasta con Omar Pérez, ja, ja, ja”.



Pablo Romero 
Redactor DEPORTES EL TIEMPO
En twitter: @PabloRomeroET

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