Diseñadores y grandes marcas se trasladan a Los Ángeles, California - Gente - Cultura - ELTIEMPO.COM
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Los Ángeles, la nueva capital de la moda

La ciudad californiana gana terreno ante a Nueva York como destino de diseñadores y grandes marcas.

Desfile de Tommy Hilfiger

Tommy Hilfiger en un desfile en Venice Beach de su colección de primavera del 2017.

Foto:

Cortesía

04 de febrero 2018 , 12:40 a.m.

Se llama Yael Aflano, tiene 39 años y es la creadora de Reformation, una de las marcas estadounidenses que, según la página web especializada ‘Business of Fashion’ (BoF), tiene una de las mayores proyecciones en la industria de la moda. Esta etiqueta, además de contar con una pléyade de seguidoras como Rihanna, Taylor Swift y la ‘top model’ Karlie Kloss, es una de la promotoras de Los Ángeles como la nueva capital de la moda estadounidense.

Reformation ofrece ropa ecosustentable (su lema es ‘hacemos ropa matadora que no mata al medio ambiente’) y solo produce 40 prendas por cada uno de sus diseños, aunque trabaja a un ritmo acelerado. La firma, que centra su mercado en su plataforma ‘online’, lanza colecciones semanalmente. Estas son ideadas, producidas, fotografiadas y distribuidas desde su gran cuartel general en la ciudad más poblada del estado de California.

En la última década, el negocio de la moda ha tenido un crecimiento exponencial en la costa oeste de Estados Unidos, y Los Ángeles se ha convertido en un punto neurálgico. La ciudad, sinónimo de alfombras rojas, mansiones de estrellas, playas, ‘surf’, ‘skaters’ y clínicas de cirugía plástica, hoy rivaliza con Nueva York en el interés de los seguidores de tendencias y en de los creadores.

Además de Reformation, en Los Ángeles tienen su centro de operaciones marcas como Re/Done (‘jeans’ reciclados) y la línea de moda de la antigua estilista de las estrellas Rachel Zoe, así como las colecciones de Jenny Kayne y de la bloguera danesa Anine Bing, que triunfa con básicos de estilo bohemio y toques californianos.

Aquí también comenzaron etiquetas emblemáticas de la nueva vanguardia estadounidense, como Rodarte (que luego de presentar sus colecciones en Nueva York ahora lo hace en París) y Jeremy Scott (el hombre detrás de la etiqueta italiana Moschino). También talentos más alternativos, como Johnson Hartig, con su etiqueta Libertine, y Scott Sternberg, de Band of Outsiders, quien mantiene su estudio en Los Ángeles y hace un año aseguraba en WWD que la ciudad era “una burbuja que te permite funcionar al margen de las leyes del circuito tradicional; si trabajara en Nueva York, el punto alternativo desaparecería”.

La escena ‘fashion’ angelina también se está nutriendo con una camada de diseñadores emergentes. Algunos ejemplos: la línea mezclilla Phlemuns, firmada por James Flemons, quien empezó su carrera en Nueva York; la diseñadora María Korovilas, la mexicana Gladys Tamez, quien ha creado sombreros para Lady Gaga, y el proyecto Noon Goons, que se inspira en las culturas juveniles del sur de California: el ‘punk’, el ‘skate’ y el ‘surf’.

Más allá de la mezclilla

Hasta hace dos décadas, la señal más californiana que se podía notar en la moda estadounidense era más comercial que estética. Primero, fue el éxito de la industria denim con marcas como Guess o J Brand. Luego vino el interés de los jóvenes por las camisetas de algodón de American Apparel, firma que presumía de diseñar y confeccionar todas sus prendas en el centro de Los Ángeles. Más tarde llegó el fenómeno ‘fast fashion’ de Forever 21, marca que arrancó en 1984 con una pequeña tienda de 80 metros cuadrados en el barrio de Highland Park.

Que el universo de la ropa de mezclilla y del ‘fast fashion’ estadounidense tuviera su base de operaciones en California tuvo una razón estratégica: la proximidad de las fábricas. El 33 por ciento de la producción textil ‘made in USA’ se reparte entre Los Ángeles y el Condado de Orange (más del doble que en Nueva York), lo que permite a las firmas locales supervisar el producto rápidamente. Hoy, esa ventaja también la están aprovechando marcas sofisticadas y con técnicas artesanales.

Otro punto que está interesando a los creadores más jóvenes es el bajo precio de los arriendos para los talleres y las tiendas, que muchas veces cuestan la mitad de lo que piden en Nueva York.

La cercanía de las fábricas y los arriendos bajos no son la única razón del florecimiento de la nueva escena de la moda en Los Ángeles. El interés por la ciudad que han mostrado grandes marcas y diseñadores también ha ayudado. El primero que puso a Los Ángeles en el radar de los seguidores de tendencias y de la moda más exclusiva y vanguardista fue Hedi Slimane, quien decidió radicarse allí en el 2007. Entonces, el creador, que redefinió el código estético masculino de la primera década de este siglo con sus colecciones para Dior Homme, dejó Francia para ensayar su faceta de fotógrafo y satisfacer su obsesión por la escena rockera.

Cuando regresó a la moda, en el 2012, y asumió la dirección creativa de Ives Saint Laurent, en lugar de volver a París tomó una decisión que fue muy criticada: trasladó a California a parte del equipo creativo de la firma. El imaginario estético de Los Ángeles inevitablemente definió las colecciones que firmó para la casa de modas francesa hasta su alejamiento de la firma, a comienzos del 2016. El propio Slimane era pródigo en los elogios a su ciudad de adopción. En una entrevista a ‘The New York Times’ declaró: “Hay algo casi encantado sobre Los Ángeles, una vibrante mitología que encuentro muy inspiradora”.

Hedi Slimane abrió la puerta para que otros creadores miraran a esta ciudad como escenario para lanzar sus creaciones. En enero del 2014, la neoyorquina Diane von Furstenberg apostó por la costa oeste para celebrar el 40º aniversario de su emblemático ‘wrap dress’ y montó una exhibición de su trayectoria en el Wilshire May Company Building de Los Ángeles (sede de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas).

En el 2015, Nicolas Ghesquiere, director creativo de Louis Vuitton, presentó su colección Crucero en Palm Springs, en la casa de Bob y Dolores Hope, una del arquitecto John Lautner que enfrenta al desierto de California. Ese mismo año, Tom Ford, quien tiene su mansión en Los Ángeles, presentó sus dos colecciones de temporada.

Luego marcas como Burberry y Stella McCartney también programaron desfiles ahí. En febrero del 2017, Tommy Hilfiger presentó su colección en Venice Beach. Al parecer, siguió el consejo de su nueva musa, Gigi Hadid, quien se crió junto a esas playas. En mayo pasado, la emblemática casa Dior cruzó el Atlántico para mostrar la colección resort con las idílicas montañas de Santa Mónica como telón de fondo. En el ‘backstage’, la diseñadora de la marca, Maria Grazia Chiuri, comentaba con emoción: “Cuando piensas en Los Ángeles, piensas en Hollywood, en los Óscar, la alfombra roja... Pero, sinceramente, creo que la gente ama este lugar porque se siente en contacto con la naturaleza”.

En la primera fila de su desfile estaba la italiana Chiara Ferragni, quizá la ‘influencer’ más importante del negocio de la moda, quien lleva dos años instalada en Silver Lake, el nuevo barrio de moda en la ciudad.

En resumen, Los Ángeles es el lugar donde está iniciando su carrera una nueva camada de creadores estadounidenses.

JUAN LUIS SALINAS T.
EL MERCURIO (Chile) - GDA
En Twitter: @ElMercurio_cl

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