Los cordones desatados, columna de Juan Carlos González - Cine y Tv - Cultura - ELTIEMPO.COM
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Los cordones desatados / Séptimo arte

‘Verano 1993’ es el primer largometraje de la realizadora española Carla Simón.

Película 'Verano 1993'

Escena de la cinta 'Verano 1993'.

Foto:

Cortesía La Tertulia

22 de abril 2018 , 12:05 a.m.

‘Verano 1993’ (‘Estiu 1993’) es el primer largometraje de la realizadora Carla Simón –nacida en Barcelona en 1986– y está inspirado en sus recuerdos de infancia. Es su niñez la que desfila por la pantalla, encarnada en el cuerpo y la voz de Frida (la asombrosa Laia Artigas), una niña de seis años que se muda a vivir con su tío y su esposa a una región campestre.

Rodada en catalán, la película está contada desde la perspectiva de Frida y, por ende, la información que se nos brinda es la que obtenemos a través de los ojos de una niña; solo lentamente iremos tomando consciencia de la magnitud del drama personal que ella está experimentando y que la hace comportarse con frecuencia de manera tan errática.

Son muchos los filmes que abordan la infancia y su resiliencia frente al dolor. La inocencia de esos años, su alegría natural y su eterna curiosidad se ven enfrentadas a situaciones dramáticas, demasiado concretas y trágicas para quien aún no está preparado para asumirlas, para cargar con su peso. Eso le pasa a Frida –eso le pasó a la directora–, y por eso hay en la pequeña protagonista la sensación de confusión, de demasiadas cosas atropellándose dentro sin saber cómo manifestarse.

‘Verano 1993’ es un filme objetivo, que no toma partido por nadie, ni por los arrebatos de ira, celos y crueldad de Frida ni por la situación de la pareja de tíos que la acogen. Bien nos hubiera presentado la directora a la tía Marga como una suerte de bruja malvada, pero este personaje está lleno de toda la paciencia y humanidad necesarias para asumir el reto de criar a una niña que no es su hija. El núcleo familiar de abuelos y otras tías también está presente, ejerciendo un papel positivo hacia un ser golpeado por dentro y cuyas reacciones son impredecibles.

La sensibilidad de la joven directora para abordar este tema y el exquisito manejo que le supo dar a la actuación de las niñas protagonistas (Frida y su prima Anna) hacen de este filme, episódico y sencillo en su propuesta formal, un ejercicio de abundantes cualidades artísticas, estéticas y humanas que es absolutamente recomendable.

JUAN CARLOS GONZÁLEZ A.
jc.gonzalez@une.net.co

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