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Cuando la ropa es una forma de protesta

Camisetas con textos de denuncia que abordan desde el feminismo hasta el armamentismo son tendencia.

Cuando la ropa es una forma de protesta

Hasta la famosa casa Dior se ha sumado a la corriente, aunque su camiseta (foto) desató una fuerte polémica.

Foto:

Christian Vierig

19 de mayo 2018 , 10:32 p.m.

Vivianne Westwood, la reina madre de la moda británica, siempre ha considerado que la ropa es un medio de comunicación; una manera de decir quién se es y en qué lugar del espectro político-social-ideológico-cultural se está.

Pero la manera más evidente en la que la diseñadora ha reafirmado esto es a través de camisetas con mensajes. ‘No soy un terrorista. Por favor no me arreste’, decía –en inglés– una línea de camisetas que creó en 2005, en una directa oposición a las políticas del gobierno que sugerían detener a los sospechosos de terrorismo por tres meses, en vez de los 14 días hasta entonces permitidos. Más tarde, en 2012, apareció al cierre de un desfile con una camiseta que decía, simplemente, ‘Climate Revolution’ (revolución del clima). “El cambio climático, no la moda, es hoy mi prioridad”, declaró entonces.

Vivianne se sumó así a una tradición que tiene fecha oficial de nacimiento: marzo de 1984. Por aquellos días, Margaret Thatcher convocó a una reunión con la industria de la moda. Una de las diseñadoras invitadas, Katherine Hamnett, entró con un abrigo y no aceptó dejarlo en la guardarropía: llevaba debajo una camiseta con un mensaje provocativo y quería mostrarlo apenas surgiera el momento propicio para una foto de alto impacto. Y lo logró. Hoy no hay artículo sobre el uso de camisetas con mensajes que no incluya la imagen en donde se ve cómo la Thatcher queda atónita al leer, en la ropa de Hamnett, la frase ‘58 % do not want Pershing’. Katherine aludía a una encuesta de opinión contra el uso de misiles Pershing, que entonces promovía el gobierno inglés.

“Los fotógrafos de la sala, que se volvieron locos. Thatcher me miró y me dijo: ‘Al parecer tienes un mensaje bastante potente en tu camiseta’. Luego se agachó, lo leyó y soltó un graznido, como un pájaro. Después, durante el coctel, la seguí porque quería hablar sobre el problema de la lluvia ácida en Escandinavia, pero siempre se las arreglaba para escabullirse. Viéndolo desde hoy, resulta divertido ese juego como de gato y ratón”, recordó la diseñadora en una columna publicada recientemente en The Guardian.

Luego del bullado encuentro con la primera ministra, Hamnett trabajó durante décadas en la creación de camisetas con mensajes. Suyas son, por ejemplo, las camisetas inmortalizadas por el grupo Wham! en el video de la canción Wake me up, before you go go, donde se podía leer ‘Choose life’, un mensaje en contra de las drogas. Recientemente se ha involucrado en temas políticos, con diseños en los que se lee ‘Stop war, Blair out’ (contra Tony Blair) y ‘Second Referendum Now’ (en relación con el brexit).

Muestra en Londres

Hamnett ha vuelto a estar en el radar de la moda gracias a la exposición ‘T-Shirt: Cult-Culture- Subversion’, que se llevó a cabo hasta comienzos de mayo en el Fashion and Textile Museum de Londres. Ahí estuvo la foto de su encuentro con Thatcher. Pero hubo mucho más. Con cerca de 200 ejemplos y 12 instalaciones, la muestra exploró cómo la camiseta sirvió durante todo el siglo XX como un lienzo para difundir afiliaciones políticas y sociales.

La exposición no pretendía ser una suerte de repaso histórico, pero permitió tener una visión clara de la evolución de las camisetas y su vinculación con idearios cambiantes. Un fenómeno que tuvo fuerza en los años 70 y 80, luego de los cuales la camiseta contestataria fue perdiendo fuerza, para comenzar el siglo XXI con un regreso triunfal.

Protagonizado por creadores como Henry Holland, Alexander Wang o Prabal Gurung, este regreso está marcado por mensajes feministas: ‘We will not be silenced’, de Gurung, alude a las denuncias de la violencia contra la mujer; en otras camisetas se puede leer ‘This is what a feminist looks like’ o, simplemente, la palabra ‘Feminist’.

También han surgido camisetas que se relacionan con el rechazo a leyes antimigratorias. La marca estadounidense Boy Meets girls sacó una que reza ‘Inmigrants are us’; y Gurung, una en la que se lee ‘I am an inmigrant’. Esto, según el portal The Business of Fashion, se debe a que la industria de la moda no quiere perder a los inmigrantes que forman parte importante de su fuerza laboral, en la costura y en lo creativo. El propio Gurung, sin ir más lejos, nació en Singapur y es un nombre de peso en la moda neoyorquina.

Dior, presencia y polémica

“Si por algo se puede definir el 2017 es por el regreso de la camiseta de protesta”, apunta la revista Glamour. Y la casa Dior tuvo una alta dosis de responsabilidad en esto, cuando en su primera colección para la casa de modas francesa, en octubre de 2016, la diseñadora María Gracia Chiuri instaló el tema del feminismo en las pasarelas con una camiseta en la que se leía (en inglés): ‘Todos debiéramos ser feministas’. De hecho, esta fue una de las camisetas que más gente congregó en la exposición del Fashion and Textile Museum, contó Jenna Rossi-Camus, curadora de la muestra.

La propuesta de Dior hizo arder las redes sociales con mensajes de apoyo a la causa, pero también de fuerte reprobación por su uso comercial. ¿Qué significa, para la industria de la moda y también para el feminismo, que una camiseta, la prenda por esencia más barata y accesible, pueda llegar a venderse por más de 2 millones de pesos colombianos, solo porque una marca de lujo como Dior la vende, sumándole un mensaje a favor de los derechos de la mujer?

“Es otro ejercicio de apropiación cultural” opina Laura Novik, conocida consultora de moda y jefe del Diplomado de la Universidad Católica de Chile en diseño estratégico. “Esto sucede cuando un grupo dominante hace uso de las ideas, los símbolos y las estéticas de grupos que fueron marginados por mucho tiempo, para beneficiarse o enriquecerse (...) Es un branding vacío de valores, poco creíble y hasta violento”.

Y añade: “En otros momentos de la historia, si llevabas una camiseta con una inscripción punk, algo en tu vida daba cuenta de que estabas alineado con su estética y su ética. Pero, hoy, las actitudes de consumo están desprendidas del plano ideológico. Por eso, una marca puede vender camisetas con eslóganes feministas, confeccionadas por mujeres explotadas y vendidas a través de imágenes de mujeres cosificadas, sin un daño en su capital de marca”.

La otra cara de la moneda son los millones de personas que no se gastan gran cosa en una camiseta que les permite expresar una idea, un sentimiento o una posición. Y nada indica que estas declaraciones públicas a modo de vestimenta, a favor o en contra de lo que sea, vayan a desaparecer. Más bien, todo lo contrario. Temas para manifestarte sobran, y el interés por hacerlo también… por más que esto de las ‘camisetas protesta’ se haya industrializado.

Sofía Beuchat
El Mercurio  
Chile @ElMercurio_cl
(*) Esta nota fue editada por la Edición Domingo de EL TIEMPO.

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