La actriz venezolana Isabella Santiago actúa en ‘Nadie me quita lo bailado’.y habló de su vida - Cine y Tv - Cultura - ELTIEMPO.COM
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‘Quiero más oportunidades, hacer un papel de mujer’: Isabella Santiago

La actriz venezolana de 26 años interpretó a una transgénero en ‘Nadie me quita lo bailado’.

Isabelle Santiago, actriz venezolana.

Isabelle Santiago, actriz venezolana.

Foto:

Cortesía Isabella Santiago

Por: CULTURA Y ENTRETENIMIENTO 
22 de julio 2018 , 12:56 a.m.

A menos que sean series estadounidenses como Pose, que tiene en su elenco a más de 50 transexuales, no es fácil ver personajes de la comunidad LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgeneristas e intersexuales) en producciones de televisión.

En Colombia, el primero llegó con la telenovela Los Reyes, en la que Endry Cardeño representó a Laisa, la hermana trasnsgénero del protagonista.

El caso más reciente es la serie Nadie me quita lo bailao, que se estrenó en RCN el 7 de mayo de este año, y que cuenta la historia de Mónica o Juan Tróchez. Fue interpretado en su edad adulta por Isabella Santiago, una venezolana de 26 años transgénero. El personaje, cuenta Santiago, tiene parecido con su historia personal, “y es una buena oportunidad para que la gente conozca casos reales y complejos de una comunidad”.

Santiago recuerda el día, cuando siendo Kreiban Carballo Santiago, su nombre de pila, llegó al colegio y vio a un niño que le llamó la atención, el punto de quiebre para empezar a preguntarse sobre su identidad.

La fama de esta mujer trans nació en el 2014, cuando ganó el concurso Miss International Queen, que se realizó en Tailandia. El triunfo lo obtuvo luego de trabajar muy duro durante tres años para poder pagar los pasajes y lo que le exigía estar en este concurso de belleza.

¿Qué deja un personaje como Mónica?
Un gran sentido de lucha. Desde niño, Juan Tróchez o Mónica fue rechazado por su padre, y pese al apoyo de su madre, dejó a su familia para que no sufriera, cumplió sus sueños y salió adelante por sí misma. Pero lo más importante es que la televisión muestre este tipo de historias, la diversidad, y la gente se sienta identificada, no es común, al menos en nuestra cultura, ver estos casos tan reales y complejos.

¿Qué piensa de la mala información que hay sobre la comunidad LGBTI?
A raíz del personaje muchas personas me han enviado mensajes felicitándome porque representé bien a una comunidad y se sintieron identificadas con la historia. Es que fue una ventanita, una forma de educación para una sociedad que desconoce del tema.

Lo más importante es que la televisión muestre este tipo de historias, la diversidad, y la gente se sienta identificada, no es común ver estos casos tan reales y complejos. 

Por supuesto, a usted le tocó vivir toda esa desinformación que hay...
Claro, fue muy duro. Cuando a los cinco años, llegando al colegio, vi a un niño que me gustó y le escribí una carta como Kreiban Carballo Santiago, no contaba con que el papel se iba a caer al piso y la profesora lo recogiera. Me mandaron a dirección, llamaron a mi mamá y le dijeron que había algo raro en mí. Desde ese momento estuve integrado a una sección que se llama en Venezuela pedagogía o algo así, a la que van ciertos alumnos a reuniones dos veces a la semana.

¿Qué pasó con su familia?
Yo vengo de una familia evangélica conformada por mi mamá, mi padrastro y mis dos hermanas, y fue muy difícil. Se supone que yo era un niño al que debían gustarle las niñas y eso no pasaba, y a eso súmale que las maestras llamaban a mi mamá a decirle que yo tenía algo raro porque no daba puños ni me la pasaba brincando y corriendo como los otros niños, sino que era tranquila y andaba con las niñas.

¿Y a usted cómo le parecía?
Yo me cuestionaba muchas cosas, pero no entendía muy bien. Además, la gente decía que yo tenía una enfermedad. Fue muy difícil esa infancia reprimida, y además yo no quería que mi mamá sufriera por eso, porque para ella, las personas transgénero eran de la calle, drogadictas.

¿Qué pasó después?
A los 17 años me fui de la casa con la intención de lograr que todo ese imaginario que mi mamá tenía sobre los transgéneristas se borrara a través de mí, de lo que yo hiciera, porque ella siempre me decía que lo que oía era que nos mataban en la calle o que nos matábamos entre nosotras. Mi intención era que mi historia fuera positiva y borrarle ese imaginario.

Fue muy difícil esa infancia reprimida, y además yo no quería que mi mamá sufriera por eso, porque para ella, las personas transgénero eran de la calle, drogadictas.

¿Lo logró?
Claro, hoy en día mi mamá es mi amiga.

¿De qué vivió?
Bueno, yo seguí estudiando y a la vez trabajaba en salones de belleza de amigos. Seguía recibiendo todo ese matoneo en el colegio, con decirte que dos veces me dejé crecer el pelo y las mismas me lo cortaron y no paraban de gritarme ‘mujercita’ y ‘maricón’. Entonces, también me fui del liceo, que nunca me ayudó en nada.
Decidí que no podía seguir siendo infeliz y empecé a buscar la forma de cambiarme a mujer, fueron varios momentos mientras reunía el dinero. Mi cambio gustó en la comunidad, pues me llegaban muchas ofertas para modelar en el mundo gay.

En el 2014 gana el concurso Miss International Queen.
Gracias a Gabriel Betancur, un amigo que siempre ha estado ahí, pude lograr ir al reinado. Siempre me vi con la corona, siempre supe que iba a cumplir ese sueño.

¿Qué le dio ese reinado?
Yo ya había vivido en España y en Holanda con un novio, pero este concurso me llevó a muchos otros países y me dio aceptación. También me motivó porque una cosa es lo que la sociedad dice y otra lo que uno anhela y sueña.

Ahora que vive en Colombia, ¿qué viene para usted?
Yo quiero que me den más oportunidades de mostrar mi talento como actriz, porque puedo representar cualquier personaje, y quiero hacer de una mujer. Igual, prepararme más para demostrar que somos una comunidad trabajadora que tiene mucho que aportarle a la sociedad y de paso, ayudar a educar sobre este aspecto. En septiembre estará en la obra teatral La sangre rota, de La Maldita Vanidad.

¿Ya logró cambiar su nombre de su pasaporte?
No, pero ya no importa, Cuando quise hacerlo me di cuenta de que era un tema muy complejo en Venezuela, que cambian el nombre pero no el género y para hacerlo el proceso era muy largo. Y ahora pienso que ese fue el nombre mi mamá me puso al nacer y está bien. Es más, lo tomo de forma positiva, como cuando estoy en un lugar público y me llaman por el micrófono y soy la que atiendo. Se vuelve atractivo eso de que la gente quede como en shock, aunque de verdad no he sentido nunca rechazo.

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