Gastronomía

Los ‘Rolling Stones’ del vino chileno llegan a Colombia

Tres productores del Movimiento de Viñateros Independientes de Chile ya importan sus vinos al país.

Sven Bruchfeld, presidente de Movi

Sven Bruchfeld, presidente de Movi, con un syrah de Polkura y un sauvignon blanc de Catrala. Pronto llegará también a Bogotá la viña Von Siebenthal, del valle de Aconcagua.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

18 de febrero 2018 , 12:10 a.m.

‘Hippies’, soñadores y hasta irresponsables, los llamaron en su momento, pero lo cierto es que desde su aparición en la escena vitivinícola chilena, en el 2009, el Movimiento de Viñateros Independientes de Chile (Movi) no solo ha removido los cimientos del vino de ese país, sino que lo ha dotado de una cara mucho más interesante, variada y entretenida.

Pequeños productores convencidos de que sus mejores armas eran la diversidad (de estilos, de cepas, de ‘terroirs…’) y la calidad, se juntaron para abrirse un espacio y poder mostrar que hay ‘otro Chile’ en términos de vinos, ayudando a cambiar la equivocada idea de que el vino de la tierra de Neruda es solo bueno, bonito y barato, y poco más que eso.

Y a tal punto lo han conseguido, que hoy no hay un solo crítico internacional de alto nivel que visite Chile y no pase por alguna viña del Movi o por la de algún productor chico que hace cosas interesantes y originales… productores a los que años atrás no habrían ni volteado a mirar.

La noticia es que el Movi ha desembarcado oficialmente en Colombia. Gracias a Delyvino (www.delyvino.com), una empresa de dos venezolanos amantes del vino, al país llegan dos excelentes viñas de este grupo: Catrala, ubicada en Lo Orozco (valle de Casablanca) y que hace un chardonnay y un merlot extraordinarios; y Polkura, una viña que queda en Marchigue (valle de Colchagua) y que se ha especializado en producir uno de los mejores syrah de Chile. Y a ellas se suma la viña Laura Hartwig (Colchagua), que llega con otro importador.

Sven Bruchfeld, presidente del Movi y propietario y enólogo de Polkura, estuvo en Bogotá para el lanzamiento y EL TIEMPO conversó con él.

¿Cómo definiría al Movi?

Gente con unas ganas enormes de hacer grandes vinos, pero a escala humana: vinos hechos por personas, no por industrias. Y hay dos requisitos: el dueño tiene que estar involucrado 100 por ciento en todo el proceso, desde el viñedo hasta la comercialización, y tiene que aportar, con tiempo o recursos, a los demás miembros del grupo.

¿Cuál es su objetivo principal?

Mostrar otra cara del vino chileno, que no solo existe, sino que es muy potente y atractiva.

¿Hay una filosofía de vinos dentro de Movi?

Cada uno hace su vino como quiere. Lo importante es que haya calidad y que el vino sea auténtico, que represente la filosofía de quién está detrás y lo que esa persona quiere transmitir.

¿Por qué cree que han tenido tanto éxito? Movi es una palabra potente entre la gente que sigue el tema…


Porque había un vacío, porque Chile estaba cómodamente sentado en lo clásico. La gran mayoría de los vinos chilenos seguían una ruta segura. Movi mostró que existía otro Chile y pienso que eso resultó muy atractivo para mucha gente.

El colombiano conoce bien el ‘lado A’ del vino chileno. ¿Cómo explicarle o seducirlo con el ‘lado B’, que son ustedes?


Creo que más que un lado B, es el siguiente paso natural del vino chileno. No son caras opuestas, es un proceso. No se nos puede olvidar el aporte de una serie de enólogos de bodegas importantes que empezaron a encontrar uvas y ‘terroirs’ interesantes, y los empezaron a vinificar aparte y, o bien terminaron embotellándolos con esa gran bodega, o bien tomaron la decisión de empezar a hacer esos vinos como un proyecto personal. Y en eso también se incluye el proceso de rescate de cepas –como la carignan– que estaban olvidadas. Así que estamos construyendo sobre un proceso donde todos, grandes y chicos, hemos aportado.

Pero no puede negar que ustedes sacudieron a la industria tradicional del vino chileno. Que hoy exista un Frontera de cepa país es prueba del impacto del Movi y otros grupos similares…


Totalmente. Aunque no se le puede atribuir todo a Movi, porque, por ejemplo, el tema del rescate de la cepa país no lo hizo el Movi. Lo que sí hay que decir es que fuimos el primer remezón para que esto ocurriera. De eso no tengo ninguna duda y estoy muy orgulloso de ello. Cuando decimos que queremos cambiar la cara del vino chileno, esto no se refiere solamente a Movi, sino a todo el vino chileno.

¿Y cómo ha reaccionado la gran industria del vino chileno a su presencia?


Al principio no muy bien. A mí me llegaron a decir que íbamos a destruir la imagen internacional del vino chileno, a lo cual respondí: ‘No, es todo lo contrario’. Lo cual se comprobó con el paso de los años: fue un gran aporte.

De hecho, hoy ningún crítico internacional de renombre pasa por Chile sin darse una vuelta por los vinos de ustedes…


Así es, pero diría que no es que pasen por nuestra agrupación, es que buscan a los pequeños productores para ver qué están haciendo y probar sus vinos. Y eso, a mí, me llena de alegría.

¿Cómo sueña el futuro del Movi?


Me gustaría que en la medida de que todos compartamos la misma filosofía, seamos muchos más. Empezamos siendo 12 y ya somos 36. Podríamos ser 50. Nuestra fuerza sería mucho mayor. Y también me gustaría que Movi sea una referencia obligada del vino chileno de alta calidad a nivel internacional.

Pero parece que ya lo son…

No al nivel que queremos. Lo es en Chile, en Brasil y en algunos círculos muy especializados, pero la idea es que este concepto se masifique entre la gente del vino a nivel global.

¿Y cómo sueña el futuro del vino chileno?

Quiero que Chile sea de primera división, que la gente no busque el vino chileno porque es un buen vino barato, sino porque reconoce y aprecia su alta calidad. Y que nuestro país muestre toda su diversidad, que es su gran punta de lanza.

Muchos países apuestan por una cepa específica, ¿por qué cree que la punta de lanza de Chile debe ser la diversidad?


Porque si uno se enfoca solo en una cosa, corre el peligro de que eso pase de moda y termine aburriendo; o limita su audiencia potencial a los que solo les gusta esa cepa. Estoy convencido de que si Chile logra mostrar la enorme diversidad que tiene, esa será una apuesta ganadora.

¿Cuál ha sido su mayor satisfacción como miembro de Movi?

Que funcionó, que esta idea resultó. Que siendo pequeños productores hayamos podido llegar a Bogotá a mostrar nuestros vinos, es para mí un tremendo logro. Ninguno de nosotros podría haber hecho eso en solitario. Hoy, para mí, Movi es casi más importante que mi propia viña (Polkura).

¿Están surgiendo más movimientos como Movi en Chile?


Está Vigno, los Chanchos Deslenguados y otras iniciativas. Y ojalá surjan muchas más. Todo suma. Además, esto reafirma ese gran mensaje de que la verdadera riqueza del vino chileno está no en una cepa o valle, sino en su gran diversidad.

¿Cómo le vendería a un colombiano que creció tomando vino de las grandes empresas exportadoras de Chile, la idea de que vale la pena probar los vinos del Movi?

Lo pondría en términos musicales. Tomemos a dos grandes bandas inglesas: los Beatles y los Rolling Stones. Los Beatles hicieron música ciertamente excelente y marcaron una época. Pero los Rolling Stones agregan una nota más rockera, más desordenada, un poco más rebelde e irreverente, pero con alta, muy alta calidad. Los Rolling te dan un golpe extra en la quijada y los Movi somos eso en términos de vinos.

VÍCTOR MANUEL VARGAS SILVA
Editor de Domingo
En Twitter: @vicvar2

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