La casa estudio Colombia, columna de Ómar Rincón - Cine y Tv - Cultura - ELTIEMPO.COM
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La casa estudio Colombia / El otro lado

La noticia de la semana fueron los debates en Teleantioquia y Telecaribe, pues brindaron emoción.

Ómar Rincón, Crítico de televisión

Ómar Rincón, Crítico de televisión.

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César Sánchez Carreño

08 de abril 2018 , 10:00 p.m.

No había nada de qué escribir, pero de pronto llegó el 'reality', el concurso, el 'talk show', el cuentachistes… para escoger quién se queda con la casa estudio llamada Colombia.

La noticia de la semana fueron los debates en Teleantioquia y Telecaribe, el mejor programa porque hubo de todo para emocionar.

La contienda por la ‘casa estudio Colombia’ está divertida porque hay mucha emoción y mala leche y es multiformato.

Es un 'reality' porque no importa el talento sino las pasiones y que voten por mí porque soy el bueno y los demás los malos. Es un 'talk show' porque la idea es sacar aullidos en las barras a punta de mentiras, acusaciones, gritos y amenazas. Es un concurso de hablar y no contestar, la idea es evadir y ante la evidencia: atacar.
Es un sainete de cuentachistes porque cada uno se ríe del otro y hace imitaciones de la política.

Es un programa donde reina la posverdad. Posverdad dícese de mentiras que queremos creer, o de mentiras verdaderas. Eso siempre ha sido la política: la venta de mentiras que creemos creer.

Cero corrupción no pueden prometer pero queremos creer que sí; el gobierno de los más probos prometen, pero sabemos que ninguno lo va a cumplir; menos pobreza. Ilusionan, pero no van a cumplir.

La única verdad es que quieren llegar a ser presidentes para apropiarse del Estado para ellos y no para la sociedad.

Esta serie de debates es un 'thriller' en el que triunfa la posverdad y las 'fakenews'. ¿Propuestas? Eso no importa. ¿Ética? ¿Eso qué es? Nuestras elecciones son un reality de miedos: al autoritarismo sin derechos humanos de Uribe, miedo al chavismo de Petro, miedo al santismo de De la Calle, miedo al clientelismo de Vargas Lleras, miedo a la nada de Fajardo.

Por eso, es un programa de misterio y horror. Este 'reality'-concurso-'talkshow'-cuentachistes anda muy bien y divierte. Cada actor juega poniendo su mejor insulto para no ser sacado de la casa-estudio llamada Colombia. Y seguiremos divertidos, lástima que la democracia debería ser otra cosa.

Pero no es mal de Colombia: Mr. Trump derrotó desde la vida real a Frank Underwood de 'House of Cards', y es que si Trump fuera una serie de televisión sería muy buena, la desgracia es que es un presidente real que gobierna en modo 'reality'.

Macri gobierna en Argentina como si estuviera en un set televisivo, en Perú juegan a tumbar presidentes, en México el galán de telenovela no se entera de la realidad, en Guatemala manda un cómico cuentachistes, en Venezuela domina el terror… y así la democracia se convirtió en el reino de los ineptos pero con buen uso dramático de la televisión.

No es culpa de la televisión que ofrezca el modelo narrativo más eficiente para la política: melodrama, épica, suspenso, humor…. y ascenso social. El asunto es que la política se quedó sin razones para la democracia y por eso triunfa la tele.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión
orincon61@hotmail.com

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