Ciclismo

‘Lo que es pa’ uno es pa' uno’: Rigoberto Urán

Estuvo sensacional, ganó la etapa reina y terminó como subcampeón del Tour de Francia.

Rigoberto Urán

Rigoberto Urán sonríe en el podio del Tour de Francia.

Foto:

EFE

24 de julio 2017 , 08:09 a.m.

La carcajada de Rigoberto Urán cuando subió ayer al podio lo dice todo. Esa imagen del ciclista colombiano significa satisfacción del deber cumplido, la seguridad de que sigue siendo uno de los grandes del pelotón nacional y mundial, la ratificación de que no estaba acabado y que no había perdido la rueda, y la confirmación de que la vida te quita y te da.

Soltó la risa, habló con Froome, saludó a Romain Bardet, a sus ‘enemigos deportivos’ durante los 3.540 kilómetros del recorrido de la competencia. Recibió el ramo de flores, el trofeo, escuchó atentamente el discurso del campeón y hasta le recogió la hoja a Froome en la que tenía escritas las palabras que pronunció.

Nunca antes Urán había estado en ese sitio, en ese segundo cajón del podio del Tour, y tampoco a su lado había tenido a su amigo Chris Froome a su izquierda, a su excompañero, al hombre del que el corredor de 30 años nunca fue gregario en el Tour cuando estuvo en el Sky (de 2011 a 2013).

Claro que su felicidad no es nueva porque, a pesar de las circunstancias, Rigo nunca está triste ni llora; al contrario, para él lo que le pasa en su vida, lo que le sucede en las carreteras entrenando o en competencia siempre son vivencias, experiencias, y en la mayoría de los casos les saca jugo, se burla de lo que le pasa.

Hace tres semanas, cuando la carrera estaba empezando, Urán no figuraba en las quinielas de ningún experto ni aficionado al ciclismo; si bien el recorrido del Tour le convenía, verlo en el segundo lugar de la general final es un gran logro porque, primero, su historia en esta carrera no había sido buena; la del 2017 es su cuarta participación, y su mejor general había sido el puesto 23 en el 2011. De resto, nada alentador.

Rigoberto Urán

Urán, del Cannondale, se convirtió en el tercer colombiano en subirse al podio del Tour de Francia. Los primeros fueron Fabio Parra y Nairo Quintana.

Foto:

Jeff Pachoud / AFP

Segundo, porque después del subtítulo del Giro en el 2014 no volvió a asomarse al podio en pruebas de tres semanas, y, tercero, porque en su hoja de vida solo figuraban ocho triunfos, poco para un pedalista de su clase. Pero, la vida le tenía reservado este segundo puesto en la competencia francesa.

Para la gente del común, la actuación de Urán en el Tour es como su resurrección, pues su última victoria había sido a finales del 2016, al imponerse en el Gran Premio de Quebec.

Sin embargo, aunque no se registraron victorias, las dos temporadas fueron muy regulares, pues en cuatro ocasiones terminó en los mejores cinco y en siete más finalizó entre los puestos 5.º y 10.º.

Cerrado triunfo

Comenzó a labrar su excelente Tour en la etapa nueve, el 9 de julio, cuando en un cerrado embalaje no solo venció a Warren Barguil, sino que llegó al cuarto lugar de la general y quedó a 55 segundos de Chris Froome.

Lo hizo tras aguantar, seguirles la rueda al británico y a Bardet y superar los siete premios de montaña, tres de estos de fuera de categoría. Ahí, el colombiano demostró que tenía con qué luchar el título y el podio.

Es una sensación impresionante, no sé si es verdad. Pasé el control y me dijeron que había ganado, y creí que me vacilaban. Cuando ocurrió la caída de Richie Porte, Daniel Martin me rompió el tensor del cambio y fue difícil. Cuando vi que me pasó Barguil, me dije: ‘Bueno, salvé la etapa’. Me da mucha felicidad y estoy muy contento de ganar una etapa tan complicada”, expresó entusiasmado.

Pero, claro, la alegría no era gratis. Urán, minutos antes de esa declaración, había conseguido su primera victoria parcial en el Tour, en cuatro participaciones, un reto grande para él. Ese día, sentado en el bus del equipo Cannondale, comenzó a hacer realidad la apuesta de terminar en el podio.

Es que, como dicen: “Al que le van a dar, le guardan”, frase que cae como anillo al dedo porque en el último descenso del día, cuando se bajaba a casi 90 km por hora, el australiano Richie Porte se cayó, se rompió la clavícula y la pelvis, y se llevó por delante a Daniel Martin, que alcanzó a tocar a Urán, quien no besó el pavimento porque, sencillamente, no le tocaba.

En ese golpe sufrió su bicicleta, por lo cual le tocó embalar con el cambio roto, con una pesada relación que se convirtió en otro de sus enemigos, pero al que también le ganó.

Aguante, mijo

De ahí para adelante, la carrera no fue de trámite, pero sí el comportamiento del colombiano, nacido el 26 de enero de 1987, en Urrao, Antioquia, porque se dedicó a correr al ritmo del Sky de Froome y del Ag2r, el equipo de Bardet.

Este año, el Tour tenía montaña, solo tres llegadas en alto. En una de las tradicionales, en el Izoard, se defendió. Y las contrarrelojes no eran tan largas, un trazado ideal para que Urán hiciera la carrera de su vida.

Además de la victoria parcial, que se convirtió en el noveno triunfo de su carrera, Rigoberto fue segundo en dos jornadas más: en Peyragudes perdió con Bardet y en Serre Chevalier llegó a un minuto 13 segundos de Primoz Roglic.

Este Tour fue atípico no solo por el recorrido, sino porque Froome ganó sin recibir un ataque parcial, sin atacar fuerte y, como lo ha hecho en los años anteriores, sacó a relucir la fortaleza en los pocos kilómetros contra el reloj disputados.

Rigoberto Urán

Rigoberto Urán se consagró como subcampeón de la competencia detrás de Froome.

Foto:

Benoit Tessier / Reuters

El Tour de Francia del 2017 para Colombia fue raro, pues la prueba comenzó con las apuestas al ciento por ciento por la pelea por el título de Nairo Quintana, pero la competencia culminó con un gigante Urán.

Mientras el boyacense trataba de evitar una debacle, de no retirarse, de no irse al fondo de la clasificación general, Urán explotó, se acordó de sus mejores momentos, cuando fue subcampeón del Giro de Italia (2013 y 2014), y se fue en busca de una hazaña, la misma que en su equipo, el Cannondale, estaban casi seguros de que la podía conseguir.

Urán y los que le colaboran en el Cannondale eran precisamente los únicos que estaban seguros de que el colombiano estaría en la disputa de los primeros lugares de la general, según le dijo a EL TIEMPO el técnico Juan Manuel Gárate, quien además contó que se habían dado cuenta en la temporada de que él tenía condiciones para ser protagonista de la mejor competencia de ciclismo del mundo.

En el ciclismo colombiano se habla hoy de Urán, de su sensacional Tour y se festejan sus declaraciones y fotos que sube a las redes sociales.

Y no es para menos, pues el hijo de Aracely, el hermano de Martha y el novio de Michelle se encargó de que el ciclismo nacional se considere entre los mejores del mundo, confirmado por las estadísticas.

Urán no solo logró su tercer podio en una carrera de tres semanas, le dio a Colombia el número 11 en los últimos cinco años, en la mejor época del pedalismo nacional.
De estos, Nairo ha conseguido seis; Urán, tres, y Chaves, dos. Los tres ciclistas colombianos con la responsabilidad de retar a los mejores del mundo y ganarles.
Este Tour fue su 14.ª carrera de tres semanas, de las cuales ha terminado 13,
solo se ha retirado en una, en la Vuelta a España del 2014, lo que demuestra que es un corredor combativo que no se entrega fácil. Urán nunca ha dado su brazo a torcer.

En el 2007, cuando formaba parte del equipo Unibet, se cayó: bajaba en busca de la punta en una etapa de la Vuelta a Alemania, le pudo una curva y se fue al precipicio; lo sacaron con ambas muñecas fracturadas. Seis años después era candidato a ganar una medalla en el Mundial de Ruta de Italia, pero al tomar el descenso final tras los punteros, otra vez le ganó una curva, se fue contra el barranco y salió de la carrera, sin ninguna amargura.

En el 2015, una bronquitis le impidió defender el subtítulo del Giro del 2014, pero no se bajó. Fue a la Vuelta a España, pero la enfermedad lo liquidó.

Eso confirma que la vida te da y te quita y que ella misma se encarga de darle a cada quien lo que le corresponde, algo similar como cuando en el ciclismo se dice que la carretera pone a cada ciclista en su lugar. Urán se ha caído, se ha enfermado, ha perdido carreras y ha sido segundo, pero como él mismo dice: “Lo que va a ser pa’ uno, es pa’ uno”.

LISANDRO RENGIFO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @LisandroAbel

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