Panorama de las ‘Au pair’ colombianas en el mundo - Gente - Cultura - ELTIEMPO.COM
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¿‘Au pair’ colombianas sufren explotación laboral femenina?

El hacer ‘tareas sencillas del hogar’ termina en actividades domésticas mal remuneradas.

Au pair

Au pair es una expresión francesa usada para denominar a la persona acogida temporalmente por una familia a cambio de un trabajo auxiliar, como cuidar a los niños.

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Ilustración de Alejandra Giraldo

28 de febrero 2018 , 09:13 a.m.

“Trabaje y aprenda otro idioma en el exterior”. Esa es la frase con la que las agencias dedicadas a intercambios estudiantiles promocionan el reconocido programa Au Pair, que traducido del francés significa: A la Par.

¿Quiénes lo hacen? Mujeres entre los 18 y los 35 años de edad, generalmente de estratos socioeconómicos bajos (1, 2 y 3). Son cientos las jóvenes que viajan al exterior y son recibidas en hogares en los que, por contraprestación, desempeñan labores como cuidar a los niños o algunas tareas domésticas. ¿Qué ganan? En teoría, aprender otro idioma y otra cultura. Sin embargo, no siempre es así.

La colombiana Juliana Chayutse Quecan fue au pair en 2007. Un papel pegado en la calle con el llamativo mensaje fue el motor para embarcarse en esa aventura que la mayoría de jóvenes suelen querer vivir: aprender un idioma en el exterior y conocer otras culturas. Sin embargo, la experiencia de Chayutse no fue la mejor; fue, incluso, bastante mala. Pero con ella pasa algo más. No es solo una au pair con una mala experiencia. También es antropóloga y magíster en Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia.

Juliana Chayutse

La colombiana Juliana Chayutse Quecan fue au pair en 2007.

Foto:

Mauricio León / EL TIEMPO

La ‘aventura’ que vivió terminó convertida en su tesis para graduarse de su maestría. En el texto académico, de 302 páginas y dado a conocer a través de la Agencia de Noticias de la Universidad Nacional (Unimedios), analiza que el amor y el cuidado son los dos nuevos recursos que los países desarrollados extraen del tercer mundo, con el fin de enriquecerse. Tal y como sucedió con el oro en la época colonial.

Los factores de este fenómeno: el envejecimiento de la población, el aumento de la fuerza laboral femenina y los hogares monoparentales en los países desarrollados desembocan en una alta demanda de empleadas domésticas. Esta demanda, según la experta, coincide con el incremento de emigraciones de los países en vías de desarrollo dado por la pobreza, falta de oportunidades laborales y el sueño de una vida mejor.

Por ejemplo, Colombia se considera un país expulsor de población; conforme a las cifras más recientes, son aproximadamente 5’600.000 los colombianos que viven en el exterior, según Migración Colombia. En este contexto entra el programa Au Pair y se pone en boga.

“El programa surge como respuesta inmediata y facilista a la actual crisis del cuidado, sin que dicho esquema se haya establecido como un trabajo y sin contar con una cifra certera sobre la cantidad de colombianas que están fuera del país en esta modalidad, lo que genera que las au pair se vuelvan una figura invisible dentro de los fenómenos migratorios actuales”, argumenta la magíster Quecan.

Según su tesis: “En Au Pair se han insertado lógicas modernas de explotación laboral femenina”. Y la misma antropóloga lo vivió en carne propia. Siempre quiso estudiar inglés, y pensó primero en Estados Unidos porque es el referente que tenía; pero la enviaron a Alemania, país donde –entonces– daban las visas más fácil (era la primera vez que viajaba al exterior). Sin embargo, desde el principio encontró conflicto.

En Au Pair se han insertado lógicas modernas de explotación laboral femenina

“No es un programa de estudio ante los organismos reguladores. No eres ni estudiante ni trabajador, a pesar de que vas a trabajar; tampoco eres emigrante porque te vas un tiempo definido. Quedas en una categoría en el limbo que no reconoce nadie. Por eso, al final no hay cifras claras”, según explica Quecan.

La antropóloga asegura que su investigación tiene un objetivo político porque busca reconocer un tipo de trabajo que está siendo invisibilizado. Entre los cambios que propone están: reconocerlo como un trabajo y, por ende, establecer reglas claras sobre cómo debe funcionar: salarios, horas de trabajo y actividades específicas por desarrollar, como lo hacen muchas empresas de servicio doméstico.

“Sí debe continuar, porque hay mujeres que están logrando espacios importantes a nivel académico y social que no se pueden negar. Pero tiene que reconocerse y visibilizarse como un trabajo, protegiendo los derechos de las jóvenes, creando instituciones reales que se encarguen de velar por ellas y no las agencias, que les venden el programa y las dejan desprotegidas en los países de llegada, entre otros”, aseguró.

En carne propia

Una vez empezó a vivir la experiencia se dio cuenta de que le habían vendido algo totalmente diferente. Según explica, Au Pair funciona a través de unas agencias en Colombia que venden el programa a las jóvenes a través de otras agencias que están en los países receptores, que, a su vez, lo venden a las familias.

Se supone, dice, que se van como niñeras, que serán parte de una familia: algo así como unas ‘hermanas mayores’. Y no siempre es verdad, pues terminan cumpliendo el rol de empleadas domésticas con salarios bajos.

“Dado que Au Pair es promovido como un programa de intercambio cultural, se esconde la realidad de las labores que son trabajo; por ejemplo, la familia anfitriona te pide que cocines comida colombiana, para conocer un poco de tu cultura, pero al pasar los meses te das cuenta de que eres la cocinera de la casa”, señala la magíster, de 32 años, bogotana y dedicada hoy a investigar mercados.

Sin embargo, eso no fue lo peor. Tuvo que soportar hambre en la casa donde vivía porque, aunque se supone que la familia tiene que dar la alimentación, a ella le daban muy poca, y cuando pedía más no siempre se la daban. Además, a la joven le tocó vivir en el sótano de la casa y cuando abría la ventana había una pared que impedía la entrada de aire. También le habían dicho que podría estudiar cuando quisiera, pero no lo pudo hacer porque dependía del horario de la familia.

La investigación

Por medio de netnografía (etnografías en la web), de entrevistas no dirigidas y del análisis de su propio diario de campo, la magíster se pudo dar cuenta de que “las tareas sencillas del hogar” que promueve el programa como parte de las obligaciones de la au pair se vuelven un término ambiguo que promueve la explotación del trabajo, teniendo en cuenta que el bono económico que reciben por estas labores es menor que el salario mínimo de estos países.

En sus investigaciones, la antropóloga entrevistó en total a 20 jóvenes au pair. Aunque la muestra parece ser poco representativa, la tesis es cualitativa y no cuantitativa porque, precisamente, son pocas y escasas las cifras disponibles en torno a cuántas jóvenes se unen al programa, según explicó.

“Identifiqué que quienes quedaron felices y recomiendan el esquema son aquellas au pair que tuvieron una buena relación con la familia y asumieron el trabajo del cuidado como una forma de ‘apoyo’ o ‘agradecimiento’ por el buen trato, más que como un trabajo”, agregó la magíster. Mientras que, por otro lado, hay jóvenes que rechazan y se oponen a las actividades de servicio doméstico asignadas, por ir en contra de los falsos ideales de Au Pair, lo que genera que las familias las denigren, discriminen y exploten, en cuyo caso se obtiene al final un saldo negativo del programa.

Otras experiencias

En la última clasificación, en la cual se enmarca la experiencia de Quecan, están las historias de Luisa, Milena, Ximena y Claudia. Para ellas significó una mala decisión.

Claudia tuvo una de las peores. Dice en la investigación que el señor de la casa la mandó a limpiar las ventanas y todo lo que había en los cajones de la cocina. Aunque eso no estaba en el contrato, ella lo hacía. Un día, porque no alcanzó a terminar de limpiar las ventanas, el señor entró a su cuarto a gritarle y a decirle que tenía que hacer la limpieza de toda la casa. Ella le pidió que no le gritara. “Me respondió gritando: ‘¡Yo soy el jefe! (…). Si te tengo que hacer trabajar el domingo para que queden las ventanas limpias antes del lunes, ¡te hago trabajar el domingo!’ ”.

Sin embargo, como aclaraba la misma investigadora, no todas las experiencias son negativas. La asociación Work and Travel, una de las agencias que trabajan con Au Pair, nos puso en contacto con Marcela Rodríguez, mamá de Ana María Rodríguez, quien actualmente está en Alemania.

Según cuenta la madre, la experiencia ha sido la mejor y le ha abierto posibilidades a su hija. “Está hablando muy bien el alemán y está muy contenta con la familia que le tocó”, afirma. La familia Rodríguez se define a sí misma como de clase baja. La madre expresa que de otra forma no hubieran tenido la posibilidad de enviar a la joven a vivir una experiencia como la que está viviendo y que le ha ayudado a madurar y a tener claro qué hacer de su vida.

¿Qué responde Au Pair?

Au pair es una expresión francesa usada para denominar a la persona acogida temporalmente por una familia a cambio de un trabajo auxiliar, como cuidar a los niños; suele convivir con la familia receptora como un miembro más y recibe una pequeña remuneración, así como comida y alojamiento gratuitos; en la mayoría de los casos son estudiantes.

El concepto nació en el siglo XVIII en Suiza. Era muy común para familias de clase social alta mandar a sus hijas a vivir con otra familia y cuidar a los niños de esta familia en otra parte del país, en una región donde se hablaba otro idioma. El objetivo de esta costumbre era que las chicas aprendieran otro idioma y ganaran experiencia.

Aunque en la actualidad son varias las agencias que trabajan au pair, EL TIEMPO contactó a la asociación Work and Travel porque recientemente publicó una convocatoria. Esta organización fue constituida hace nueve años, y durante este tiempo se han enviado entre 1.000 y 1.500 aspirantes. Según explicaron, el objetivo actual de Au Pair es generar oportunidades para que jóvenes de bajos recursos puedan aprender una lengua y una cultura diferentes. Además, dicen, es una oportunidad para viajar y conocer otras culturas sin tener gastos muy altos.

En cuanto a las tareas que deben desempeñar, manifestaron que son básicamente ayuda a la familia a cuidar de los hijos y también con pequeñas tareas del hogar como lavar los platos, de forma ocasional: fregar, barrer, quitar el polvo/ pasar la aspiradora; encargarse de la ropa de los niños (lavarla, doblarla, recogerla); ordenar la habitación de los pequeños...

Aclararon que no pueden ser consideradas ni empleadas de hogar, ni enfermeras para personas mayores ni tampoco jardineras. Y sobre la investigación de Quecan, dijeron que ella quiere hacer ver el programa Au Pair como un disfraz para enmascarar la esclavitud de la mujer, pero “pensamos que es todo lo contrario, hay un marco legal que cubre los programas au pair, unas condiciones que ellas tienen claras antes de viajar; ellas cambian tiempo de trabajo por estudio, tienen unos derechos y unos deberes que tienen que cumplir”.

SIMÓN GRANJA
REDACTOR EL TIEMPO
En Twitter: @simongrma

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