Recobrar los pasos, columna de Juan Carlos González - Cine y Tv - Cultura - ELTIEMPO.COM
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Recobrar los pasos / Séptimo arte

‘El último traje’ es el segundo largometraje del realizador y guionista argentino Pablo Solarz.

Película 'El último traje'

Escena de la cinta 'El último traje'.

Foto:

Cortesía Cinecolor

06 de mayo 2018 , 01:00 a.m.

‘El último traje’ (2017), el segundo largometraje del realizador y guionista argentino Pablo Solarz, es un drama sobre un hombre que vislumbra el final de su vida (su edad, su salud y su situación familiar así se lo indican) y quiere hacer un acto final de redención personal, recobrar sus pasos perdidos en el tiempo y volver sobre ellos, que es como volver a enfrentarse con un pasado doloroso del que huyó, pero que definió todo lo que fue su vida posterior.

El hombre se llama Abraham Bursztein (interpretado por el bonaerense Miguel Ángel Solá) y es un sastre judío de Polonia que se asentó en Argentina tras la Segunda Guerra Mundial. Es un ‘zeide’, un abuelo cascarrabias que resiente que sus hijas vayan a internarlo en un hogar geriátrico y pretendan que se deje amputar una pierna con un grave compromiso arterial.

Sin nada que perder, Abraham emprende un viaje repentino e impulsivo como para demostrarse que no está tan acabado como pretenden hacerlo sentir y que aún tiene tiempo de saldar cuentas con la vida y reconciliarse con sus recuerdos. Empieza así una ‘road movie’ que lo va a llevar a Europa y a cruzar países y a cruzarse con varias personas que quieren darle una mano, pese a su actitud a toda hora huraña.

‘El último traje’ tiene unas intenciones didácticas y de reconciliación humana que —no obstante sus buenas intenciones— lucen demasiado enfatizadas y melodramáticas. A la película le cuesta mucho ponernos del lado de su protagonista, al que han dotado de todos los clichés asociados con el judío tacaño y ventajoso, a lo que hay que sumar un mal humor y un orgullo que lo hacen repelente por momentos. Su determinación es, esa sí, admirable.

La película busca conmover, y lo logra al final, pero me preocupan los medios que utiliza para ese propósito. El cine, de una u otra manera, manipula nuestros sentimientos, pero cuando en un filme ese propósito es tan deliberado que afecta y hace evidentes las costuras del relato, me temo que deja de generar confianza y provoca más bien sospechas. El último traje está construido de esa forma, y esa es una falla que compromete su credibilidad como obra artística.

JUAN CARLOS GONZÁLEZ A.
jc.gonzalez@une.net.co

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