Cómo me di cuenta que era lesbiana y me gustaban las mujeres - Gente - Cultura - ELTIEMPO.COM
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Sueño con una mujer a la que solo besé una vez

En esta entrega de Mensaje Directo, una mujer confiesa cómo supo que era lesbiana.

Mensaje directo

Una mujer la veía de un modo que nadie lo había hecho y provocaba en ella reacciones y contradicciones desde su estómago hasta su cabeza.

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María Paula Cardona / EL TIEMPO

Por: Asilen Llave
10 de octubre 2018 , 07:32 a.m.

Se despertó empapada. El sobresalto fue mayor esta vez y la intensidad del sueño repercutía en su mente y en su cuerpo. Brianna, una vez más, haciéndole el amor de manera salvaje, causando estragos a su cuerpo en posiciones imposibles y poniéndola a vivir.

En el sueño, que era siempre el mismo, eran solo piel y ardor. Brianna encima de ella. Brianna tocándola por todas partes: Brianna besándola con la boca abierta y paseando su lengua por sus labios, sus parpados, sus mejillas, su cara entera, su cuello y aún más abajo. No quedaba un rincón que ella no explorara. Lo hacía con curiosidad, con minucia, pero también con una ternura inusitada, que la elevaba. Ella estaba pegada, adherida, anhelante, entregada toda, rendida, sin resistirse nada.

¿Desde cuándo, por Dios? ¿Desde cuándo le pasaba esto? ¿Por qué no se había dado cuenta a tiempo de lo que le pasaba? ¿Por qué se paralizó? Después de tanto tiempo, a este punto de su historia se estaba realmente cuestionando su sexualidad. Ya no podía esconderse. Tenía sueños eróticos con una mujer cada semana. La pensaba, la deseaba, la quería hacer suya.

Desde su cama recuerda bien su más cercano encuentro. Brianna trabajaba con ella y al inicio era solo una compañera muy popular. Ella le contaba cosas de su vida y con el tiempo fue entendiendo el verdadero poder de esa mujer. La gente de esa compañía la idolatraba, no solo por ser la amante del director , sino porque era una persona que no dejas de mirar, un imán para todos.

Su relación con ese jefe parecía un poco sórdida y era la comidilla de la empresa. Era el típico caso de una mujer que juega el papel de segunda con un ejecutivo de primera, joven, displicente, atractivo y, claro, casado. No parecía que fuera un personaje digno de ella. Ella era perfecta, un objeto de deseo para todos (¿y todas?). Alguien que, definitivamente, merecía el número uno.

Pero esa atención no le importaba. Ella le sacaba ventaja. Con una extraña forma de tomar venganza los poseía, literalmente, a todos: el director general, el gerente del taller, el jefe de repuestos. Todos probaron el sabor de su cuerpo y todos la recompensaron.

Pero Brianna buscaba otra cosa y eso quedó en evidencia el día que coincidieron en el baño.

Brianna la miraba fijamente aplicarse ese labial color vinotinto que otras veces le había admirado. Del otro lado, ella se sentía intimidada de una manera rara, deliciosa. Una mujer la veía de un modo que nadie lo había hecho y provocaba en ella reacciones y contradicciones desde su estómago hasta su cabeza.

Se estaba realmente cuestionando su sexualidad. Ya no podía esconderse. Tenía sueños eróticos con una mujer cada semana

Briana la miraba todo el tiempo. La observaba con atención mientras se cepillaba los dientes, después como se retocaba el maquillaje y se peinaba, ella le correspondía la mirada con una sonrisa tímida, y poco a poco empezó a surgir un sentimiento extraño. Era algo sigiloso y perturbador.

No supo cómo, pero Briana tocó su boca, se acercó con los movimientos de quien sabe que es sexy y le dijo: “se te corrió el labial, déjame te ayudo”.

Luego tomó el labial y se pintó ella misma la boca. Posó sus labios encima de los de ella, sin abrirlos, como si quisiera hacer una copia, como imprimiendo algo nuevo. Hizo una presión suave. “Así”, dijo en voz bajita, suspirando. “Ves cómo queda perfecta la alineación…tenemos casi la misma simetría en la boca”.

Un toque de labios. Fue solo eso, un toque de labios para que todo lo que hasta ahora creía se cayera. Para que todo lo que hasta ahora sentía no hubiera tenido sentido. Para enloquecer. Para caer rendida a sus pies.

Quedó paralizada, con los ojos abiertos y estupefactos. Sentía un ardor constante en el cuerpo que subía desde el mismo centro y que le provocaban escalofríos a lo largo de toda su espina dorsal. Brianna tardó en retirar la mano de su rostro y nunca dejó de mirarla fijamente. Estaban muy cerca.

De pronto, escucharon voces y ella se separó bruscamente. Brianna se topó con un par de compañeras en la entrada y soltó una risa estrepitosa de algo que le dijeron. En el baño, ella tuvo que hacer un gran esfuerzo para moverse. No podía entender que acababa de pasar y sobre todo por qué había pasado.

A partir de ese momento se instaló en su ser una gran duda, que apenas lograba disimular. Al principio pensó que podía ignorar las sensaciones que la invadían. Usó todo lo que le daba su razón para no pensar más en eso, pero cada noche terminaba exhausta y llegaba a casa de mal humor.

Era una línea invisible que había cruzado sin saber. Ya no podía ser la de antes. Todo esto debió pasar para saber cuán equivocada estaba en su relación de pareja, cuán resquebrajada estaba por dentro. ¿Cómo podía haber llegado a ese nivel de autoengaño? ¿Cómo se había negado el placer durante tanto tiempo?

A pesar de que esto era como una gran revelación, cómo encontraría la clave para rearmarse de nuevo. Antes del beso de Brianna no había nada.

Entonces, la confusión, el miedo y la contradicción la llevaron a erigir una barrera para ponerse a salvo. Nunca más dejó que Brianna se le acercara y eso terminó en peleas laborales. Hasta que un día no se hablaron más.

A veces sentía la mirada fija, intensa y penetrante de Brianna. Era como un código visual que decía: “ya lo sabes y yo sé que lo sabes”. No hacía falta más. Pero ella se aseguraba de no tener ningún encuentro a solas con esta deidad femenina. Eso le implica un desgaste logístico en su mente. Saber cuándo ir al baño, con quién, qué pasillos recorrer, etc. Tácitamente ambas se fueron dando por vencidas.

Los otros problemas de esta diosa empezaron a hacerla caer. Perdió el respaldo de su amante y renunció a la compañía.

Lo que inició como un beso inaudito y del que huyó lejos, se convirtió en un regreso a lo que siempre fue

Ella palideció al enterarse que se iba. En su último encuentro, se permitió volverla a ver a los ojos. De nuevo el ardor y el escalofrío. De nuevo las ganas, de nuevo el sudor.

“Espero que encuentres lo que estás buscando, Brianna”, dijo ella, mientras notaba como algo dentro de sí se rompía.

Brianna se fue al extranjero y al parecer se encontraba feliz. Alguna vez vio sus fotos y, de nuevo, reconoció su desafiante rostro y su actitud altiva, radiante. Un sentimiento cálido la invadió, ella parecía feliz.

Antes del suceso en el baño entre ellas, hubiera pensado que su vida era normal: un novio bastante mayor de edad con el que tenía ya un largo tiempo. Una vida sexual medianamente satisfactoria, un trabajo estable del que también aprendía y disfrutaba mucho. Una vida tranquila, sin sobresaltos, todo bajo control, sin nada que no pudiera ser manejado.

Pero lo que le pasó con Brianna había abierto una puerta a otro mundo. Otras posibilidades que ella desconocía o quería desconocer. Esa mujer con el labial le había mostrado el camino que siempre había reprimido. Y lo que inició como un beso inaudito y del que huyó lejos, se convirtió en un regreso a lo que siempre fue.

No es que sean cosas nuevas y que apenas se está descubriendo, es que siempre han estado ahí y se vuelve a ellas.

Hubo un antes y un después. Terminó la larga relación con su novio, alarmada al darse cuenta de que tenía que acudir a la memoria del suave beso compartido con Brianna para lograr sentir algún placer. Esa sola memoria era más potente y deliciosa que absolutamente todas las relaciones sexuales que había tenido anteriormente. Nunca había sido realmente feliz, su vida había sido un engaño, perdió el entusiasmo. Quedó en el limbo, en una espera, en un estado de vigilia permanente, esperando… ¿pero esperando qué?

La certeza de sus sensaciones y sentimientos era tan real como el hecho de que no había una posibilidad ni remotamente posible de encontrar la manera de llegar a Brianna. Ahora esto.

¿Hace cuántos años ya? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿Por qué ahora tener estos sueños eróticos con ella?

Era un callejón sin salida porque nunca halló la manera de llegar a ella.

ASILEN LLAVE

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