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Los 4 visionarios latinoamericanos que quieren cambiar sus ciudades

Gente del común y funcionarios están redirigiendo el rumbo de urbes históricamente atormentadas.

Visionarios latinoamericanos

De izquierda a derecha: La brasileña Aline Cavalcante; el mexicano Ricardo Mora; el colombiano Jhony Fernando Fernández; la panameña Raisa Banfield.

Foto:

Cortesía Paulo Fridman, Christ Chavez, Christian Escobar Mora y archive particular

Por: Americas Quarterly
13 de enero 2019 , 01:29 p.m.

Echemos un vistazo a las ciudades latinoamericanas de hoy y estaremos tentados a ver problemas. La mayor parte de las veces notaremos el tráfico, la contaminación, la inseguridad y otras secuelas de la increíble transformación de la región, de una existencia mayormente rural en los años sesenta del siglo pasado a la de hoy, urbana en un 80 %.

No obstante, acerquémonos y veremos progreso. Buenos Aires está introduciendo servicios a zonas por largo tiempo abandonadas; ahora hay mayor seguridad para peatones y ciclistas y, en general, las cosas lucen y funcionan mejor de lo que jamás estuvieron durante décadas. São Paulo y Cali están viviendo reducciones drásticas en sus tasas de homicidios.

Ciudad Juárez y Porto Alegre son noticia en cuanto a renovación urbana. En la capital de Panamá y otras partes, las autoridades trabajan para lidiar con el cambio climático. Polos de innovación –pequeños ‘Silicon Valley’– están surgiendo en muchos lados.

Líderes visionarios están abriendo paso a los cambios, tales como alcaldes y funcionarios municipales
, aunque también empresarios, activistas, arquitectos y gente común. Esta edición de AQ está dedicada a sus historias. Juntos señalan la ruta hacia las políticas que harán de las ciudades lugares más habitables, sostenibles, resistentes y mejor preparados para los empleos del mañana.

Lo llamativo acerca de estos “visionarios urbanos” es cómo el dinero, generalmente, no es el factor determinante de su éxito. Por ejemplo, Horacio Rodríguez Larreta, alcalde de Buenos Aires, ha dirigido enormes proyectos de mejoramiento de la infraestructura urbana, a pesar de los problemas económicos existentes y la incertidumbre política. Jhony Fernando Fernández hizo posible una tregua entre las pandillas de Cali, con poco más que la fuerza de su personalidad. En estos casos, el secreto parece haber sido convencer a las partes de trabajar juntos hacia una meta común, o sea, colaborar.

Esto podría parecer obvio e, incluso, hasta una bufonada. Sin embargo, América Latina es un lugar en el que la identidad cívica es a menudo muy débil, tal vez debido a que la suya es la mayor brecha existente en todo el mundo entre ricos y pobres.

El interés propio, la desconfianza y la polarización política a veces deciden las cosas. Estos líderes han hallado la forma de superar los factores negativos y demostrado que las recompensas pueden ser inmensas.

América Latina es un lugar en el que la identidad cívica es a menudo muy débil, tal vez debido a que la suya es la mayor brecha existente en todo el mundo entre ricos y pobres

Pero aún así, naturalmente, siempre habrá obstáculos. Brandee McHale, presidente de Citi Foundation, enumera los pasos mediante los cuales las ciudades pueden hacer realidad grandes ideas. Eduardo Levy-Yeyati, de la Universidad Torcuato Di Tella, argumenta que los líderes municipales tendrán que preparar más activamente a los jóvenes para la creciente utilización de automatización e inteligencia artificial en el mundo del trabajo.

En efecto, el momento es de importancia vital. Las proyecciones sugieren que, luego del crecimiento poblacional de fines del siglo XX, las urbes de América Latina deberán crecer a un ritmo más manejable.

Ahora es el momento de enfrentarse a los cambiantes mercados del trabajo, a la aguda necesidad de nueva infraestructura y al creciente nivel de los océanos. Y todo esto para que el siglo XXI pueda llegar a ser un gran momento en la vida de las ciudades.

Brian Winter, editor en jefe

Aline Cavalcante

Una ciclista y activista se enfrenta al poderío de los autos.

Aun teniendo en cuenta los peligros que existen en las grandes ciudades latinoamericanas, andar en bicicleta en São Paulo (Brasil) puede llegar a ser cuestión de vida o muerte. En el 2009, Márcia Prado, quien había dirigido una campaña en pro de más derechos para los ciclistas, pedaleaba hacia su trabajo en la avenida Paulista cuando un autobús se le interpuso. Su muerte se sumó al terrible número de víctimas que el año pasado llegó a 61 fallecidos. La tragedia impresionó particularmente a Aline Cavalcante, en ese entonces una estudiante universitaria de 23 años que había empezado a aventurarse con su bicicleta, hasta el punto de que en ese mismo año se unió a otros activistas para fundar Ciclocidade, una asociación de amigos de las bicicletas.

Desde entonces se ha convertido en una de las más conocidas activistas de Brasil. El año pasado entregó un manifiesto en pro de la movilidad urbana a Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Dirige también un proyecto de defensa de los derechos e intereses individuales y colectivos en el cambio climático y los medios de transporte.

Ciclocidade sirve ahora como un poderoso canal entre los funcionarios del Gobierno y los ciclistas, para proponer y negociar políticas en colaboración con otras asociaciones de la ciudad. También dirige estudios e investigaciones en torno a asuntos de importancia, además de emitir anuncios de servicio público.

En su defensa de los derechos e intereses de los ciclistas, Cavalcante demuestra también pragmatismo y disposición a hacer concesiones, con tal de alcanzar sus metas. “Sabe pegar puñetazos, pero con guantes de niño”, comenta Renata Falzoni, activista del ciclismo desde los años setenta del siglo pasado. Comenta que la nueva generación que Ciclocidade representa “cuenta con los estudios, la información y coherencia en sus propuestas. Mi generación nunca tuvo nada de eso”.

La infraestructura ciclista de la ciudad empezó a mejorar en el 2013, lamentablemente debido a otro accidente.

Cavalcante logró reunirse con el entonces alcalde de la ciudad, Fernando Haddad, y eso marcó el inicio de una colaboración que ha revolucionado a la ciudad. La administración de Haddad se comprometió a construir 400 kilómetros adicionales de carriles de bicicleta. Se creó un consejo especial dedicado al ciclismo urbano con la colaboración de funcionarios municipales. Activistas incluso empezaron a participar en campañas del Gobierno para promover los derechos de los ciclistas. Sin embargo, Haddad perdió la reelección en 2016 frente a Joâo Doria, un hombre de negocios del conservador Partido Socialdemócrata Brasileño. El lema de la campaña de Doria fue ‘Aceleremos a São Paulo’. Doria volvió a aumentar el límite de velocidad y dejaron de construirse nuevos carriles de bicicletas.

Ahora el reto de Cavalcante y sus compañeros es conseguir avanzar nuevamente.

Manuela Andreoni. Periodista independiente radicada en São Paulo

Jhony Fernando Fernández

Un hombre de Cali pasa de pandillero a líder comunitario y pacificador.

El Poblado 2, un deteriorado barrio ubicado en las entrañas de uno de los distritos más rudos del oriente de Cali, ya no es la zona de guerra que recuerda Jhony Fernando Fernández. “Hace dos años te podían disparar mientras caminabas por ahí”, asegura Fernández, de 33 años, quien tiene una cicatriz en la pantorrilla que lo comprueba. “Eso era cuando la vida no valía más que el precio de una bala”.

Al igual que el Poblado 2, Fernández ha pasado por un proceso de transformación. Hace apenas dos años formaba parte de una de las pandillas locales en guerra que controlaban pequeños territorios de tan solo unas pocas cuadras. Sin embargo, el punto decisivo para él y sus compañeros llegó hace dos años, mientras estaba sentado en un banco y miró hacia una escuela primaria que quedaba del otro lado del canal, durante un trance inducido por marihuana. Se dirigió a la escuela. “El director de la escuela, Hugo Alberto Lozano, hizo un trato con Fernández y sus compañeros de pandilla: a condición de que la violencia disminuyera, la escuela los ayudaría enseñándoles oficios. Hoy en día, la escuela imparte clases de computación, música y diseño por las noches y tiene planificado abrir carpintería y mecánica.

Casi simultáneamente, el gobierno de la ciudad de Cali implementó un programa social en vecindarios turbulentos como Poblado 2, bautizados Territorios de Inclusión y Oportunidades (o Tios). Gracias a la inversión pública y privada, los Tios fueron el escenario donde concejales impartieron clases de música y liderazgo a Fernández y sus compañeros, algunos de los cuales apenas sabían leer. El joven, quien desarrolló la pasión por la horticultura, encontró trabajo en la agencia ambiental de la ciudad.

Ahora viaja a humedales protegidos en las afueras de la ciudad para vigilar los patrones migratorios de las aves y servir de guía turístico. Sin embargo, nada de esto habría sido posible si no se hubiera logrado la paz entre las pandillas enfrentadas. Hoy en día, Fernández camina por las calles no pavimentadas que en otra época señalaban la frontera entre los territorios. Se detiene a saludar a Marulanda, con quien en la actualidad parece mantener una estrecha amistad, pero que en otro tiempo fue su enemigo declarado. “La paz es un paraíso”, comentó Marulanda con una sonrisa contagiosa. “No la cambiaría por nada”.

Cada Halloween, Fernández organiza una caminata en grupo para los habitantes del Poblado 2, sin importar cuál haya sido su historia, y recorren el perímetro del barrio, zona que antiguamente se consideraba prohibida. Rita Campaz, vecina de la zona, dijo que anteriormente le asustaba que sus hijos salieran de la casa, y aún más dejarlos ir a pedir dulces en territorio enemigo, y le agradece a Fernández haber hecho esto posible.

A Fernández también le preocupa el futuro. Su contrato con la agencia ambientalista terminó en octubre y no sabe qué hará. “Por supuesto que la delincuencia es cosa del pasado para mí. Me encanta la vida”, aseguró, mientras se protegía del sol inclemente. “Pero a menos que encuentre trabajo, no sé qué voy a hacer”.

Joe Parkin Daniels es periodista radicado en Bogotá.

Ricardo Mora

Con su mensaje de colaboración, este empresario está cambiando la narrativa de Juárez.

Una de las primeras cosas con las que se topan los visitantes al Technology Hub es una pesada puerta metálica a prueba de balas, reliquia de los días en los que este edificio albergó el consulado de los Estados Unidos en Ciudad Juárez, México. Hoy ya no hay detectores de metales en la recepción, donde han sido reemplazados por obras de artistas locales. Lo que fue una vez un refugio antibombas para el cónsul es hoy una sala de meditación. Las viejas casetas de teléfonos públicos han sido convertidas en cargadores de autos eléctricos. Y una bandera mexicana ha sustituido a la de franjas y estrellas. Este espacio de 5.110 metros cuadrados, centro de trabajo e incubadora de ideas para empresas emergentes, es la criatura de su presidente y director ejecutivo, Ricardo Mora, empresario de 48 años que repartió su juventud entre esta ciudad y la de El Paso, en Texas, al otro lado de la frontera. Mora se inspiró en Silicon Valley, aunque siempre supo que tendría que tomar en cuenta la realidad local. Hasta hace unos cuantos años, la violencia de los carteles había convertido a Ciudad Juárez en una de las ciudades más peligrosas del mundo. La fundación de Technology Hub fue una forma de reiniciar las actividades comerciales y estimular la productividad, los empleos y el crecimiento económico. “Estábamos muy divididos”, le confesó Mora a AQ. “Cuando todo se calmó, tuvimos que reunir a todos de nuevo”. En los tres años desde que Mora y sus tres cofundadores compraron el viejo consulado con sus propios ahorros, Technology Hub se ha convertido en la sede de unas 100 empresas en las que se han creado unos 300 puestos de trabajo en tecnología. Unos cuantos empresarios del otro lado de la frontera, incluyendo a Luis López, un exmarine de Chicago, hasta han alquilado oficinas. “Lo que antes fue una fortaleza se convirtió en un lugar de bienvenida y colaboración”, comenta López.

A pesar de que Mora resistió durante los años más difíciles de Ciudad Juárez, sus vínculos personales con la ciudad le convencieron de que, en ella, los negocios pueden prosperar. Mora comentó que la creación de Technology Hub, bajo otras circunstancias, hubiera requerido una inversión de unos 500.000 dólares, aunque la compra del exconsulado elevó el costo de la operación. Explicó que “todos los factores necesarios ya están aquí”, en Juárez, para el desarrollo de una incubadora exitosa, debido a una gran presencia de empresas Fortune 500, maquiladoras y otros tipos de negocios. “Creemos poder aprovechar esa ventaja para ayudar a la comunidad a avanzar hacia modelos de producción más avanzados”, comentó. Sin embargo, asegurarse el respaldo de la comunidad de hombres de negocios de la ciudad para Technology Hub no fue fácil.

Los avanzados servicios especiales y de conveniencia de Technology Hub sustentan esta actitud. Incluyen, entre otros, el primer laboratorio de fabricación de la ciudad, o Fab Lab, que puede ser utilizado por los clientes para construir o “imprimir” prototipos de nuevos productos en tres dimensiones. Otro ejemplo es el de las gafas inteligentes de realidad aumentada, herramienta que permite a los empresarios capacitar virtualmente a sus empleados en las nuevas tecnologías de manufactura.

Brendan O’Boyle. Redactor principal de ‘AQ’

Raisa Banfield

Una funcionaria a la vanguardia del cambio climático.

Raisa Banfield sabía a lo que iba cuando estacionó su auto en El Trapiche, una conocida cafetería de la Ciudad de Panamá que sirve platos típicos como gallo pinto y tortillas fritas. “Vas a ver gente enojada”, me dijo Banfield. Y tenía razón. Temprano esa mañana, una lluvia torrencial acompañada de vientos derrumbó árboles, arrancó los tejados de edificios de apartamentos y provocó la inundación de El Trapiche y otros locales que bordean la vía Argentina, una de las principales calles de la Ciudad de Panamá. El personal del restaurante todavía trapeaba el piso cuando llegó Banfield, la vicealcaldesa de la ciudad desde 2014, para constatar los daños. “Fue la tormenta perfecta”, le comentó a AQ la vicealcaldesa de 49 años. “Pero lo de esta mañana es congruente con los riesgos climáticos de los que hemos venido advirtiendo a la gente”.

Por estar asentada entre el océano Pacífico, el canal de Panamá y dos cuencas fluviales importantes, las inundaciones han formado parte de la vida de la capital panameña desde hace mucho tiempo. Pero el cambio climático ha aumentado la inclemencia de la temporada lluviosa. Además, el aumento de la construcción de rascacielos (la Ciudad de Panamá es actualmente el hogar de siete de los 10 edificios más altos de Latinoamérica) y de suburbios en el transcurso de los últimos 20 años, ha reemplazado los árboles y la tierra que en otra época servían de barrera natural contra el aumento de las mareas. Banfield comprende como nadie las vulnerabilidades de la Ciudad de Panamá. Antes de convertirse en vicealcaldesa, fue una de las activistas ambientales más francas y destacadas de Panamá. En el 2012, se ató a un árbol para detener la construcción de un estacionamiento.

“Ser activista es sexi: siempre eres una heroína”, señaló Banfield. “Cuando trabajas para el Gobierno tienes la responsabilidad de solucionar problemas”.

La fotografía de Banfield atada al árbol, acción que en definitiva tuvo éxito y logró detener el proyecto, “se ha convertido en la favorita de todos”, comenta riéndose. Pero su camino en el mundo de la política comenzó a trazarse dos años antes como presentadora y productora de un programa de televisión llamado Nuestro planeta, donde destacaba la diversidad de los recursos naturales de Panamá y por qué es necesario protegerlos. En los Estados Unidos, Nuestro planeta probablemente habría quedado relegado al canal de televisión público en el horario de la madrugada, pero en Panamá, un país donde existe conciencia sobre el clima, fue todo un éxito. Esto, aunado a la labor de Banfield en las dos organizaciones centradas en la sostenibilidad que ella fundó, hizo que los políticos de todo el espectro político panameño buscaran su apoyo. Pero Banfield, recelosa de contribuir a que un partido u otro se adjudicara el medioambiente como tema de campaña, los rechazó a todos. El fenómeno que vivimos esta mañana es algo que va a pasar cada vez más frecuentemente”, les dijo. “Debemos estar preparados”.

Benjamin Russell. Editor sénior y corresponsal de ‘AQ’ en la Ciudad de México.

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