Nueva comedia francesa La fiesta de la vida - Cine y Tv - Cultura - ELTIEMPO.COM
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‘La fiesta de la vida’, nuevo éxito de la comedia francesa

La cinta muestra lo mal que lo pasan quienes organizan una boda para que el resto lo pase bien.

Película ‘La fiesta de la vida’

Fotograma de la película ‘La fiesta de la vida’ que se estrena este 28 de diciembre en Colombia.

Foto:

Cortesía Cine Colombia

24 de diciembre 2017 , 12:50 a.m.

Al mal tiempo, buena cara. La comedia francesa en el cine posee una tradición que parece inquebrantable: ni los malos tiempos vividos por ataques terroristas en los últimos años en París han mermado la producción de películas masivas y de calidad.

“Cuando estoy triste, escribo una comedia”, decía uno de los grandes autores de la comedia del Hollywood clásico, Billy Wilder (‘Una Eva y dos Adanes’), y esa es la idea que tenían los cineastas y escritores Éric Toledano y Olivier Nakache cuando comenzaron a concebir una comedia francesa que les hiciera frente a los malos tiempos reinantes en Francia.

Una historia que fuera capaz de soplar vientos nuevos y ser un aire refrescante para el atribulado público de ese país, cercado por los temores a inminentes ataques terroristas. Así nació ‘La fiesta de la vida’, que se estrena este jueves en Colombia. Se trata de una inteligente comedia de los mismos creadores de ‘Amigos’ (‘Intouchables’), que fue uno de los más absolutos éxitos del cine francés gracias a su historia sobre un millonario en silla de ruedas que entabla una amistad improbable con un enfermero de un barrio popular.

Veinte millones de entradas vendidas en Francia parecían una barrera insuperable para cualquier proyecto futuro de Éric Toledano y Olivier Nakache, un dúo creativo que viene trabajando desde hace años a cuatro manos y que ya saben anticiparse a las ideas del otro como siameses creativos.

‘La fiesta de la vida’, su más reciente creación, es la historia de un grupo de trabajadores de una empresa organizadora de bodas y lo mal que pueden pasarlo con tal de que invitados y los propios novios lo pasen bien. ‘La fiesta de la vida’ también es una historia coral, aunque el protagonista puede ceñirse a un nombre y figura clave del cine francés: Jean-Pierre Bacri, actor de larga trayectoria (colaborador de la cineasta Agnès Jaoui en filmes como ‘El gusto de los otros’, 2000), quien encarna al jefe de este emprendimiento.

El secreto

Bajo su alero se mueven una temperamental segunda de a bordo (la graciosa Eye Haidara), un aún más temperamental cantante (Gilles Lellouche), un maduro fotógrafo de bodas sin foco alguno en la vida (Jean-Paul Rouve) y un grupo de trabajadores sin papeles de la India, entre otros empleados, en esta cruzada por la fiesta y la dispersión.

Ya sea en su registro supermasivo, o más centrado en la mezcla de drama y comedia, este género en el cine siempre ha garantizado su éxito entre el público galo por varias razones. Y muchas de ellas las encarna ‘La fiesta de la vida’, cinta que estuvo en el circuito del último Festival de Toronto.

Para empezar, muchas comedias francesas, tanto históricas como recientes, saben leer el tiempo en el que están inscritas. Si ‘Dios mío, ¿qué hemos hecho?’ (2014) proponía reírse de la integración de otras culturas a la francesa (con su historia sobre un padre orgulloso de ser francés, e incómodo testigo de los matrimonios de sus hijas con maridos de orígenes árabe, chino y judío), ‘Amigos’ (2011) era una posible lectura acerca de cómo el materialismo coyuntural queda anulado si no hay un sentido sencillo de la felicidad.

Corrección política

También está ‘La cena de los idiotas’ (1998), basada en la homónima pieza teatral francesa, sobre la soberbia del ‘yuppie’ que menosprecia la inteligencia del hombre común, y, sin duda, ‘Le placard’ (2001), que se burla de la extrema corrección política con su trama de un casi seguro cesante que se hace pasar por gay para evitar ser despedido, ya que los jefes no desean proyectar la imagen de una empresa homofóbica. ‘La fiesta de la vida’ ha funcionado tan bien en taquilla –en Francia la gente ha llenado salas desde su estreno– porque a través del uso de una comedia ensaya una idea que puede parecer peregrina, pero con asidero en el ánimo francés de estos días: que al cabo de muchos momentos trabajando para que otros lo pasen bien, se puede extraviar la chispa y sabor de la vida. Con un mensaje directo, sin academismos que medien, ‘La fiesta de la vida’ expone con su melodrama, apuesta coral y humor simpático una cuota sentimental que refleja estos tiempos “fríos” que vivimos: de muchos amigos en redes sociales, pero poca amistad concreta en el mundo real. De estrés y temor, pero de poca conexión con “le sens de la vie”.

Artistas integrales

Otro factor notable que hace funcionar tan bien a ‘La fiesta de la vida’ es la capacidad de sus actores para levantar personajes inolvidables y repletos de vida. Es el viejo truco de escribir desde la vida misma semejantes creaciones, y no dejarse tentar por el cliché vacío de un guion inverosímil.

Cada voz de esta apuesta coral lleva demasiado bien su propia batuta, y hasta un personaje pequeño, como el inepto cuñado del dueño del negocio, interpretado por un genial Vincent Macaigne, tiene alma.

La razón de esta capacidad de darles contundencia a personajes de comedia quizás responda, en este caso, a que muchos de los roles descansan en artistas que no solo son actores, sino también guionistas o directores de cine.

El propio Vincent Macaigne es director teatral, ha sido nominado al Premio César como actor y director y construye su inoperancia emocional desde el lugar de un director con olfato.

También lo es Gilles Lellouche como James, el terco cantante de bodas. Lellouche comenzó su carrera como director de cine (‘The Secret Adventures of Gustave Klopp’), enfiló luego en la actuación y es un aporte desde su aparición, ya que su rol es el mal reemplazo de última hora de un reputado DJ enfermo y ausente, y tiene roces con personajes: con la jefatura y, lo peor (o mejor), con el novio: Pierre, un espectacular Benjamin Lavernhe, actor que forma parte del legendario teatro nacional francés, la Comédie-Française, y también un aporte de histeria y ridiculez que saca sonrisas y entretiene.

Pero sin duda quien se roba la película es Jean-Paul Rouve, también director de cine (‘Quand je serai petit’) y actor, como este fotógrafo de matrimonios abrumado, entre otras cosas, por la competencia que representa el hábito de los invitados de sacar fotos con sus celulares.

El director Éric Toledano ha dicho a la prensa de Francia que ‘La fiesta de la vida’ no es una película –como tampoco lo fueron ‘Amigos’ y ‘Samba’ (sobre un inmigrante africano en París)– sobre vidas fáciles, sino sobre cómo sus personajes superan los problemas.

“Y por eso nuestras influencias se encuentran en el cine italiano, que forma parte de una comedia trágica: ‘nos habíamos amado tanto’, por ejemplo”, dijo hace un tiempo.

Olivier Nakache y Éric Toledano preparan una nueva aventura: una película sobre el autismo en Francia.

Y a pesar de la dureza del tema, al parecer ya han recolectado suficiente material para convertir la historia en una comedia. Pero no en una cualquiera. Sino que en una comedia francesa.

ERNESTO GARRATT VIÑES
EL MERCURIO (Chile) - GDA

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