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Regreso a donde se rodó ‘La estrategia del caracol’, en otro siglo

Acompañamos al actor y coguionista Humberto Dorado en su visita a donde se filmó la película.

Regreso al rodaje de ‘La estrategia del caracol’, pero en otro siglo

Regreso al rodaje de ‘La estrategia del caracol’, pero en otro siglo

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Lina Hernández / EL TIEMPO

Por: Julio César Guzmán
03 de noviembre 2018 , 12:08 a.m.

El actor Humberto Dorado tiene una conexión especial con las locaciones del clásico del cine colombiano 'La estrategia del caracol'. La fachada que explota al final de la película estaba a 20 metros de la vivienda donde él nació, y la casa Uribe, el inquilinato que albergaba a los protagonistas, fue seleccionada por el propio Dorado y el arquitecto Luis Alfonso Triana. Una selección que no comenzó bien:

“Cuando visitamos la casa que queríamos, en La Candelaria, nos abrió un travesti como el personaje de Gabriel o Gabriela en la película. Le dijimos: ‘Es que estamos buscando locaciones para una película...’. Y sin pensarlo un segundo, nos tiró la puerta en la cara”.

Era 1988, hace exactamente 30 años, y en esa época la tolerancia hacia este tipo de personas era mucho menor. Pero el portazo no desanimó a Dorado, quien no solo ayudó a escoger esta locación, sino que terminó adaptando el guion original y representando a uno de los personajes principales.

Tres décadas después del histórico rodaje, Dorado recorrió con EL TIEMPO las calles de La Candelaria y Las Cruces, en el centro de Bogotá, donde se filmó la emblemática cinta que el próximo miércoles será objeto de un homenaje, 25 años después de su estreno. Fue un viaje a la nostalgia, pues la casa principal sigue en pie, pero no se reconoce por dentro: su patio y sus cuartos son ahora una fábrica de calzado, y los fantasmas de sus balcones coloniales son acallados a punta de vallenatos.

–¿Usted vivió aquí? –le pregunta un operario.

–Prácticamente –responde Dorado, evocando las extensas jornadas en ocho semanas de rodaje.

La casa tiene una entrada sobre la carrera 9.ª con calle 8.ª, a pocos metros del Palacio de Nariño. “Todos los vecinos participaron en la película –dice Dorado–, casi con el mismo entusiasmo de los actores”. Sus rostros anónimos son fácilmente reconocibles en pantalla, junto con los de actores famosos como Frank Ramírez, Florina Lemaitre o Víctor Mallarino. No obstante, su colaboración también tuvo una notable excepción:

“Había un inquilino de la casa que tan pronto comenzábamos a filmar, comenzaba a gritar desde su cuarto. La única manera de callarlo, para poder rodar, era golpear en su puerta y pasarle media botella de aguardiente. Apenas se le acababa la media, comenzaba a gritar de nuevo”.

La casa se conectaba con una vivienda vecina en donde terminaba el célebre sistema de poleas aéreas con el cual los habitantes van desocupando el lugar. Esa gigantesca mole de madera fue otro de los retos que hoy Dorado recuerda con cariño: “El arquitecto Triana también se inventó la torre para transportar los materiales, con árboles enteros, que no cabían por las calles estrechas. Cuando dábamos la vuelta, nos tocaba reparar los muros y las construcciones esquineras, porque el árbol los tumbaba”.

Regreso al rodaje de ‘La estrategia del caracol’, pero en otro siglo

La toma del desalojo inicial.

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Regreso al rodaje de ‘La estrategia del caracol’, pero en otro siglo

Misma calle 8.ª, 30 años después, con el colegio San Bartolomé al fondo.

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Más de una vez, la caravana presidencial tuvo que detenerse a esperar que nosotros termináramos de rodar una escena en la calle

La casa vecina, llamada en el guion La Pajarera, es hoy sede del asadero El Toro del Llano. Hasta hace pocos años, su cartel lucía el ingenioso nombre ‘Restaurante La estrategia del Caracol’. Sus pasillos interiores exhiben una galería de fotos de la película, entre las que Dorado se reconoce orgulloso: “Mira, ahí estoy yo”.

Al ganar la calle 8.ª se atisban la casa presidencial y sus construcciones cercanas. “Siempre quisimos grabar la cúpula del costado sur del Colegio Mayor de San Bartolomé –prosigue–. Se ve en el momento en que mi personaje llega corriendo al desalojo final. A los extras que hacían de policías les dijeron: ‘Detengan a ese tipo’. Y, en el afán de cumplir esa misión, me dieron un bolillazo en las partes nobles. La cara de dolor que se me ve en la película es real”.

Esta vía, en la que hoy se asientan una sede del Instituto Distrital de Patrimonio y el Ministerio del Interior, era la entrada natural al Palacio de Nariño, pero entonces el cine pudo más que el poder: “La hija del presidente, Carolina Barco, estaba fascinada con el rodaje y les decía a los guardias que no se podía interrumpir. Más de una vez, la caravana presidencial tuvo que detenerse a esperar que nosotros termináramos de rodar una escena en la calle”.

Por Bogotá

A seis cuadras de allí, donde hoy se levanta el Archivo de Bogotá, se instaló una falsa fachada, idéntica a la de la casa original, pero no para ser habitada, sino para ser derribada en la que probablemente es la escena más famosa en la historia del cine nacional.

Lo gracioso es que ese truco, imaginado para no alterar la casa principal, era bien conocido por todos los involucrados en el rodaje, menos por uno, según Dorado: el maestro de obra, que iba todos los días a la casa original para tomar fotos y comparar la fachada que estaba haciendo y que debía quedar idéntica.

“Él nos decía: ‘Así no se construyen las casas, primero hay que hacer los cimientos’. Pero no le explicaban que era una falsa fachada, vacía por dentro. Solo le decían: ‘Deje la ventana tal como es’. Dejó la fachada idéntica, y el día que la entregaba, muy orgulloso, se enteró de que la íbamos a tumbar. No lo podía creer: ‘¿Pero por qué la van a tumbar, si quedó igualita?’ ”.

Bogotá

La fachada falsa que se derrumbó en 1988 dio paso hace unos años a un conjunto residencial en el centro de Bogotá.

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EL TIEMPO

Bogotá

Conjunto residencial en el centro de Bogotá.

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Bogotá

Al llegar a esa esquina, de la carrera 6.ª con calle 6A, Dorado exprime sus recuerdos. Donde se tumbó el muro, hoy se erige un conjunto de apartamentos. Al frente permanece un viejo edificio de la posguerra. “Ahí nací yo, y desde esa ventana miraba hacia unas casas que luego demolieron. En este muro (y señala el fondo del conjunto residencial) se hizo la falsa fachada para el letrero ‘Ahí tienen su hijueputa casa pintada’ ”.

Un poco más al sur, la plaza de mercado de Las Cruces despierta más recuerdos del actor. “El personaje de misiá Trinidad (la casera de 'La estrategia del caracol') surgió de uno de los más famosos inquilinatos de la ciudad, que se llamaba La fábrica de loza. Con José Eslava y Luis Alfonso Triana fuimos a ese sitio, y teníamos que pedirle permiso a la señora Trinidad. Ella también administraba el lavadero que hizo Jorge Eliécer Gaitán, cuando fue alcalde de Bogotá. Era una quebrada alrededor de la cual estaban los banquitos del lavadero. Cuando fuimos a filmar, no nos dejó entrar ni grabar en la fábrica de loza, porque era un refugio de menores delincuentes donde no podía entrar ni la Policía”.

Si subiéramos las colinas orientales, encontraríamos el basurero en el que los matones de la ficción arrojaron al ‘Perro’ Romero, uno de los protagonistas. No hay tiempo de visitarlo, pero Dorado recuerda una escena fallida en la que un ave de carroña, un humilde chulo que siempre merodeaba en la basura, debía acercarse a Frank Ramírez, pero tan pronto se prendía la cámara, el animal se negaba a actuar.

Obviamente, hablamos del chulo.

Otras escenas nos llevarían a la vía a La Calera, la plaza de Bolívar y el centro de Bogotá. Pero el tiempo apremia y el recorrido concluye en la avenida Circunvalar, donde Dorado se siente inspirado por la panorámica de la ciudad. “La estrategia del caracol es una película dedicada a Bogotá. No solo por su arquitectura, uno de los móviles más importantes, sino por sus personajes, que constituyen la vena y la sangre de la ciudad”.

Más anécdotas desconocidas de ‘La estrategia del Caracol’Jairo Camargo - Actor

“Yo estaba recién desempacado de la selva. Llevaba dos meses rodando 'Mi alma se la dejo al diablo', y cuando me llamaron para La estrategia... vi que era una cosa gigantesca. Tenía una casa de producción instalada cerca del Palacio de Nariño, algo que yo no había visto, era un monstruo de producción comparada con lo que yo había hecho en el cine. Pero, pese a las dificultades de recursos, todos estábamos enhebrados con el proyecto y nos importaba un carajo lo que pasaba alrededor. En la película, mi personaje es efímero pero valioso (risas) –interpreta a un policía–, y a mí me sorprende que los pelados conozcan la historia y les guste. ¡Y que se acuerden de mi papel! Es increíble, porque solo tengo dos secuencias”.

Ramón Jimeno - Guionista y jefe de producción

“Trabajamos mucho porque no teníamos dinero, había que ser recursivos todo el tiempo. Salvo (Basile) nos guiaba con firmeza. Había que resolver la logística, los detalles, consolidar locaciones en zonas tan difíciles como Los Laches, donde rodamos la última escena; hacer los trámites infinitos con Focine para lograr los desembolsos, conseguir cómo transportar a actores y equipo técnico en las madrugadas. En las escenas del desalojo no conseguimos carros de la policía. Con Silvia Duzán (su asistente) salimos a la carrera 10.ª, paramos una furgoneta y convencimos al conductor de que nos la dejara ‘disfrazar’. Kike Linero (director de arte) logró el milagro de convertirla en auto policial en un par de horas. Así era casi todo”.

Edgardo Román - Actor

“Diría que fue un parto en el cine colombiano que después de seis años pudiéramos finalizar y estrenar esa película. A mí me tocó hacer la parte fea de la historia, porque era el juez que tenía que ejecutar el desalojo: ¡Es por esta cara de malo que tengo! Mi papel es el de quien tiene el peso de hacer cumplir la ley, duélale a quien le duela. Es de esos personajes de mucho carácter que a mí me encanta hacer, y me queda la satisfacción de que lo hice bien, porque la gente lo recuerda con cariño. Recuerdo haber corrido mucho durante ese rodaje. De hecho, hice una escena y me tuvieron que operar de urgencia por un problema de columna, y apenas me recuperé volví al set a terminar lo que me faltaba”.

JULIO CÉSAR GUZMÁN
EL TIEMPO
En Twitter: @julguz
La periodista Sofía Gómez entrevistó a Jairo Camargo, Edgardo Román y Ramón Jimeno para esta historia.

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