Leonardo Padura presenta su nueva novela en la Feria del Libro - Música y Libros - Cultura - ELTIEMPO.COM
Música y Libros

Una novela que retrata el despertar del desencanto cubano

El escritor cubano Leonardo Padura presenta su más reciente obra ‘La transparencia del tiempo’.

Leonardo Padura, escritor cubano

La última novela de Padura es una de las novedades que se lanzan en la Feria del Libro de Bogotá.

Foto:

Emilio Naranjo / EFE

01 de mayo 2018 , 02:55 p.m.

Leonardo Padura cuenta que sus padres son dos cubanos de lo más típico que se pueda imaginar. Su madre, una mujer muy católica, fue muy pobre en su niñez y tenía un gran sentido del humor. Su padre tuvo una pequeña bodega, después fue conductor e inspector de ómnibus y, además, fue masón y practicó la filosofía de la superación humana y de la fraternidad.

Padura aún vive en la casa familiar en el humilde barrio de Mantilla, en La Habana, no obstante toda la popularidad que ha alcanzado gracias a novelas como ‘El hombre que amaba a los perros’ o sus historias sobre el detective Mario Conde. Y sus novelas siempre llevan esa rúbrica final de Mantilla, como recuerdo de esa herencia indeleble de sus padres.

“Ambos decidieron, por muchas razones, seguir viviendo en Cuba cuando parte de la familia se fue al exilio. Y de ellos recibí lecciones fundamentales en mi vida: esos sentidos de la fraternidad y de la solidaridad que siempre practicaron, que mi madre aún practica a sus 90 años... No sé cómo se las arregla, pero todos los días en su casa (una parte de mi casa) alguien come, muchos toman café, otro sale con un par de zapatos viejos porque no tiene ninguno”, responde Padura desde La Habana.

Esa imagen de los zapatos viejos se puede leer también en la más reciente novela del cubano, ‘La transparencia del tiempo’, una de las novedades más importantes de la Feria del Libro, en la que el protagonista es Mario Conde, ese viejo detective que ha acompañado a Padura durante 27 años y 8 novelas y media, y que en esta ocasión se enfrenta a ese semiocaso de los 60 años.

En la novela, Conde se topa con un viejo habitante de la calle que solo dispone de unas bolsas plásticas para proteger sus pies de la fricción con el suelo. Atormentado por la imagen, el detective insiste en regalarle sus zapatos, aunque el desconocido se desaparezca en su primer encuentro. Esta es una de las maneras como Conde le retribuye su escasa buena fortuna a esa Habana que tiene tantos peregrinos en penurias y de la que él se rehúsa a irse.

“Hemos vivido siempre en el mismo lugar porque de alguna forma cumplimos un designio oculto, un destino manifiesto, porque somos resistentes como Conde y porque amamos ese barrio feo que es Mantilla y esa casa protectora que entre mi padre, mi madre, mi mujer y yo hemos levantado ladrillo a ladrillo y sentimos que es el lugar del mundo que nos pertenece, y al que pertenecemos”, relata el escritor.

Autor y personaje han resistido, y ese es justamente uno de los temas fundamentales de esta nueva creación, en la que Conde se enfrenta a la caída de los velos de una Cuba que parece desconocer, en la que viven mano a mano la miseria y el derroche.

En la historia, el detective se reencuentra con un viejo compañero de la juventud, Bobby, quien se ha convertido en un exitoso coleccionista y comerciante de arte que busca a Conde porque le han robado su posesión más valiosa, una mística virgen negra. Según Padura, con esa mágica virgen, que tantas desgracias causa en la novela, buscaba reflexionar sobre el poder de los símbolos y de la fe y tratar de entender cómo una representación, en la que se pone una esperanza, es capaz de recompensar al verdadero creyente.

“Yo, que soy agnóstico, sé que esa relación mística funciona y admiro a las personas que tienen una fe verdadera que yo soy incapaz de sentir. Para ellos, creer es un refugio, una solución a algunos de sus problemas vitales, y me interesa mucho el mecanismo que funciona en ese proceso que podríamos llamar ‘mágico’, aunque se produce en una realidad concreta aunque intangible: la de la psiquis del creyente. Este es un fenómeno sin duda muy complejo, y la vez muy literario, ¿no?”, reflexiona el escritor.

La búsqueda de la virgen está en primer plano, pero en la tras escena el autor cubano retrata la angustia existencial de Conde, a quien su creador define como un perdedor, pero no un derrotado. En medio de su investigación, el detective descubre los confines más pobres de La Habana, en los que sus habitantes sobreviven de formas inexplicables, y además se topa con la inevitable certeza de que su modo de vida se está trasformando.

“Conde es un resistente. Y agregaría, con una palabra que puedo inventar ahora: es un ‘permaneciente’. Es alguien que se aferra a una pertenencia, pues sabe que con ella es lo que es del mejor y único modo que conoce. Y ahí tienes otra cercanía entre mi personaje y yo: ese sentido de la pertenencia que tratamos de preservar incluso en los momentos más difíciles, incluso ante hostilidades de muy diversa índole”, añade.

En esa lucha aparecen diversas tablas de salvación, como su sueño de hacer literatura, el amor y la fiel amistad de su círculo más cercano. Es el mismo séquito con el que Conde sobrevivió a esa crisis de la 90, ese llamado ‘Periodo especial’ en el que la isla sintió todas las secuelas del colapso de la Unión Soviética y cuyo impacto negativo impregna todo el relato.

Conde relata que esa crisis tuvo un impacto brutal en lo material y en lo psicológico. En lo primero, por ejemplo, se perdió todo; no había ni comida, ni electricidad, ni transporte, ni cigarrillos ni ron. “En mi casa yo me dediqué a fabricar vino, y con eso calmábamos la ‘sed’ algunos amigos y yo. Era un vino horrible, bueno, casi no era vino, pero provocaba los efectos deseados: sacarnos del mundo. Y en lo psicológico fue la caída de muchas esperanzas, el conocimiento de muchas verdades que intuíamos pero no conocíamos, el despertar de un desencanto enorme. Fue un momento que cambió la vida del país sobre todo porque nos cambió a nosotros, los habitantes”.

El autor añade que entre las consecuencias positivas de todos aquellos desastres, una de las más importantes fue que los cubanos ganaron en libertad, de un modo que, según él, era imposible de concebir antes de la crisis. “Y, al menos yo, he tratado de practicarla como ciudadano y como escritor”, enfatiza.

Historia de una virgen

‘La transparencia del tiempo’ no solo ahonda también en la historia de esa virgen misteriosa. Padura echa el tiempo hacia atrás, empezando por el momento en el que Antoni Barral desembarca en una hermosa Habana colonial y luego va retrocediendo para relatar cómo salvó la virgen de la destrucción en los albores de la Guerra Civil española. Incluso cuenta cómo la virgen sobrevivió a los tiempos de la Inquisición y de la campaña templaria en Tierra Santa.

Padura ya había experimentado ese entrelazamiento de tiempos en novelas como ‘La novela de mi vida’, ‘Herejes’ y la ya mencionada ‘El hombre que amaba a los perros’, que profundizaba en el exilio de León Trotski y en la vida de su asesino, el espía catalán Ramón Mercader.

Según el autor, siempre que es pertinente trata de que estilísticamente cada momento temporal tenga su propia entidad. En ‘La novela de mi vida’, por ejemplo, toda la parte del siglo XIX está escrita en un “falso” estilo de novela romántica de la época.

“Aquí, pues le doy otra densidad a la narración, otro tempo que es diferente al de la parte en que narro la investigación de Conde en el presente. Este es un ejercicio de estilo que me encanta hacer, un reto a mí mismo, una búsqueda de otros registros, tonos, ritmos narrativos... El mundo del personaje de Antoni Barral, o los mundos, para ser más preciso, son conceptualmente confluyentes con el de Mario Conde (el hombre como objeto de la Historia), pero sus ambientes y atmósferas son muy diferentes, y eso también sentí que debía manifestarse en el estilo narrativo que utilizaría y utilicé”.

El destino de la virgen negra hace que Mario Conde vaya deshilvanando las redes del tráfico de arte en Cuba. El detective descubre con asombro cómo en ese mundillo de personajes arrogantes se mueven asombrosas cantidades de dinero, con las que se podrían alimentar durante semanas varias familias cubanas.

En medio de esa persecución, de las incertidumbres emocionales que atraviesa Conde, ‘La transparencia del tiempo’ dibuja una especie de espiral en la que han vivido Cuba y sus habitantes, en la que se han venido repitiendo los mismos dramas. “La Cuba de mi novela hace un lazo en el tiempo histórico y pretende dar una sensación de tiempo cerrado, repetido, una especie de ‘déjà-vu’ en el que se vuelve atrás. Lo que se creía superado, pues regresa; lo que se creía derrotado empieza a levantarse a través de un proceso de dilatación de un tejido social que llegó a ser muy compacto, muy igualitario, y que se vuelve a revelar quebrado, con la aparición de destellos de enriquecimiento (solo eso, destellos) y con el crecimiento y profundización de bolsones de pobreza, mucho más agudos de lo que se reconoce oficialmente”.

YHONATAN LOAIZA GRISALES
EL TIEMPO
En Twitter: @YhoLoaiza

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