Fernando Ávila analiza detalles del lenguaje de Los divinos - Música y Libros - Cultura - ELTIEMPO.COM
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El lenguaje en el tiempo / Los divinos

Fernando Ávila analiza el lenguaje que usa la nueva novela de Laura Restrepo.

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26 de junio 2018 , 10:05 p.m.

Los divinos es el título de la nueva novela de Laura Restrepo. Narra las aventuras y desventuras de un grupo de amigos de clase alta bogotana, cada uno de los cuales tiene sus propias mañas y virtudes, a la vez que comparten fiestas, secretos y una particular forma de hablar, mezcla espontánea de bogotano, inglés y otras lenguas vivas y muertas, sin cursiva ni comillas.

El Muñeco, personaje central, tiene sus escapadas “zurumbáticas” (‘aturdidas’) a donde las “fufurufas” (‘prostitutas’) que más adelante se vuelven “impepinables” (‘obligatorias’) visitas semanales, en las que le dicen “¡apoquine, sardino!” (‘¡pague, muchacho!’). En el fondo es “un pelao chévere y chirriao”.

El Duque es un “príncipe burgués que paga el estilacho con money de papi”, consumidor “amateur” de coca, que compra “delicatessen” y “hoddies” (‘capuchas’). Es el “primus inter pares (‘primero entre iguales’, en latín) y líder del clan”, pero partidario del “laissez faire” (‘dejar hacer’, en francés), principio del que da ejemplo cuando se “arruncha” en su “apto” (‘apartamento’) con una amiga, lo que “una vez al año no hace daño”, sobre todo después de un “spray tanning” (‘bronceado con espray’) tras “depilado de cabo a rabo, literalmente”.

Tarabeo es un “pisco chirriadísimo”, un “tipo divinamente”, que prepara en su cocina delicias “superbes” (‘hermosas’, en francés), como la “parrillada de chinchulines” (‘chunchulla’) y el “steak tartar” (‘filete de carne’), cuando no está en plan “undedog” (‘desvalido’). El “man” puede hacer “un catorce” (‘favor’) sin problema, pero no es de relaciones largas, “tres citas y chao candao, si te he visto no me acuerdo”.

Como se ve, es una novela rica en léxico capitalino, que no hace distinciones entre español, jerga rola, latín, inglés, francés o italiano, idioma este último en el que los divinos piden “pizza” y “espresso”, pintan “graffiti” y disfrutan “il dolce far niente” (‘el dulce no haciendo nada’), todo lo cual indignaría al purista del idioma, y, sin embargo, divierte, pues la autora logra un retrato bastante real del modo de hablar de los divinos, los ricos de Usaquén y Chapinero alto, que estudiaron en colegio bilingüe, hicieron pregrado en Miami, posgrado en Londres y prácticas en multinacionales del primer mundo.

Tal vez la autora quiere, además de censurar el asesinato de una criatura vulnerable como la que más (tema central de la novela), censurar también este modo de hablar tan propio de la “gente divinamente”, a la que le parece “muy mañé” decirlo todo en español, y prefiere el “caché” de este sofisticado multilingüismo. Aquí, en Los divinos, y en la vida real que esta novela parodia, se habla con un babélico coctel de voces que pueden hacer ininteligible el discurso más allá de los “penthouses” chapinerunos.

FERNANDO ÁVILA
Experto en redacción y creación literaria
En Twitter: @fernandoavila52

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