Mark Hamill habla de su papel de Luke Skywalker en Los últimos Jedi - Cine y Tv - Cultura - ELTIEMPO.COM
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‘Cada persona que me reconoce me dice que soy parte de su familia’

Tras el estreno del Episodio VIII, Mark Hamill, el mítico Luke Skywalker, cuenta por qué regresó.

Mark Hamill, actor de ‘Star Wars’

“Los que eran chicos en los 70 me cuentan que conocieron a sus parejas en la fila de ‘Star Wars’ y me muestran a sus hijos”, cuenta Hamill.

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Kento Nara - Geisler-Fotopress / AFP

17 de diciembre 2017 , 02:10 a.m.

Dicen que los héroes jamás se cansan. Y las leyendas tampoco. Aunque Mark Hamill tiene ambos atributos, es humano. Pero el fanático de ‘Star Wars’, el que lo aplaude a rabiar y se emociona hasta las lágrimas al verlo recibir la máxima distinción de Disney a sus estrellas, en la D23 Expo, no lo ve como un semejante, sino como un mito: es Luke Skywalker. Apareció como protagonista en la producción original de 1977 (ubicada en la saga de George Lucas como el Episodio IV y bautizada ‘Una nueva esperanza’), permaneció allí en los dos títulos siguientes y se esfumó por completo al final de ‘El regreso del Jedi’ (1983). Hasta ahora.

En la escena final de ‘El despertar de la fuerza’ (2015), de J. J. Abrams, está de espaldas, oculto detrás de un capote y una capucha hasta que revela su rostro a Rey, la guerrera de la Resistencia, en un acantilado. La áspera superficie del planeta Ahch-To fue una de las pocas cosas que se revelaron antes del estreno del Episodio VIII, el jueves pasado.

La única pista había sido entregada por Han Solo (Harrison Ford), cuando le cuenta a Rey que Luke se había convertido en el conductor de una especie de academia Jedi, hasta que un alumno “se rebeló y destruyó todo”. En la breve secuencia de cierre del Episodio VII, Luke no habla, pero su imagen alcanza para devolverle a ‘Star Wars’ la mística de sus comienzos.

Tras aquel prólogo mudo, Mark Hamill se anima a charlar. Luce cansado después de una maratónica semana de promoción y excitación por la resurrección del personaje más importante de su carrera, pero le sobran energías para hablar sobre Los últimos Jedi, cuya trama fue escrita y dirigida por Rian Johnson.

En una ‘suite’ de Beverly Hills, dice que ‘Star Wars’ le regaló el mundo: “Cada persona que me reconoce en cualquier parte del mundo me dice que soy parte de su familia. Y también escribió la historia de mi vida, porque mi hijo mayor nació en medio del rodaje de ‘El Imperio contraataca’ ”.

Hamill tiene 66 años, cabellera y barba entrecanas. Su voz se carga de nostalgia cuando menciona a Carrie Fisher (la princesa Leia Organa, fallecida el 27 de diciembre del 2016): “Es buenísimo volver a conectarme con la historia. Hubo una larga brecha entre las primeras películas y estas: me casé y tuve tres hijos. Estar aquí otra vez y haberme reencontrado con Carrie fue como regresar a mi zona de confort. Nos conocíamos bien. No cambiamos mucho en estos años, con excepción de lucir un poco más grises (risas). Se la pasaba en el set haciendo chistes, como una especie de mecanismo de defensa. Carrie parecía un poco cruel y cínica, pero lo hacía para disimular su costado más vulnerable. Era una mujer muy fuerte y debajo de esa capa tenía otra, más imperceptible, muy tierna. Muy femenina. Pensar que cuando empezamos ella tenía 19”.

Deben ser muy intensos los recuerdos del reencuentro.

Me reuní con George (Lucas) y Carrie en el 2013 para hablar de los blurráis de la trilogía original y de una serie animada, hasta que él empezó a tantear la posibilidad de otra trilogía. Carrie gritó: “¡Cuenten conmigo!” Yo puse cara de póquer. Me llevó como seis semanas pensarlo. Al final dije: “Reclútenme”. Si no aceptaba me iba a convertir en el hombre más odiado de la Tierra.

¿Cuánto tuvo que ver Carrie en esa decisión?

Ser parte de ‘Star Wars’ es pura felicidad para mí. Carrie me ayudó a entenderlo. Ella lo sentía con más intensidad que yo. Decía todo el tiempo: “Yo soy Leia, y Leia es como yo”. Lo mío es distinto. Yo soy Luke Skywalker, pero él no es como yo.

La última vez que hizo de Luke fue en 1983...

Tenía que reencontrarlo de una manera fresca, original y actual. Y reconocer que hay una distancia enorme entre ‘El regreso del Jedi’ y los dos episodios nuevos. Lo más importante es considerar el guion como tu Biblia: saber qué tipo de historia estamos contando, cómo encaja mi personaje en la trama. ‘Star Wars’ logró recuperar buena parte de sus personajes originales, pero había que hacerlo con mucha inteligencia para evitar que la expectativa se convirtiera en decepción.

Aceptar era un gran riesgo y una enorme tentación...

Como ‘Star Wars’ se convirtió en algo tan grande, volver resultaba abrumador. Hubiese sido más cómodo no hacerlo, pero no podía dejar de pensar en esa experiencia maravillosa. Carrie ya tenía decidido volver. Y Harrison dudó, pero también aceptó.

¿Qué vamos a ver?

‘Los últimos Jedi’ es muy diferente a las anteriores. Ya no tengo el rostro del pasado ni el cuerpo. Para estar a la altura, durante 50 semanas me metí en un entrenamiento que fue una tortura. Y dejé de comer todo lo que me gustaba: lácteos, helados, azúcar y harinas. ¡Jamás había comido ensaladas en el desayuno! Y tenía un gimnasio en mi casa.

¿Cómo fue el rodaje?


Estaba aterrado. Rian me respondió: “Yo también”. Me dijo que había visto las películas en las que trabajé como ‘voice actor’ y me tranquilizó. Nadie transpiró en el set ni se enojó. Hicimos realidad un sueño, y Rian se convirtió en uno de mis directores favoritos. Hay humor, unas cuantas caras muy graciosas. Y también hay acción, se lo garantizo.

Su magnífico trabajo como actor de voz impidió que quedara encasillado...

Cuando terminé la primera trilogía tenía que probar suerte en otro lado, y mi voz me ayudó en Broadway. Hice audiciones para ‘Amadeus’ y ‘sir’ Peter Hall, el gran director de teatro, nunca había visto ‘Star Wars’. Fue la primera vez que tuve que usar el acento británico. Esa experiencia teatral, a la que se sumó la de ‘El hombre elefante’, me permitió cumplir otro sueño, trabajar en animación. Un actor de carácter es aquel que logra desaparecer todo el tiempo detrás de su personaje. Y la animación es perfecta para lograr ese objetivo: solo necesita una buena voz. Las posibilidades son inmensas. Usted puede hablar más fuerte o con una expresión más profunda. Hablar rápido o esconderse detrás de un personaje de 300 kilos. O explorar cualquier tipo de acento.

¿Quiere decir que ahí encontró su vocación?

‘Star Wars’ fue mi primera película. No gané 35 nominaciones al Óscar ni pensé que podía cambiar el mundo. No quiero ser recordado por ningún papel. Todo esto que me pasa con Luke es un ‘bonus track’ para mi carrera. El dinero jamás funcionó como un estímulo. Lo único que quiero es desarrollar mi trabajo en este mundo que amo. Por eso no me molestó quedar identificado como el típico villano de la animación cuando le puse voz al Guasón. Trabajar en esas aventuras de Batman fue extraordinario. Y un riesgo, porque al estar tan identificado con un villano no podía hacer del Hombre Araña, por ejemplo. Pero lo disfruto. A veces, los villanos traen más felicidad que los héroes. Aunque ahora veo a Tom Holland, el nuevo Hombre Araña, y es como si me estuviese viendo en el espejo. Es un poco más joven que yo, pero siento que su camino es muy parecido al mío cuando empecé como Luke.

Ya no hay límites cuando se habla de ‘Star Wars’...

Cuando hicimos la primera película (1977), el equipo británico estaba convencido de que estábamos contando un cuento infantil casi desechable. Lo menospreciaban. Nadie tenía un punto de referencia para ‘Star Wars’. Podía tener un poco de ‘Flash Gordon’, otro poco de ‘Dan Dare, el piloto del futuro’, una vieja historieta de aventuras muy popular en el Reino Unido. Pero lo extraordinario de ‘Star Wars’ iba por otro lado.

¿Por cuál?

Estaba seguro de que sería un éxito porque a la fantasía y a la ciencia ficción se le agregaba humor. En aquel tiempo, el cine de ciencia ficción era muy seco. A diferencia de ‘2001 Odisea del espacio’, por ejemplo, ‘Star Wars’ remite al ‘western’, a las películas de la Segunda Guerra. Y la música fue clave: en vez de sonidos electrónicos apareció John Williams con una partitura que hacía que la película se viera mejor, como un truco épico. ¿Quién hubiese anticipado que ‘Star Wars’ iba a convertirse en un fenómeno popular tan perdurable? Tal vez George Lucas, pero nadie más.

Usted colecciona objetos raros de Disney...

Lo importante de Disney es que me dio un mapa que marca el camino al destino que soñé. Mi primera gran conexión con el mundo del entretenimiento fueron las tiras cómicas de los diarios. Con ellas aprendí a leer y a dibujar. Y después llegaron los dibujos animados, los ‘Looney Tunes’ de la Warner, ‘Rocky y Bullwinkle’, las películas de Disney: ‘La dama y el vagabundo, ‘Dumbo’. Lo que Disney me brindó fue un tutorial de cómo hacer carrera. Clarence Nash, la voz del pato Donald, me hizo entender qué significa un actor de voz.

¿Lo sorprendió que Disney comprara ‘Star Wars’?

‘Star Wars’ es un cuento tan perdurable como ‘Cenicienta’. Como en todos los cuentos de hadas, transcurre en un tiempo indefinido. Fíjese en el efecto de esas historias en el público: ‘Blancanieves’ fue un éxito en cine a fines de los 30, a mediados de los 40, a principios de los 50 y así sucesivamente. Estos relatos funcionan porque son perdurables.

¿También ‘Star Wars’?

Cuando Lucas me dio el guion original, un amigo me dijo: “Es buenísimo, pero no es ciencia ficción. Hay un hechicero, una princesa, un tipo peleador. ¡Se parece a ‘El mago de Oz!’” ‘Star Wars’ se parece a esos cuentos que empiezan con “Había una vez...”, solo que en vez de un carruaje hay una nave. Me pasaba lo mismo con la película original de ‘King Kong’ (1933). Me partía el corazón cada vez que la veía. Crecí amando ese mundo de fantasía: Frankenstein, monstruos gigantes, aventuras sin fin. Una vez le dije a Harrison Ford: “¡Ey, nuestras caras aparecen en las cajas de cereal!”

‘Star Wars’ cumplió 40 años. ¿Qué significa hacer parte de este mundo?

Antes me gustaba pararme en el Central Park a ver pasar a la gente. Ahora, todos me ven a mí. Quizá por ser reconocido en exceso sienta un 3 por ciento de frustración, pero el 97 por ciento restante es maravilloso.

MARCELO STILETANO
LA NACIÓN (Argentina) - GDA
En Twitter: @LANACION

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