Los Carrangomelos es uno de los grupos de jóvenes que están tocando carranga - Música y Libros - Cultura - ELTIEMPO.COM
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Hay carranga para rato

Nicolás Sadovnik, Jorge Cucaita, Iván Pérez y Helberth Meléndez son Los Carrangomelos.

LOS CARRANGOMELOS

Ellos son Jorge Cucaita, guitarra/bajo; Nicolás Sadovnik, requinto; Helberth Meléndez, guacharaca, e Iván Pérez, tiple.

Foto:

Archivo particular

10 de octubre 2018 , 12:30 a.m.

Los Carrangomelos es uno de los grupos de jóvenes que están tocando carranga, ratificando lo que sostiene Jorge Velosa, el padre de todos, que “tendremos música carranguera por lo menos dos generaciones más”.

No es muy probable que quienes conformaron Los Carrangueros de Ráquira (1977) y popularizaron temas como Julia, Julia, Julia, La cucharita o La china que yo tenía hicieran futurología y se atrevieran a predecir que, cuatro décadas después, ese experimento musical seguiría gozando de excelente salud hasta para ver nacer distintas agrupaciones musicales que se les acercan desde la irreverencia sonora y conceptual, con nombres como Los Rolling Ruanas o los Velo de Oza, que combinan rock con carranga.

Y mucho menos, claro, para vaticinar que niñas, como Julieth, de ocho años, de familia del Guaviare, que vive desde hace años en Boyacá, participante en un concurso de televisión, se entusiasmara con su música a tal punto que se hace llamar la Carranguerita, y cada vez que puede le da gracias a Jorge Velosa por haber compuesto más de 400 canciones que para ella tienen mucho sabor y letras muy bonitas. En varias oportunidades ha dicho: “La música carranguera nunca se va a acabar porque yo quiero remplazar a Jorge Velosa cuando se muera”.

Lo mismo que antes

Los cuatro jóvenes integrantes de Los Carrangomelos, aunque no se han planteado ser los sucesores de Jorge Velosa, sí tienen la intención de reunir más público alrededor de su música carranga que relata historias de ciudad, al son del tiple, el requinto y la guacharaca.

Medio siglo después Los Carrangomelos surgieron repitiendo la historia del nacimiento de los primeros carrangueros.

En el corredor de la facultad de Música de la Universidad Javeriana, hace un par de años, se encontraba Nicolás Sadovnik, roquero bogotano, sacándole notas de carranga a su requinto cuando pasó por ahí el boyacense, de pura cepa, Jorge Cucaita y, al oír esas notas tan familiares, se le unió con su bajo. No tardaron en aparecer Iván Pérez, quien aportó su tiple, y Helberth Meléndez, con su guacharaca.

Algunos de sus compañeros los miraban por encima del hombro, mientras que otros los rodearon y aplaudieron. Para muchos, la carranga no solo les era familiar, sino que les gustaba y los divertía.

Nicolás hace la voz principal y escribe las canciones. Para Jorge Cucaita, Iván Pérez y para el propio Nicolás, la carranga fue la banda sonora de su infancia y juventud.

Por ser javerianos decidieron, por unanimidad y sin modestia, llamarse Carrangomelos. También por consenso resolvieron que en sus presentaciones no usarían ni ruana ni sombrero. A comienzos de este año se estrenaron en la tarima de una fiesta popular en Tinjacá. Un debut exitoso. Tanto así que comenzaron a ser requeridos en varias poblaciones para animar sus festejos. Llaman la atención por su apariencia y su nivel musical, que es muy bueno, según los entendidos.

Hace unas semanas, Los Carrangomelos fueron invitados al programa radial de Andrés Samper, de la emisora Javeriana: Una guitarra, mil mundos, que se caracteriza por presentar grupos y solistas nacionales destacados en ese competido mundo musical en que se ha convertido la escena bogotana, a donde llegan músicos de gran calidad, de toda Colombia.

Nicolás contó a los oyentes cómo surgían sus canciones. Habló de la que le escribió a su colegio Campoalegre, muy gomelo, que ama porque ahí pasó los mejores años de esos 25 que tiene y reveló los secretos de la que le compuso a su compañera de pupitre, Laurita, que decidió campesinizarse, internándose en una finca en la Sabana, y que él consagró en versos en que relata la nostalgia por la ausencia de su parcera, que tituló Laurita la metalera.

Los primeros

Cuarenta años atrás, Los Carrangueros de Ráquira surgieron, también de un encuentro casual. Sucedió que en uno de los corredores de la facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional estaba sentado Jorge Luis Velosa Ruiz, boyacense de Ráquira, para más señas, tocando su requinto y sacándoles pelo hasta a las calaveras con su ironía inigualable, verso inteligente y fino sentido del humor, su afición principal, y pasó por ahí Javier Moreno Forero, otro buen compositor que le hizo la segunda.

Luego llegaron el pastuso Javier Apráez y el santandereano Ramiro Zambrano, y sin firmar ningún acta de nacimiento, crearon ese inolvidable primer grupo de carranga. Todos se graduaron como médicos veterinarios.

De esos años queda el recuerdo de haber sido los primeros citadinos en cantarles a los campesinos y al campo, casi siempre en clave de humor y haciéndoles guiños cariñosos.

Con el correr de los años, los músicos que han acompañado a Jorge Velosa han salido, y él ha reorganizado y rebautizado su grupo varias veces. Tal vez por eso es tan categórico en afirmar que a él únicamente no le pueden atribuir la paternidad del género, porque han sido muchas las personas que han contribuido a que la carranga tenga continuidad y se hayan afianzado. “... Y a que el público se identifique con nuestras canciones y se armen bailoteos cuando ‘el lazo alcanza y la burra arrima’ ”.

Se mezclan

Para Nicolás Sadovnik es claro que “la música carranguera se está expandiendo hacia otros ámbitos y está dialogando con otros lenguajes musicales y formas de vida. Este desarrollo permite que llegue a un público más amplio. Es el ejemplo de agrupaciones que, desde hace un rato largo, están fusionando la música carranguera con el rock”.

“En un futuro, los Carrangomelos nos vemos –añade– mostrándole la carranga a más gente como nosotros, que vive en las grandes ciudades y por su característica cosmopolita tal vez puedan estar un poco alejados de la riqueza cultural colombiana y su tradición. Queremos que nuestra música llegue al mayor público posible y, sobre todo, que les enseñe a apropiarse de su identidad como colombianos y a reflexionar sobre su realidad. A propósito de esto, nuestra canción El pasaporte habla de la reivindicación de lo que significa ser colombiano, sobre todo ante el resto del mundo”.

¿Y qué es la carranga?

La carranga es un regionalismo para llamar a la carne de una res que no era sacrificada, sino que moría de muerte natural o por enfermedad o en un accidente, y su dueño, para no perder todo su dinero, a pesar del riesgo higiénico que implicaba utilizar esa carne, la vendía para hacer embutidos. En la región cundiboyacense se encontraban muchos sitios de compra y venta de carranga. Tal vez, en este siglo XXI, ya no haya ni vendedores ni compradores.

Para Jorge Velosa, quien llega por estos días a sus 69 años, “la carranga tiene su cuento, es chispazo y también lamento, pensamiento, palabra y obra, como dicen por ahí, pero, más que definiciones, peroratas o mil emociones, la carranga es lo que yo siento y es mi forma de vivir”.

Nos regala Velosa esta copla casera que, siempre, pregona entre canción y canción:
En el solar del terruño
hay mucho por descubrir,
por mantener palpitando,
y también por compartir.

Canciones famosas

La primera es de Óscar Humberto Gómez Gómez, del grupo de Velosa, y las otras, de autoría de Los Carrangomelos.

El campesino embejucao

Me tienen arrecho con tanta juepuerca preguntadera.
Que qué color tiene mi bandera.
Que si yo soy godo o soy liberal.
Me tienen berraco con tanta juepuerca averiguadera.
Que si soy eleno, que si apoyo a las AUC o soy de las Farc.
Me tienen mamao con tanta juepuerca interrogadera.
Que si yo a la tropa le abro las cercas y les doy el agua de mi manantial.
Que si soy comunista, de Anapo, de la izquierda, o de la derecha.
Que si imperialista, qué joda arrecha resulta querer vivir uno en paz.
Yo soy campesino trabajador, pobre, muy honra’o.
Viví muy alegre, pero me tienen embejucao.
Pues miren, señores, a todos ustedes yo les contesto.
Y quiero que quede muy claro esto: Yo no soy naide, hago el bien no el mal.
Trabajo en el surco desde que el gallo me anuncia el día
Y solo consigo pa’ mi familia, poquitas sonrisas y aún menos pan.
A mí nadie viene sino cuando vienen las elecciones.
Llegan a joder que con los colores y todos los doctores que cambio harán.
Yo soy hombre del campo o, mejor dicho, soy campesino.
Así que les ruego, suplico y pido, ya no más preguntas, no me jodan más.
Yo soy campesino trabajador, pobre, muy honra’o.
Viví muy alegre pero me tienen embejucao.

El pasaporte

Mi pasaporte es un papel
Que me dice de donde vengo
Y pa’ dónde puedo coger .
Y sin embargo trae un sello
Pa’ que me puedan joder.
Mi pasaporte es un papel
Pa’ que me digan: colombiano,
Esta fila es para usted.
Y por si nos parece ‘mula’,
Lo podamos devolver.

CORO

Este es mi destino,
Andar recorriendo el mundo
Pa’ frenar este castigo
Dígame, vecino,
Si es justo que por algunos
Se nos cierren los caminos.
Y que vean de mi bandera
Solo el rojo enardecido,
Sin conocer su destino.
Mi pasaporte es un papel
Que hasta mis propios compatriotas
Se esfuerzan por esconder
Para quitarse la vergüenza
De esta tierra defender.
Mi pasaporte es un papel
Al que le digo colombiano,
No deje desfallecer
Y en vez de creerse gringo,
Ame y trabaje por él.

Laurita la metalera

Laurita la metalera dejó a un lado su pasado
Y se fue de la gran ciudad para irse a vivir al campo.
Se olvidó de los entubados y del canto Gutural
Y se puso la ruanita pa’l frío de Chocontá.
Ya no le gusta Iron Maiden ni en conciertos cabecear.
Prefiere cuidar vaquitas en la finca del papá.

CORO

Ay, Laurita
La Metalera.
Ay. Laurita,
Qué berraquera.
Y aunque se me haya ido,
Yo la extraño, mi parcera.
Cambió la batería por sus botas de montar
Pa’ encima de su yegüita el ganado controlar.
Laurita la malgeniada nunca me volvió a llamar.
Pa’ irnos a tomar polita después de escuchar metal.
Ya no le gusta Iron Maiden ni en conciertos cabecear.
Prefiere cuidar vaquitas en la finca del papá.
Cambió la batería por sus botas de montar
Pa’ encima de su yegüita el ganado controlar.
Ay, Laurita, no se deje cambiar.

MYRIAM BAUTISTA
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