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‘No podemos hacerlo solas’: Melba Escobar

La autora de 'La casa de la belleza' habla del momento que viven hoy las mujeres.

Melba Escobar

La novela ‘La casa de la belleza’, de Melba Escobar, se publicará este año en 15 idiomas.

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Mauricio Moreno / EL TIEMPO

19 de febrero 2018 , 09:38 p.m.

Cuando Melba Escobar escribió en Facebook que no estaba de acuerdo con la campaña #Metoo, la tildaron de misógina y traidora, entre muchas otras cosas más. Ella considera que el cambio no lo pueden hacer las mujeres solas, para ello necesitan a los hombres.

Se define a sí misma como feminista y es tan consciente de la importancia de la voz de las mujeres que su novela La casa de la belleza es una historia alrededor de un salón de belleza donde, precisamente, son las mujeres las que hablan, las que cuentan y las que miran el mundo. La novela ha sido un éxito entre editoriales del mundo, se publicará este año en 15 idiomas, entre ellos árabe, finés, serbio, alemán, turco, francés y holandés.

Anna Kelly, de la editorial inglesa 4th State, afirmó: “‘La casa de la belleza’ es una novela intensa, ágil, que formula preguntas vitales en una cultura machista”. ¿Es así?


Creo que, en cuanto a la cultura machista, lo que hace la novela es mostrar hasta dónde uno está viviendo dentro del género como si estuviera dentro de una camisa de fuerza que no le permite una absoluta libertad de movimientos y que, curiosamente, tiene relación con mucho de lo que está pasando con estos movimientos como #Metoo, que acaban es reafirmando muchas veces los prejuicios y los estereotipos de los géneros.

¿Cómo?

Siento que estamos realmente en un momento de retroceso más que de avance, porque estamos volviendo a un puritanismo muy exacerbado donde todos los hombres son potenciales violadores y todas las mujeres podemos ser víctimas, y creo que justamente la idea de igualdad es bajarnos de esos estereotipos y pensar que podemos ser todos libres, autónomos y diversos, más allá del género.

Un columnista de ‘The New York Times’ hablaba de redefinir la masculinidad...

Creo que como cultura estamos multiplicando y reproduciendo unos estereotipos tanto de mujeres como de hombres. Lo importante no es pensarlo en términos binarios ni en términos de víctima y victimario, sino como humanidad, donde, para ser justos, todos deberíamos pensar en cómo disolver ese tipo de patrones y de estereotipos.

No tengo la respuesta a cómo se hace, pero creo que los hombres siguen siendo tímidos en estas campañas, aún no se reconocen como parte de todo esto y creo que si no los incluimos en estos debates, no vamos a ninguna parte, porque no lo podemos hacer solas tampoco.

En la novela, la mayoría son mujeres fuertes, pero de alguna manera se impone sobre ellas, sobre su voluntad o su manera de pensar, una cultura machista que las termina dominando

La novela muestra discriminación hacia la mujer no solo socialmente, sino por ser mujer...

Creo que lo que hemos visto de narcos, de Rosario Tijeras y tantas otras obras que hay alrededor del tema es un retrato que muy pocas veces se cuenta desde el lado femenino, e intenté hacer esto, intenté hablar un poco desde esa mujer que siempre sale como un extra, que uno no sabe qué le pasa en el alma. Aquí, la idea era contarlo desde ella. En la novela, la mayoría son mujeres fuertes, pero de alguna manera se impone sobre ellas, sobre su voluntad o su manera de pensar, una cultura machista que las termina dominando por más que haya un esfuerzo de autonomía y de liberación, incluso de redención.

Habla del salón de belleza en nuestra cultura...

En este trabajo de reportería que hice para el libro, en el que recorrí Bogotá y Cartagena, me impresionó mucho que uno puede ir a barrios donde no hay alcantarillado, pero hay un salón de belleza. Las mujeres pueden saltarse las comidas, pero nunca dejar de tener el pelo alisado.

¿Y cree que eso dice mucho de la posición de la mujer en el país?

Sin duda. Creo que sociológicamente es un reflejo de una sociedad muy machista, donde la mujer tiene un valor muy asociado a su aspecto.

Ha dicho que la peluquería genera una intimidad femenina diferente. ¿Cómo es esa intimidad?

Eso es de las cosas que me parecen muy bonitas del mundo femenino y la novela parte de ahí, nace de una visita al salón de belleza en la que yo dije: “Este es un mundo literario perfecto”. Ahí ocurren cosas que vale la pena contar. Las mujeres podemos tener una intimidad muy especial, muy distinta a la de los hombres, muy honesta, en donde podemos llegar a develar nuestra propia fragilidad, dolor o incapacidad, mostrarnos muy humanas, mientras que entre los hombres la amistad se forja más alrededor del alarde, la competencia.

Al principio de la novela describe a las mujeres como postizas, parte de la cultura estética de los narcos. ¿Esto también es machismo?

Creo que las mujeres también están entrando a ser, desde hace tiempo, y más desde el narcotráfico, otro valor de cambio, una mercancía más. Eso ha hecho daño, contribuye a la idea de muchas mujeres según la cual su única capacidad de salir adelante es tener un buen cuerpo o hacerse una cirugía estética en la cara porque con esa nariz no van a llegar a ningún lado.

En algún momento dijo que el medio objetiva a la mujer incluso en unos límites grotescos. ¿Qué quiere decir con esto?

Quizás me refería a algo muy explícito como tener uno que ver tantos avisos por todas partes con culos y tetas, a que el cuerpo de la mujer sea una figura tan presente en todos los espacios públicos y privados, y tan explícita, y que haya una noción tan generalizada de que eso es sexi o valorado. Si uno va a Japón, todas las mujeres pesan como 38 kilos, usan batolas enormes y son hermosas.

¿Hay algo que rescatar de estas campañas como #Metoo?


Sí, claro, que las mujeres que denuncian se sientan respaldadas y que eso tenga de alguna forma una reafirmación social y que se replique.

¿Qué es ser feminista?

Melba Escobar: “Creo que el feminismo se ha ampliado, expandido y diversificado mucho. En mi caso lo entiendo como lo que es en su sentido más básico y es una búsqueda de la igualdad, es entender que la mujer no tiene por qué vivir en condiciones distintas al hombre y creo que a veces confundimos la igualdad con uniformidad. Una lucha que debemos dar ahora más que nunca es que el feminismo también debe luchar por las individualidades de las mujeres y por la libertad, porque el peligro, para mí, de muchas de estas campañas y del activismo mismo es que nos uniforman. Cuando todas tenemos que salir a gritar las mismas consignas con las mismas pancartas, estar de acuerdo en los mismos términos, posiblemente ahí se están desdibujando todas las individualidades. Al final seguimos siendo individuos más allá de todo. Pienso que el feminismo hoy también debe tener esto”.

CATALINA GALLO ROJAS
Para EL TIEMPO

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