Cómo tratar con las personas a las que no les gusta la navidad - Gente - Cultura - ELTIEMPO.COM
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Usted tiene derecho a no sentirse bien en Navidad

Para algunas personas, esta época puede significar angustia, tristeza o ansiedad.

Usted tiene derecho a no sentirse bien en Navidad

No se debe obligar a nadie a estar alegre cuando en el fondo de su corazón no experimenta esta felicidad.

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Ilustración Alejandro Villegas

Por: Catalina Gallo
11 de diciembre 2018 , 09:33 p.m.

Quienes no disfrutan de la Navidad no necesariamente son amargados como el Grinch, el personaje del cuento Cómo el Grinch robó la Navidad, escrito por Theodor Seuss Geisel. Estas personas pueden estar pasando por momentos difíciles, ser más sensibles a las emociones, tener otras prioridades en su vida o incluso una baja tolerancia al estrés que generan tanta actividad social y tantas emociones.

La Navidad puede ser una época muy emotiva, porque, como explica María Elena López, psicóloga de familia y autora de varios libros sobre temas familiares, “es un ritual y este, por definición, implica expresiones, costumbres y creencias cuyo material más importante son las emociones, los sentimientos, los estados de ánimo”.

Sin embargo, la sociedad asume que estos sentimientos y emociones en Navidad deben ser siempre de alegría y felicidad porque se está celebrando y compartiendo con la familia y con los amigos, pero la verdad es que no todas las personas experimentan estas fechas de la misma manera y para algunas representan angustia, estrés, ansiedad o tristeza.

Carolina es una mujer de 50 años que creció con una familia en la que la Navidad era la fecha más importante y para ella también lo fue hasta hace unos seis años, cuando comenzó a tener problemas económicos y pensar en comprar regalos y asistir a tantas novenas le genera angustia. Además, sus hijos crecieron y ellos ya no quieren estar con esa parte de la familia. Ella ha sufrido de depresiones y de ataques de ansiedad en su vida, con lo cual esta época se ha convertido en días que no quiere que lleguen porque, como dice, “están llenos de emociones revueltas”.

Explica que sí le gusta la Navidad, pero que desde hace un año para acá siente temor frente a esta porque no quiere volver a deprimirse ni a sentir angustia, por eso este año tiene pensada una celebración tranquila en su casa con su esposo, hijos y unos amigos, sin grandes regalos y comida sencilla.

Ya aprendió que gastar de más le genera angustia y que igual puede tener detalles con los demás que sean sencillos y muestra de cariño. Además, no quiere que sus hijos se aburran y ella no quiere seguir siendo la mediadora entre su familia de la infancia y la que ha construido como madre y esposa.

López explica que la Navidad es un tiempo del año diferente, que saca a las personas de sus rutinas, de lo que tienen control o saben manejar. “Las actividades de estas fechas requieren centrarse más en los demás que en sí mismo y este esfuerzo para algunas personas es muy demandante”.

Además, con las celebraciones de fin de año, la convivencia familiar implica cierto grado de tensión, porque no transcurre como se desearía ni de acuerdo con lo que muestran los medios de comunicación. Esto genera estrés, que es un poderoso detonador de ansiedad y depresión.

Tal vez por esto Carolina ya aceptó que su familia de hoy es diferente a la de su infancia, y ha decidido que este año no se dejará agobiar por la nostalgia de lo que fue.

Los duelos

La Navidad también suele ser una época de reflexión, de hacer balances, y para quienes tuvieron pérdidas emocionales durante el año, como el fallecimiento de un ser querido, un divorcio o una crisis económica, estos análisis pueden resultar poco positivos.

Es importante entender que estas personas necesitan aprender a llevar su nueva vida y para ello deben aceptar las emociones que experimentan en estas fechas y escoger celebrar como más lo deseen. Para algunas, puede ser estar en familia, mientras que para otros puede ser no hacer nada.

Estas actitudes deben respetarse. No se debe obligar a nadie a estar alegre cuando en el fondo de su corazón no experimenta esta felicidad, es posible ofrecerle compañía, una buena cena, asistir a una celebración si lo desea, pero no se debe juzgar como una persona que está equivocada y a quien hay que corregir obligándola a simular alegría.

Los conflictos familiares

Durante la Navidad se pueden presentar muchos conflictos familiares por el aumento de los encuentros entre sus miembros; por la presencia de cuñados, tíos, primos o suegros con los que no se tienen buenas relaciones, o porque cada uno de los miembros de la pareja quiere celebrar solo con su familia y no con la de su cónyuge.

Lo más importante en esos casos es hablar con la pareja, ser honestos y acordar entre los dos cómo compartirán el tiempo en familia. También es una opción aprender a desprenderse un poco del qué dirán y apostarle a tener una celebración como se desea, en la que cada quien se sienta a gusto. Se puede optar por no reunirse tanto con los familiares y escoger un encuentro más acorde con los valores propios y no necesariamente con los que se le han impuesto.


Catalina Gallo
Especial para EL TIEMPO
Ilustración: Alejandro Villegas

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