Entrevista a Joan Manuel Serrat por aniversario de Mediterráneo - Música y Libros - Cultura - ELTIEMPO.COM
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Joan Manuel Serrat: el hombre del Mediterráneo

El trovador catalán conmemora 47 años de su disco ‘Mediterráneo’, de 1971, el cual sigue vigente.

Joan Manuel Serrat

En cuanto al independentismo, Serrat no ve la posibilidad de un diálogo. El cantante nació hace 74 años en Cataluña.

Foto:

EFE / Alejandro Bolívar

12 de septiembre 2018 , 08:44 p.m.

Retratar a Joan Manuel Serrat en Barcelona, a plena luz del día y en la vía pública, es una tarea titánica. Su ciudadano más ilustre e internacional no pierde la calma. Apenas pisa un pasaje del laberíntico Barrio Gótico, tres turistas argentinos se materializan, como si hubiesen aparecido de las paredes. Una luz cenital ilumina cada paso de Serrat por Barcelona, pero él camina como si no se diese por aludido. Su imagen, como un mosaico en una composición de Gaudí, se integra al paisaje de la ciudad, en los afiches estáticos y en los anuncios que portan las carrocerías de los colectivos de línea.

Fue en Calella de Palafrugell, a 135 kilómetros de Barcelona, en la Costa Brava, donde Serrat se instaló un verano a sus 26 años. Todos los habitantes de este pueblo de pescadores guardan una anécdota protagonizada por él. Durante cuarenta trasnoches escribió Serrat 'Mediterráneo', este disco emblemático de la música hispanoamericana.

¿Qué recuerda de aquel verano en el que escribió ‘Mediterráneo’?

Cuando trabajé este disco estaba en una época de gran actividad en el escenario. Aquel hotel era el lugar donde yo regresaba. Era mi casa. Tenía mi rutina de vida. Estaba muy cómodo, tenía muy cerca el agua, el mar, la pesca, los amigos, las amigas. Un espacio muy agradable para mí. Además, nunca coincidía con épocas de presión estival, donde hubiera mucho turismo, mucha gente. Siempre he ido en temporada baja.

No espero nunca momentos inspiradores. Voy por ellos

¿Se encerró o alejó para escribir el disco?

Trabajo de otra forma. No escribo cuando tengo ganas de escribir, sino con insistencia, sabiendo que es necesario tirar del hilo para poder deshacer la madeja. No espero nunca momentos inspiradores. Voy por ellos. Hay días en que no puedo escribir y tampoco me atormento.

¿Qué conserva o ha modificado en la composición de sus discos?

Cualquiera puede tener su manera de escribir. Cada quien tiene un sistema. Parto con una idea, desarrollo un texto con el que voy trabajando musicalmente y en este teje entre palabras y música vas desarrollando una historia que en el aspecto formal seguramente es muy distinta a esa historia que uno planeaba al principio, que se parece bastante a eso que querías contar.

¿Qué permanece de aquel joven compositor?

Me lo pregunta a mí y yo soy probablemente el que menos interés tiene en saberlo. Uno solo tiene un presente para vivir, no tiene un presente para andar diciendo cuál ha sido su pasado. No tengo demasiado interés en saber qué permanece. La vida es un camino y una combustión. Camino donde perdés algunas cosas y vas retomando otras. Se va gastando eso que se llama la vida.

Pero algunas canciones suyas tienen un espíritu de recordar, de evocar. ¿Cómo se ubica usted con respecto al pasado?

Yo no puedo evitar la melancolía. Puede ubicarse en determinados momentos de mi vida, pero tampoco la cultivo. Aparece como aparecen una serie de sentimientos de manera desbocada, pero no soy partidario de cultivarla, mucho menos la nostalgia. Creo que es una mala hierba.

Es, como dice la canción, “partidario de vivir”.

Es que la vida es muy corta y no basta para nuestro idilio. El tiempo es la gran riqueza y se la despilfarra de manera realmente penosa cuando es uno de los bienes más preciados.

¿Es cierto que su mamá llegó caminando a Barcelona desde Zaragoza?

Era una exilada de su pueblo del que salió con camiones cargados de niños que iban huyendo de los bombardeos con los fascistas. Llegó hasta la frontera y allí tuvo que regresarse. Estuvo unos años en este trayecto, hasta que se instaló en Barcelona. Luego conoció a mi padre y se casaron.

¿Cómo fue su educación? ¿Qué recuerda de ella?

La parte más importante de la educación estuvo en mi casa. Tuve la suerte de tener muy buenos maestros, porque me trataron con mucho cariño y cuando estaba en la universidad, me trataron con mucho respeto. Fueron referentes, docentes de pensamiento. También está la calle. Esa es la otra parte de la educación. La calle me ha educado mucho y he tenido buenos referentes. Había que acudir a la picaresca para sobrevivir. Había que alargar el poco dinero que tenías en el bolsillo y cualquier método era válido.

En la escuela no le enseñaron ni a Antonio Machado ni a Miguel Hernández, ¿cuándo o cómo entra en contacto con estos poetas?

En las escuelas no enseñaban nada que tuviera que ver con la España liberal, republicana, catalana, nada que no correspondiera al lenguaje, y la manera de los que ganaron la guerra, los franquistas. Había un único idioma, el castellano; y una única manera de pensar, la fascista. No todos comulgaban con el régimen y con el clero. Teníamos gente que nos ayudó a seguir pensando, idas en la casa y vecinos.

Su casa sí era un territorio bilingüe y de libertad

Sí. Mi hermano y yo hablábamos con mi padre en catalán, y con mi madre en castellano, con naturalidad. Y hablábamos con algunos vecinos en catalán y con otros, en castellano. Aquí nos tocó vivir esta forma un tanto complicada que es utilizar dos idiomas. Pero tengo nietos que son trilingües, que hablan catalán, castellano e inglés. Ahora hablan un poco mezclado, pero poco a poco los van separando. Cuando aprender es algo natural y las pilas están nuevas, es bastante fácil. Para nosotros no representó ningún trauma.

Además de su hermano, vivió con dos primas.

Sí. Esas niñas, sobrinas de mi madre, habían quedado huérfanas. Eran como dos hermanas. Nosotros siempre nos hemos considerado cuatro hermanos.

Su barrio, Poble Sec, ha cambiado mucho

Sí, porque el barrio siempre ha sido un barrio de inmigrantes. Cuando era chico, estos inmigrantes eran gente de otros lugares de España y gente de la vida, del teatro, porque la calle de abajo estaba llena de teatros, de music hall. Eran las calles del ambiente y de la noche y, por tanto, muchos de los trabajadores tenían su casa. Esto, mezclado con gente catalana. En Montjüic también se instalaron muchas chabolas y se hicieron villas que desaparecieron en los años sesenta. Para las Olimpíadas eran ya un jardín. Está irreconocible, pero ahora también está lleno de inmigrantes: dominicanos, paquistaníes y otros latinoamericanos, porque el barrio ha tomado también ese cachet de popular y activo y simpático. El problema que estamos teniendo ahora en el barrio –hablo del barrio como si aún estuviera ahí– es que al convertirse en un lugar de viviendas apetecibles, había gente que tenía alquileres desde hace muchos años. A la gente vieja la están echando de las casas de alquiler para venderlas a otra gente de afuera, gente que compra la casa a sus hijos que vienen a estudiar. Siempre ha sido un barrio muy vivo.

¿Cómo es hoy su vida en Barcelona, en sus calles?

Mi vida es muy normal. La gente me saludará. Me sonreirán otros. Espero que nadie me insulte. Quiero a esta ciudad y esta ciudad me quiere a mí. Se produce algo curioso: cuando estoy un tiempo sin aparecer en la TV, el empaste se va moldeando más con el resto de los ciudadanos, y cuando aparezco empiezan a mirarme más.


Nunca se aparta del Mediterráneo en su obra.

Siempre pensé que los artistas que pelean por llegar a la gente, por ser internacionales, los únicos que se reconocen como tales, son los provinciales. La gente provincial tiene las cosas comunes para contarse los unos a los otros, por más diferentes que sean sus ojos o su físico, por más distintos que sean sus dioses o el color de su piel, o la forma de practicar el sexo. Estos coinciden todos con que sus hijos sangran de la misma manera, los aman de la misma manera, sufren por las mismas razones. Somos todos tan parecidos que cuando pretenden separarnos en función de lo que desconocemos de nosotros, cuando pretenden darnos miedo con todo aquello que ignoramos, cuando pretenden cambiar a un ser humano por la forma de cubrirse la cara o de mostrar sus desnudeces, nos están tratando de engañar porque somos todos absolutamente iguales, no solo ante Dios, sino ante nosotros también. Por más que se haga algo contra el hombre más lejano, el más olvidado de los individuos, se está haciendo contra el más cercano.

***

Serrat viajó a la isla griega de Lesbos en 2016, invitado por el carismático conductor Andreu Buenafuente, para hacer visible la problemática que allí se exuda, y regalarles a los voluntarios su interpretación de ‘Mediterráneo’. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, tres de cada cien personas mueren en el intento de cruzar el Mediterráneo y solo en 2017 se registraron 3.081 desapariciones de personas que intentaban llegar a la orilla europea. “Cantar esta canción es una forma de pedirle perdón a este mar al cual se responsabiliza de tantos desastres cuando siempre ha sido un promotor de relaciones entre los hombres, las culturas y los pensamientos”, pronunció en aquel momento.

¿Imagina una solución a este conflicto?

Esa gran migración es, sin lugar a dudas, la más grande que se ha producido en la historia. Esto ocurre por dos causas fundamentales: la guerra, producida por factores externos, y el hambre. Estas se reducen a una sola: la codicia. Tanto el hambre como la guerra las producen los pueblos ricos. Ha ocurrido en Irak, Siria, El Líbano, Egipto, Libia, el Chad, en todo África. Es terrorífico. La gente escapa. Nadie quiere ver morir a sus hijos. Y se quedan los más pobres, los que no pueden siquiera salir. Los refugiados tienen algo, aunque sean sus pies, algo de dinero. Todo esto se lo quitarán los piratas organizados, los meterán en unas pateras y los tirarán al mar, con la esperanza de que se hundan. Es una situación cada día más angustiosa porque cada día es menos noticia. Europa reacciona a esto votando unas leyes que permitan absorber a una cantidad de esta gente y distribuirlos en todos los países, pero, desgraciadamente, no se ha aplicado ninguna de estas leyes. Por el momento no le veo solución.

Hace un tiempo dijo que España había sido la madrastra de América Latina, y no la madre. ¿Cómo es hoy este vínculo?

La idea que se me ocurre ahora es la de Cenicienta, porque hay una madrasta, pero esa mujer tiene hijas que son peores que la madrastra. Para España, frente al adjetivo de ‘Madre Patria’ siempre pensé que podría aplicarse el adjetivo de ‘Patria Madrastra’. La historia entre los mantuanos y el criollismo todavía está por aclararse y explicarse bien en los colegios.

***

Serrat viste una remera estampada con un cubo rubik y la frase ‘Barcelona para armar’. Fue él quien, en pleno régimen de Francisco Franco, en 1968, se negó a participar del Festival Eurovisión por no poder hacerlo en catalán. Este acto, antes que de rebeldía, era una oda a la valentía. Hoy, Serrat, quien había sido señalado de catalanista, es acusado de traidor por los independentistas.

¿Cómo vive esta situación en Cataluña?

Es un momento muy difícil. Creo que es un asunto que tiene muchos actores implicados, no solo Cataluña y España. Cataluña es un conglomerado, no es solo la que gobierna en la Generalidad. Además, hay otros actores implicados en esta historia, como la Unión Europea y los mercados. Hablan del diálogo. Yo no veo que nadie ponga de su parte para que este diálogo sea posible. Parece que se cumple la máxima ‘cuanto peor, mejor’.

¿Si le propusieran a usted juntar las partes para el diálogo?

Yo no soy mediador, soy voz y parte, como cualquier ser humano. No estoy por encima de ninguno ni tengo la capacidad ni la voluntad de hacerlo. Es como la máxima de Groucho Marx: “No me haría nunca socio de un club donde me admitieran como miembro”.

LAURA VENTURA
LA NACIÓN (GDA)
BARCELONA. CALELLA DE PALAFRUGELL

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