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Junior, más que un equipo, es el alma de Barranquilla

La cultura costeña tiene un espacio para su club, que este domingo alcanzó la octava estrella.

Hinchas Junior

Hinchas Junior

Foto:

Carlos Capella / EL TIEMPO

Por: Pablo Romero
16 de diciembre 2018 , 07:49 p.m.

Junior camina por las calles de Barranquilla como si fuera un costeño más, aparece en las tertulias de cualquier estadero, pasea por los andenes y los parques, se sube a los buses de Transmetro, ronda las plazas de mercado, duerme la siesta del almuerzo, flota y viaja con el aire húmedo, se toma un ron en la rumba nocturna y, no importa que no haya partido, es como un ente, como un ser real y presente, como un amigo entrañable, no joda, como un hijo, como un padre, no como cualquier padre, sino, por supuesto, como tu papá.

Los estadios más grandes del país

Estadio Metropolitano Roberto Meléndez: la sede de la Selección Colombia y el Atlético Junior.

Foto:

Guillermo González / Archivo EL TIEMPO

Las calles de Barranquilla son extensiones del estadio Metropolitano. Los escudos del Junior se pintan en el piso y las paredes, grandes, rojiblancos, bien bacanos. Alguna bandera se asoma, se ondea y anuncia que el territorio es juniorista; no solo la cuadra, no solo el barrio, sino toda la ciudad, la región Caribe, porque Junior, lo que algunos llaman el juniorismo, es una forma de ser, de sentir, de sufrir y de festejar, pero también una forma particular del ser costeño. Difícil encontrar otra pasión futbolera tan arraigada a esas costumbres, a esa cultura tan propia.

Me llama un amigo y me pregunta: ‘¿Qué vas a hacer esta tarde?’. Yo le respondo: ‘Esta tarde no cuentes conmigo: voy a ver el partido de tu papá’

Que lo diga Alberto Salcedo Ramos, escritor, periodista, barranquillero y juniorista . “Junior es alegría, bullaranga, maizena. Es algo que va más allá del fútbol. No se vive como si simplemente fuera un deporte sino como si, además, fuera una fiesta.
Aprovecho para decir que la mayoría de personas del interior entienden mal ese apelativo de ‘tu papá’ que tiene el Junior. Lo ven como si fuera una forma prepotente de pordebajear a los demás equipos. Nada más errado. Mira este ejemplo: me llama un amigo y me pregunta: ‘¿Qué vas a hacer esta tarde?’. Yo le respondo: ‘Esta tarde no cuentes conmigo: voy a ver el partido de tu papá’. Es una forma de hacer que el equipo se sienta más entrañable. Junior es un sentimiento. Una emoción que tarde o temprano se convierte en baile y en palmoteo. Junior es tu papá, no joda”.

Hinchas del Junior

Hinchas del Junior

Foto:

Óscar Barreto / CEET

Los debates en las tiendas son rojiblancos; se habla del Pibe, de Pachequito y de los inolvidables goles de Valenciano, y si van varias cervezas o rones, se habla de Juan Ramón Verón, erda, una leyenda. Los más jóvenes y los no tan jóvenes hablan de las mil batallas de Julio Comesaña, el técnico que siempre vuelve, y las botellas chocan y los brindis anticipan una frase de batalla: que Junior será campeón, no joda. Y en la radio suenan los programas deportivos con información actual del equipo, y si se habla de Junior es palabra sagrada, así ya no sea en la voz del legendario narrador Édgar Perea, pero igual la gente hace silencio, escucha, desocupa una cerveza, así, monocuco, y luego debaten, como si Junior estuviera ahí al lado sentado, brindando, y mientras tanto los más niños juegan en las calles con la camiseta rojiblanca, que puede ser la 10 del Pibe, pero últimamente también la de Jarlan Barrera, o la 29 de Teo Gutiérrrez, y parece que Junior estuviera ahí, en cuerpo y alma, gritando los goles, no hoombe, mejor, anotándolos.

Si hay un cumpleaños, pastel que se respete es del Junior, porqué sí, porque ajá, con el escudo delineado, con las letras grandes, con las siete estrellas, eeeche, ni una menos; si hay bautizo, la ceremonia comienza o termina con un ¡viva Junior, tu papá!; que viva, dirá el coro, que es unánime, sin aguafiestas;

El director técnico que mejor ha entendido eso es Comesaña. Por eso le va tan bien. Él entiende nuestra cultura y la mentalidad de nuestros jugadores

“Junior es como el Carnaval de Barranquilla, es decir, un producto que tiene lugar en la capital del Atlántico pero representa toda la región Caribe. En el Carnaval de Barranquilla hay tambores del sur de Bolívar, mitos de los pueblos ribereños del Magdalena, pregones como los de la independencia de Cartagena, y así sucesivamente. Con Junior pasa lo mismo: es un equipo en el que se expresa toda la región. El director técnico que mejor ha entendido eso es Julio Comesaña. Por eso le va tan bien allá. Él entiende nuestra cultura y la mentalidad de nuestros jugadores. Sabe llevarlos, esperarlos, encauzarlos, potenciarlos”, continúa Alberto Salcedo Ramos.

El escudo rojiblanco se reproduce por la ciudad más que la butifarra, peor que un enjambre de motos en un semáforo, se estampa como tatuaje en alguna pierna, espalda o pecho. Las uñas de las señoritas llevan un tiburón pintado, los aretes llevan los colores rojo y blanco, las camisetas se usan como traje de gala, de fiesta, de calle. En Barranquilla, Junior es una fiel compañía, una dama, una esposa. Así lo dijo el escritor Álvaro Cepeda Samudio: “Junior es la querida de Barranquilla”.

Junior de Barranquilla

Junior de Barranquilla

Foto:

Vanexa Romero / CEET

De Junior habló Gabriel García Márquez, su hincha más ilustre, quien tras su primera visita al estadio escribió: “Confieso que nunca en mi vida he llegado tan temprano a ninguna parte y que de ninguna tampoco he salido tan agotado”. Del Junior como fenómeno cultural ha hablado el periodista Juan Gossain, quien en el 2012 escribió para la revista Diners el artículo titulado ‘Detesto el fútbol, pero amo al Junior’. “El juniorismo es un estado de alma. Una manera de ser. Una actitud ante la vida. Una posición frente a las crudezas el mundo. El día que Junior pierde, como si fuera una fatalidad del destino, se va la luz en Barranquilla; si el equipo hace agua en el campeonato, la ciudad amanece inundada por los arroyos, aunque sea verano. Es fácil adivinar, por lo contrario, que el Junior ha ganado, sin necesidad de oír el estropicio que forman los comentaristas radiales, porque el lunes sale el sol más temprano y hasta el sepulturero del cementerio de Calan-Cala tiene una sonrisa de triunfador pintada en la cara”, dijo Gossain.

Barranquilla no respira fútbol, respira al Junior, o es el Junior el que respira en Barranquilla. Si llega un cachaco, debe tener cuidado al hablar, el acento lo delata, aunque también la pinta. Al mínimo descuido, ellos estarán ahí, lo rodearán: el taxista, el vendedor de paletas, el recepcionista del hotel, un alto ejecutivo, una maestra, un niño con la peluca del Pibe, el vecino que se siente a tomar el sol en el andén, el artista que se disfraza de marimonda juniorista en el Carnaval; todos, sí, papi, todos; nadie va a agredir, pero van a recordarle, eeeche, cachaco, que está en Barranquilla, y que aquí no importa quién tiene más títulos, si Millonarios o Nacional o América, o quién fue el primer campeón o el último; en Barranquilla, por donde se camine, Junior manda, y que a nadie se le olvide, cuadro, que Junior es tu papá.


PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
En twitter: @PabloRomeroET

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