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Las anécdotas radiales de Javier Giraldo Neira

Repaso por la carrera del periodista deportivo manizaleño, que falleció a sus 78 años.

Javier Giraldo Neira

Javier Giraldo Neira trabajó en las cadenas radiales Caracol, Todelar y ahora, en RCN. En prensa, fue editor de deportes del diario ‘La Patria’ y también fundó ‘Nuevo Estadio’.

Foto:

Jonh Jairo Bonilla

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
08 de noviembre 2018 , 12:21 p.m.

Esta entrevista, que se realizó hace cinco años, cuando Javier Giraldo Neira empezaba a trabajar en la cadena radial RCN.

Javier Giraldo Neira no es un tipo que se ande con rodeos. Sus palabras son sinceras y directas, no importa que puedan doler o parecer presuntuosas. Aunque una charla de un poco menos de una hora no es tiempo suficiente para desvelar todos los pormenores de sus más de 50 años dedicados al periodismo deportivo, ese lapso por lo menos refleja sus principales características: un vasto lenguaje aderezado con adjetivos y metáforas, a lo que se le añade un profundo conocimiento del deporte colombiano.

La impronta de este manizaleño ha desfilado por la radio colombiana desde comienzos de los años 60, cuando después de debutar en una pequeña emisora local pasó al líder de la radio de la época: Todelar. De allí pasó a Caracol, donde estuvo por más de 20 años, y ahora llegó a la casa rival: RCN Radio, donde debutó a principios de este mes.

Aunque sopesó el retiro después de su salida de Caracol, los permanentes pedidos de sus oyentes –“tuve mucha presión de la gente, ellos me pedían seguir”, dice– lo animaron a seguir al frente de un micrófono.​

Giraldo desembarcó en su nueva frecuencia con Estadio y multitudes, el programa con el que debutó en la radio y que ha mantenido vigente durante toda su carrera.

“Era la estrella de la sintonía”, recuerda el periodista sobre el albor de su programa, gracias al que llamó la atención de don Bernardo Tobón de la Roche, dueño de Todelar, quien decidió que el novel periodista acompañaría a la gran figura de la época, Carlos Arturo Rueda, ídolo personal de Giraldo Neira, para comentar la Vuelta a Colombia.

Tal era la admiración que sentía por Rueda que cuando éste estuvo en Manizales en una de las etapas de la Vuelta Giraldo Neira se ganó un ‘bolillazo’ de un policía tratando de conseguir un autógrafo. Pero el sueño de compartir con su nuevo ídolo no empezó de la mejor manera, a pesar de la generosa presentación.

En esta Vuelta nos acompañará una nueva voz, la palabra hecha poesía, la revelación del comentario

“En esta Vuelta nos acompañará una nueva voz, la palabra hecha poesía, la revelación del comentario, la juventud con un nuevo vocabulario en el deporte, Javier Giraldo Neira”, les dijo Rueda a sus oyentes.

“Yo oí eso y se me puso la piel de gallina. Me enmudecí, se me escondieron las palabras. Tanto así que don Bernardo me llamó a preguntarme qué me pasaba”, comenta.

Esa noche, después del desafortunado debut, Rueda decidió que su compañero de habitación en el hotel de pasó sería Giraldo Neira, una decisión que volvió a sonrojar al debutante.

“Por dentro decía ‘Mi diosito, que mi papá sepa que estoy nada menos que con Carlos Arturo Rueda en la misma habitación’... Pero cuando el salió a colgar su ropa interior yo veo que estaba totalmente dañada y ahí mismo dije: ‘Este señor no es ni dios ni nada, es un humano como todos’. La influencia de esos calzoncillos en mi vida radial fue fundamental. Tanto así que al otro día boté el susto, recuperé mi voz y don Bernardo me llamó y me dijo: ‘Ese sí es Javier Giraldo’”, bromea.

La prensa, otra faceta

Giraldo Neira ya se había ganado un lugar en el periodismo, pero había una persona de su familia que no estaba a gusto con su destino: su padre –quien paradójicamente era el gerente del diario local, La Patria– renegaba de que su hijo se la pasara hablando de deportes.

“Todos los días me pedía que dejará de perder el tiempo con esos ‘piernipeludos’ y que me dedicara a estudiar derecho”, recuerda.

Las presiones de Giraldo hicieron efecto y su hijo decidió estudiar derecho, pero no desechó el periodismo y su creciente éxito llegó a los oídos del dueño de La Patria, don José Restrepo Restrepo, quien decidió ofrecerle el puesto de editor de deportes. Después de acordar el nombramiento solo faltaba definir las cifras, lo que Giraldo Neira debió negociar con el gerente del diario, su padre.

El flamante editor llegó con suficiencia a la oficina de la gerencia. “Lo saluda el nuevo editor de deportes de La Patria, me nombró el dueño del periódico, el patrón suyo. Yo con usted no tengo que hablar sino del sueldo”, le disparó a su padre, quien respondió reafirmando su oposición a la carrera periodística de su hijo:

-Mientras yo sea gerente usted nunca ganará más del salario mínimo.

-‘No importa, donde hay que firmar, replicó el nuevo editor, que, a pesar del bajo salario, valora como exitoso ese paso por el periodismo impreso.

“Yo cogí esa sección deportiva y le di un revolcón, hacía tres páginas al día y ahí fue cuando, todos los lunes, empecé a hacer un suplemento de donde salió la idea más adelante de hacer el semanario 'Nuevo Estadio'”, asegura.

En esa etapa Giraldo Neira también se convirtió en una especie de tutor de una camada de reconocidos periodistas deportivos, como Iván Mejía, Javier Hernández Bonnet, César Augusto Londoño, Esteban Jaramillo, Mario César Otálvaro y Ricardo Orrego, entre otros.

Giraldo y el Once Caldas

Once Caldas es el primer equipo que se aparece en el pensamiento cuando se habla de Javier Giraldo Neira. Y no es una relación gratuita. “Soy un aficionado del equipo, pero también un periodista que trata siempre de ser muy objetivo cuando habla del Once Caldas”, reflexiona.

Es una relación de altibajos, en la que disfrutó de los éxitos, criticó lo que consideró malos manejos e incluso ayudó en un par de ocasiones.

“Todavía conservo una letra de cambio de 5.000 pesos que le presté al Once hace mucho tiempo en un estado de quiebra. Y nunca la cobré”, dice.

Otro momento delicado en el que intervino fue durante el periodo como gobernador de Caldas su hermano, Luis Enrique (1970-1972). La difícil situación económica amenazaba la continuidad del equipo, recuerda el periodista, a quien se le ocurrió un sistema de patrocinio poco utilizado en el país hasta ese momento.

Soy un aficionado del Once Caldas, pero también un periodista que trata siempre de ser muy objetivo

“Si este equipo que representa al departamento se acaba bajo su mandato estamos muy mal... Hay que hacer algo, tendría que ser una empresa muy fuerte que patrocine al equipo, de pronto la Licorera de Caldas. Usted es un miembro de la junta directiva, ¿por qué no llevamos la inquietud?”, le propuso el periodista al gobernador.

A pesar de que a los integrantes de la junta directiva les parecía insólito que una empresa de licores patrocinara un equipo de deportes finalmente accedió y el equipo fue de los primeros de Colombia que se relacionó con una marca de licores.

Más allá de las anécdotas, de Giraldo Neira se escuchan todo tipo de leyendas y rumores, la más común es la que asegura que con su palabra es capaz de derrumbar técnicos o sentar jugadores. El periodista lo niega, “solo hablo sobre las cosas que pasan” asegura, pero también acepta que ha tenido más de un inconveniente.

El más polémico, recuerda, fue con Eduardo Luján Manera, un técnico argentino al que acusó de dopar a sus jugadores. Otro episodio escandaloso, pero con un toque más jocoso, lo vivió con el delantero colombiano Nicolás Lobatón.

“Lo acusé de haber estado borracho en un centro de prostitución en vísperas de un partido. Cuando bajé al vestuario a hacer las entrevistas me dio una palmada en la cara y al otro día me tocó sacarlo como figura porque jugó muy bien ese partido”, afirma.

Dos momentos cumbres

De toda su carrera, en la que comentó las Copas Libertadores que ganó el Atlético Nacional en 1989 y el Once Caldas en el 2004, el imborrable 0-5 de Colombia a Argentina en 1993 y el triunfo de Lucho Herrera en la Vuelta a España en 1987, el manizaleño destaca como el momento más delicado los Juegos Olímpicos de Munich en 1972, cuando narró el ataque del grupo terrorista Septiembre Negro al equipo israelí.

“La sede de radio quedaba vecina a la concentración israelita. Pedí que me tiraran un cable largo y me me metí en una especie de matorral para transmitir lo que pudiera pasar... Con la voz trémula y angustiada decía: ‘Ahí llegó la policía... Lo que ustedes escuchan es que le han quitado el seguro a las armas. Puede haber un asalto, estamos en una zona de riesgo’. Fue una cosa dramática y para mí es lo más importante que he hecho en mi vida como periodista”.

También es famosa la serie de crónicas que le dedicó a los integrantes del Estudiantes de la Plata multicampeón de finales de los 60, entre los que estaban Carlos Salvador Bilardo, Osvaldo Zubeldía, Juan Ramón Verón y Carlos Pachame. A Zubeldía lo conoció, asegura, porque el argentino le pedía datos de las carreras de caballos. “Yo vivía muy informado, sabía cuál era el caballo más rápido según la pista. Entonces ahí hice mucha amistad con Zubeldía”, recuerda.

El grupo de jugadores se reunió con Giraldo Neira en su finca, La Palmera, para discutir los partidos del mundial de España 1982.

“Después de cada partido hacíamos una rueda de charlas sobre los partidos que veíamos. Aprendí demasiado con esa gente de Estudiantes y tuve la oportunidad de que me contaran todas sus ‘fechorías’, porque ellos fueron muy sucios en la actividad futbolística... Confesaron un montón de cosas, por ejemplo cargaban alfileres pa chuzarle las nalgas al contrario en los tiros de esquina”.

Fue una entrega memorable para Giraldo Neira, quien lamenta no haberla presentado para participar en algún concurso periodístico.

Más allá de los premios y reconocimientos, el periodista ha tenido un lugar privilegiado para observar y analizar los fracasos y los éxitos del deporte colombiano. Una actividad a la que le endosa cierta inestabilidad: “Los más grandes triunfadores del deporte colombiano son personas de una vida personal extraordinaria... Pero nuestros deportistas han sido demasiado ‘buenavida’, a mí me ha tocado vivir eso en el Once Caldas, con excelentes jugadores pero irresponsables dedicados la buena vida. Los jugadores de fútbol colombiano que van triunfando son personas de un correcto comportamiento personal”.

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