La vida de Ingmar Bergman, director sueco - Cine y Tv - Cultura - ELTIEMPO.COM
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Ese mito llamado Ingmar Bergman

El 14 de julio se celebra el centenario del nacimiento del director sueco.

Ingmar Bergman

El director de cine sueco Ingmar Bergman durante un rodaje de uno de sus filmes. 

Foto:

AFP

13 de julio 2018 , 11:50 p.m.

No es un presagio pesimista, sino una certeza: tras la vida, la muerte. Ingmar Bergman (Uppsala, Suecia, 14 de julio de 1918-Fårö, 30 de julio de 2007) contaría que al instante de venir al mundo ya temía su partida. “Cuando nací mi madre tenía una gripa avanzada, mi estado general era malo y me hicieron un bautizo de urgencia en el hospital”, relata en la entrada de sus memorias, 'La linterna mágica'.

En esa frase “ya dejaba asomar ese fértil —y lúcido— pánico a la vida que caracterizó su exigente y torturado carácter”, afirmó Elsa Fernández-Santos en el diario madrileño El País. “Una debilidad innata que su inteligencia, valentía y humor supieron transformar en una de las páginas más apasionantes de la historia del cine y del teatro”, agregó ella.

A propósito del centenario de su nacimiento que se festeja con honores este sábado en distintos escenarios del planeta, la Cinemateca Distrital y la Embajada de Suecia en Colombia exhiben siete de sus largometrajes: Un verano con Mónica (1953) El séptimo sello (1957), Fresas salvajes (1957), Persona (1966), Sonata de otoño (1978), Fanny y Alexander (1982) y Saraband (2003). Las obras se proyectarán en la Cinemateca hasta este 18 de julio, bajo el nombre Bergman 100.

Se trata de una magnífica oportunidad para ver en conjunto la filmografía de un titán del séptimo arte que abordó, con una visión, en gran parte trágica, las relaciones entre hombres y mujeres, la muerte, la existencia de Dios o el sentido de la culpa. ¿Por qué ese escepticismo? Sin duda, la severa educación religiosa recibida de su padre, el pastor luterano Erik Bergman.

El cineasta contaría, sin embargo, que se “liberó” de esa “fuerte represión” gracias a su “desarrollada imaginación”. Talento que empezó a cultivar desde la infancia, cuando deslumbrado vio a su hermano mayor con un proyector de juguete que acababan de regalarle. No dudó un instante. Se lo cambió por la mitad de su hasta entonces preciada colección de soldados de plomo.

Antes de cumplir los 10 años, hizo un pequeño teatrino con figuritas que él mismo dibujaba y recortaba hasta darles vida. La familia se trasteó a Estocolmo, en donde le sumó teoría a esa sensibilidad. Estudió Literatura e Historia del Arte. Hizo su tesis sobre August Strindberg, el renovador del teatro sueco y precursor del teatro del absurdo.

Fue el punto de partida para años de creación constante. “A principios de los sesenta, Bergman ya es Bergman, para bien y para mal. Gana dos Óscar consecutivos a mejor filme en habla no inglesa, en 1961 y 1962, el Oso de Oro en 1958 y variados premios en Cannes”, recuerda el escritor de cine Adrián Massanet. “Es un autor amado y ninguneado a partes iguales, que prosigue su indagación del ser atormentado y trágico, y muchas veces absurdo, del hombre, vencido por su miedo a la muerte, por sus supersticiones, por la presencia aplastante de la religión y de la ignorancia congénita”.

Pero ¿quién era Bergman en su interior? Todos tenemos una vida pública, una vida privada y una vida secreta. Y él no era la excepción. Por eso, jugó con su verdadera personalidad. “No soy aquel que creen que soy. No soy, tampoco, aquel que creo ser”, dijo.

“Cuando alguien cree saber quién es, sabe en realidad muy bien que no lo sabe. Pero, si el público cree saber que sabe quién es uno, debemos dejarle creer que lo sabe; pues, si no les dejamos saber aquello que creen saber, todo el mundo estaría decepcionado y contrariado. Que la gente continúe entonces creyendo que les pego a mis actores, o bien, por el contrario, que los dirijo con dulzura”, aseguró.

Hombre de teatro y de cine, autor de culto no le hizo el quite a la televisión. Al revés, sostenía que era un medio poderoso. Lo importante, eso sí, era la calidad. Ese peso profundo que puso en su trabajo hizo, probablemente, que fuera encasillado como “denso”. Sin embargo, también hizo comedias y cine de terror.

Filósofo y poeta con las imágenes y los diálogos. Fue el paradigma del artista libre, el que podía adentrarse en los actores para llevarles a los espectadores sus emociones más íntimas. Hizo medio centenar de películas marcadas por un talento mayúsculo.

“Sus películas despliegan una poderosa osadía formal y abren nuevos caminos expresivos con recursos como el uso de primerísimos planos de los rostros. Su legado sigue vivo y sus herederos –directos o indirectos– son innumerables”, escribió el crítico Mauricio Bach. “Woody Allen lo calca en Interiores, pero su influencia está en otros directores.

Programación de la Cinemateca Distrital 


Fresas salvajes
Sábado 14 de julio. 5 p. m.
Martes 17 de julio. 3 p. m.

El séptimo sello

Sábado 14 de julio. 1 p. m.
Domingo 15 de julio. 3 p. m.
Lunes 16 de julio. 7 p. m.

Sonata de otoño
Domingo 15 de julio. 5 p. m.
Miércoles 18 de julio. 1 p. m.

Fanny y Alexander
Lunes 16 de julio. 1 p. m.
Martes 17 de julio. 5 p. m.

Saraband
Sábado 14 de julio. 3 p. m.
Lunes 16 de julio. 5 p. m.

Un verano con Mónica
Domingo 15 de julio. 1 p. m.
Martes 17 de julio. 1 p. m.
Miércoles 18 de julio 5 p. m.

Persona

Sábado 14 de julio. 7 p. m.
Miércoles 18 de julio. 3 p. m.

ARMANDO NEIRA
EDITOR DE CULTURA-EL TIEMPO@armandoneira

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