Palabras agridulces, columna de Margarita Bernal - Gastronomía - Cultura - ELTIEMPO.COM
Gastronomía

Palabras agridulces / El condimentario

Hagamos campaña para rescatar de su nueva mala imagen a la mermelada.

Margarita Bernal.

Margarita Bernal.

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Margarita Bernal

28 de abril 2018 , 11:10 p.m.

Cuando lee la palabra mermelada, ¿qué es lo primero que se le viene a la mente? Hace un tiempo, pensaríamos en una confitura dulce y golosa, que generalmente se come con pan tostado al desayuno. Hoy, esta y otras expresiones que hacen parte de la jerga relacionada con el placer de comer y la buena mesa están desprestigiadas y tergiversadas ya que muchos, en su afán de ponerle picante a la política, terminan envenenando el lenguaje culinario.

Lo cierto es que, para transmitir una idea, según afirman los expertos en comunicación, lo ideal es que sea con palabras sencillas, fáciles de entender, que estén al alcance de todos y la cocina tiene esa virtud, ya que es cercana, une y facilita el diálogo. Pero debo confesar que como cocinera y buena muela que soy, me mortifica que se desvirtúen los ingredientes, las recetas y las preparaciones untándolos de politiquería y populismo.

Hagamos campaña para rescatar de su nueva mala imagen a la mermelada y a otras palabras gastronómicas que ahora son el símbolo de cosas odiosas, peligrosas, corruptas y negativas. Por ejemplo: ¿no es triste que el utensilio donde se cuecen los alimentos, la olla, sea también usado como símil para hablar de esos lugares oscuros de la ciudad que son centros de expendio de droga, perdición, maldad y delincuencia? ¿O que cuando tenemos problemas decimos que estamos en la olla?

Ni hablar del preciado y sabroso huevo, el cual se utiliza como medio para insultar, o desvalorizar. ¿Y qué me dicen del dicho popular de que “no hay que dar papaya”? Semejante fruta, tan refrescante y exquisita, pero los colombianos la relacionamos con la posibilidad de que algo malo suceda o con el riesgo de exponernos a una situación imprudente, o en desventaja. Pero sigamos… ¿Quién no adora un suculento sancocho con sabor de hogar? Pues bien, resulta que cuando queremos describir algo caótico, nos referimos con el nombre de esta suculenta sopa que hace parte de nuestra cultura, historia y tradición.

El idioma se puede adaptar y cada quien es libre de reinterpretar los significados de las palabras, pero, caramba, sí es espantoso que expresiones utilizadas tanto en la mala política como en la vida cotidiana contaminen el buen y sano lenguaje culinario. Voto por que en grandes ollas hagamos mermelada y la repartamos a diestra y siniestra para endulzar y ‘enmermelar’ la vida de quienes permanecen amargados y furiosos, especialmente en estos tiempos electorales. Es fácil, por cada kilo de fruta agregar medio kilo de azúcar y cocinar a fuego medio.

De Postre: un clásico bogotano recién remodelado: Niko Café. Pidan la Bouillaibesse sin pensarlo dos veces. Carrera 13 n.° 83-48.

MARGARITA BERNAL
Para EL TIEMPO
En Twitter: @MargaritaBernal
www.elcondimentario.com

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