Cine y Tv

‘Pájaros de Verano’ / Opinión

Una tragedia guajira distribuida en cinco cantos, con sus respectivos desarrollos y desenlaces.

Película colombiana Pájaros de verano

Cristina Gallego y Ciro Guerra regresan con una película que combina un reparto de actores de gran trayectoria en teatro y TV.

Foto:

Mateo Contreras

11 de agosto 2018 , 11:15 p.m.

Drama familiar y humano desatado en territorio ancestral guajiro por la bonanza marimbera durante la sangrienta década de los 70. Más allá de sus excelencias narrativas y técnicas, la película codirigida por Ciro Guerra y Cristina Gallego posee la estructura de una tragedia griega fiel al destino inexorable de un clan, específicamente wayú, como protagonista y víctima.

Distribuida en cinco cantos, con sus respectivos desarrollos y desenlaces: Las hierbas salvajes, Las tumbas, La bonanza, La guerra y El limbo. Por cuanto sus personajes principales pertenecen a un sistema femenino jerarquizado y muy representativo de su sólida cultura: abuela muerta, madre, tíos, sobrinos y nietos de la misma línea materna. Entre ellos, el palabrero; un viejo sabio encargado de conciliaciones y exigencias de dotes matrimoniales en chivos, ganado y collares. Sin excluir espíritus protectores a través de los sueños, ni antagonistas como ciertos blancos, o mulatos, que no pertenecen a tal comunidad.

La historia transcurre linealmente y abarca toda una década marcada por la transición del contrabando de whisky al auge y tráfico ilegal de la marihuana proveniente de la Sierra Nevada de Santa Marta. El honor y la dignidad constituyen los pilares de una narración épica que contiene los ingredientes de una pieza de valores universales: relato conmovedor y emocionante, plasticidad fotográfica, adecuada mezcla sonora y verismo interpretativo.

El hilo sentimental puede parecer secundario frente al contexto histórico del comienzo de un peligroso negocio ilegal, que pone a prueba la integridad de los involucrados y enfurece a sus ancestros. En efecto, un apuesto mestizo (Rapayet), quien regresa de la llamada civilización al seno de su ranchería materna, compra con dineros mal habidos los derechos para esposar una vulnerable virgen perteneciente a esa dinastía en particular.

De cómo el enriquecimiento ilícito y la violación de principios tradicionales se tropiezan con episodios violentos derivados de la ambición desmedida de unos pocos, sin tener en cuenta las raíces mismas del empoderamiento ejercido con firmeza por una matrona responsable del devenir de quienes la rodean. Porque sus referentes a tragedias de la antigüedad griega se dan no solo en personajes marcados por fatalidades anunciadas, sino también con el eco de un pastor juglar que canta los sucesos acaecidos y sus malditas consecuencias.

Sí se impone un rigor investigativo, hay respetuosas representaciones de algunos rituales y se exponen con real patetismo las exhumaciones, o “segundas muertes”, de tumbas profanadas con caletas de armas y dinero. Además del tratamiento gansteril, aguzado por la simbología de sus pájaros, seduce la estética del fotógrafo David Gallego al captar las cambiantes luminosidades tropicales del desierto, así como sombreadas texturas y verdes contrastes al descender de la sierra.

MAURICIO LAURENS
maulaurens@yahoo.es

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